Hora de las Naciones Unidas

El discurso que el jueves de esta semana pronunció el presidente George W. Bush ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, puso la pelota en la cancha de ese organismo mundial. Durante meses, la administración Bush ha sido criticada dentro y fuera de los Estados Unidos de estar actuando aisladamente en relación con el problema de la dictadura de Saddam Hussein en Iraq. Pero esta línea de argumento a partir del jueves pasado cesó de tener validez.

El presidente estadounidense —al igual que lo hiciera su padre 12 años atrás— con argumentos convincentes trató de persuadir al plenario de la ONU de que el peligro que representa el régimen de Saddam Hussein para la paz mundial, requiere que su organismo de seguridad tome medidas inmediatas y efectivas, ya que, de lo contrario, estaría fallando en el cumplimiento del propósito para el cual fue creado.

El problema, como se sabe, es que Iraq es gobernado por un dictador que cuenta con un enorme arsenal de armas químicas y biológicas, y que puede estar a punto de contar con armas nucleares. Hace casi cuatro años, los inspectores de armamentos que las Naciones Unidas habían puesto en ese país, fueron interrumpidos en sus labores y obligados a salir de Iraq. Uno de los argumentos de Bush para actuar con energía y decisión es que si cuando ellos aún estaban dentro de Iraq, Hussein continuaba con el programa de desarrollo de armas nucleares, no hay razón alguna para creer que lo haya abandonado después de la salida de los inspectores.

Le corresponde entonces ahora al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tomar resoluciones concretas que vayan mucho más allá de sólo lamentarse del incumplimiento por parte de Iraq de las condiciones que se le impusieron después de que una fuerza aliada —que contaba con el visto bueno de las Naciones Unidas— lo derrotó y expulsó de Kuwait en 1991.

El diario The Washington Post señaló en su opinión editorial de ayer que hay no menos de 10 resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que contienen frases como “condenamos a Iraq por las serias violaciones” al derecho internacional, o demandamos un acceso “inmediato, incondicional e irrestricto” de los inspectores de armamentos, y que todas ellas han sido totalmente ignoradas por el régimen iraquí. En consecuencia, sugiere el diario washingtoniano, esta vez la resolución debe fijar una fecha específica para su cumplimiento y autorizar el uso de la fuerza en caso de incumplimiento. Suena completamente razonable.

Por su parte, el secretario general de las Naciones Unidas, Koffi Anan, ha dicho que si bien es cierto que los Estados Unidos tiene la capacidad para resolver por sí solo situaciones que amenazan la seguridad internacional, “no hay substituto para la legitimidad única provista por las Naciones Unidas”. Pues ahí está. Estados Unidos está dispuesto, por lo visto, a esperar a que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas cumpla con sus obligaciones, pero al mismo tiempo ha dejado muy en claro su disposición de actuar unilateralmente en caso de que el organismo mundial falle. Y por esa disposición de actuar solo, si es necesario, es que Estados Unidos suele ser duramente criticado. Lo que muchos no acaban de comprender es que si rehusara a eso y tuviera que esperar el “consenso” del mundo, muy rápidamente dejaría de ser el país que es, y lo que es peor, faltaría a la responsabilidad de defender la democracia de maniáticos como Bin Laden o Saddam Hussein.

El secretario (ministro) de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, dijo hace dos semanas que “es menos importante tener unanimidad que tomar la decisión apropiada y hacer lo correcto”. Y agregó: “Aunque al principio puede parecer solitario, el liderazgo en la dirección correcta encuentra apoyo y seguidores”. Pareciera que con el discurso del presidente Bush se está logrando eso, ya que varios líderes europeos han empezado a inclinarse más a la posibilidad de resolver como es debido el problema planteado por Saddam Hussein. Hay que esperar entonces que la ONU comprenda que tiene una gran responsabilidad en la preservación de la seguridad del mundo y que debe cumplir con su deber.  

Editorial
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