León Núñez
El licenciado William Báez Sacasa, en su calidad de Embajador en Misión Especial, presidió la delegación oficial que en nombre del Gobierno de Nicaragua asistió el pasado mes de agosto a la ceremonia de la toma de posesión de la Presidencia de la República de Bolivia por el señor Gonzalo Sánchez de Lozada.
En vista de que don William es muy querido en Acoyapa —todos los nicaragüenses de apellido Báez tienen ascendientes acoyapinos— le informé a varios miembros del imaginismo político de mi pueblo de la novedosa distinción de que había sido objeto el licenciado Báez Sacasa, y les dije que la distinción era novedosa porque en la historia de Nicaragua nunca se había visto que el “jefe de la Lotería” presidiera una delegación de esta naturaleza.
Les manifesté también que el viaje a Bolivia del “zar de la suerte” debía interpretarse como una señal evidente del “nuevo sello” que don Norman Caldera quería imprimirle a nuestra diplomacia criolla: una diplomacia capaz de vender buenas ideas sobre futuras inversiones en Nicaragua, así como una diplomacia capaz de abrir nuevos mercados a nuestros productos de exportación.
Uno de los imaginistas políticos de Acoyapa me dijo que no creía que don Norman le hubiera recomendado a don William que durante su misión diplomática buscara en Bolivia a alguien que quisiera invertir en Nicaragua, así como tampoco creía que el señor Canciller lo haya mandado a buscar bolivianos interesados en comprar, por ejemplo, parte de nuestra producción de café; que él se imaginaba que al licenciado Báez Sacasa, a la par de su misión especial, se le había encomendado la apertura en Bolivia de un nuevo mercado, pero para vender nuestros billetes de lotería.
Precisamente la imaginación de este nuevo mercado ha hecho que mi paisano se haya estado imaginando a don William en las recepciones diplomáticas y en las fiestas oficiales de traspaso de poderes en La Paz, cargando un buen fajo de billetes de lotería, y garantizando a los posibles compradores la transparencia de nuestros sorteos y dando al mismo tiempo la seguridad de que definitivamente ya habían pasado los tiempones cuando Tachito y Arnoldín eran los que escogían de vez en cuando al “suertero” que se iba a sacar la lotería.
Otro de los imaginistas políticos acoyapinos, presente en la conversación que sobre este tema se desarrollaba en la tarde del pasado sábado en el atrio de la iglesia de Acoyapa, no estuvo de acuerdo con la teoría de la diplomacia de la suerte, es decir, con la teoría mercadotécnica de la exportación de billetes de lotería, lo cual no significa —me dijo— que él creyera que la misión de don William hubiera tenido exclusivamente una finalidad turística. Si así hubiera sido, don Norman, para evitar gastos innecesarios, no lo hubiera enviado, y en su lugar hubiera mandado a La Paz, en bus, de Embajador en Misión Especial, a nuestro cónsul en Quito.
Prosiguió diciendo mi coterráneo que él se imaginaba que don William anduvo en Bolivia en una doble misión: en una misión de turismo diplomático —la toma de posesión— y en una misión secreta: realizar gestiones ante el nuevo gobierno boliviano para conseguir asilo político para Arnoldo Alemán, aunque mi paisano admitió, no obstante su desbordante imaginación, que todavía no se podía imaginar el resultado de tales gestiones, en primer lugar, porque don William es una tumba, un hombre discreto que no revela ningún dato de donde uno pueda imaginarse algo, y en segundo lugar, porque al fin y al cabo todavía no se sabe si don Arnoldo va a comparecer ante los tribunales de justicia o si se va a ir a vivir al extranjero.
A pesar de las discrepancias apuntadas, los dos imaginistas políticos de Acoyapa estuvieron de acuerdo en imaginarse un hecho importante: que Nicaragua fue distinguida en Bolivia en la persona de nuestro Embajador en Misión Especial, distinción imaginativamente posible por los numerosos amigos influyentes que tiene don William en ese país.
Esto explica que los dos imaginistas políticos acoyapinos se imaginaran a don William siendo recibido en el aeropuerto de La Paz, en la pista de aterrizaje, por Gonzalo Sánchez de Lozada y el presidente saliente junto con los nuevos ministros, los miembros de los demás poderes del Estado y el cuerpo diplomático en pleno, a quienes seguramente don William les lanzó una arenga desde la escalera del avión.
Yo deseo que el viaje de don William haya dado a Nicaragua muchos beneficios, y quiero aprovechar esta oportunidad periodística para hacer este deseo extensivo al viaje que el doctor José Rizo Castellón realizó a Sudáfrica presidiendo, según La Gaceta, una delegación que compuesta por 18 personas participó en la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible.
Los imaginistas políticos de Acoyapa se imaginan que don José además de haber vendido una buena cantidad de oxígeno, ha de haber auscultado las posibilidades de asilo político para don Arnoldo en la ciudad de Johannesburgo, ciudad de la que don José viene encantado, y en donde considera que el doctor Alemán debe fijar en forma definitiva su residencia permanente.
El autor es escritor, miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.