Freddy Potoy [email protected]
Hoy, este espacio es para un compañero de trabajo, un muchacho que Dios nos prestó por 20 años para aprender algo de él. Wilmer cumplió con su misión encomendada en esta vida.
Uno a veces cree que no puede aprender de un niño, de un adolescente o de un muchacho como Wilmer Mercado, y pensar así es un error.
Durante el tiempo que conocí a Wilmer en LA PRENSA, demostró ser una gran persona, muy humilde y con el temple suficiente para enfrentarse a la vida.
Sus fotografías eran de calidad, era creativo, su disponibilidad al trabajo era indiscutible, su deseo de superación, el sacrificio personal que hacía por estudiar y trabajar, y la sed que tenía por la fuente del conocimiento y llegar a ser alguien importante en la vida, no los podía ocultar en algunas conversaciones que sostuvo conmigo.
En una de esas tantas noches que Wilmer se quedó al cierre de la edición en LA PRENSA conmigo, mientras esperábamos que se terminaran de hacer las últimas correcciones del periódico, conversábamos sobre los distintos géneros periodísticos. Él me comentaba cómo se los impartían teóricamente en la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Centroamericana (UCA) y cómo él observaba muchas variantes en la práctica misma del periodismo moderno.
Esa noche le dije que tenía que trabajar duro y estudiar mucho si quería pelear un espacio en este difícil mundo. Él, sonriente, me contestó: “Yo sé, mire, por eso es que yo me esfuerzo y le pregunto cómo ve mi trabajo porque quiero mejorar en todo…”
Le reiteré que ganarse un espacio requiere de mucho sacrificio personal, que implica sacrificar fines de semana, días como los de Semana Santa, Navidad, sacrificar a su familia, estar dispuesto a trabajar 15 ó 20 horas diarias, o días enteros, si es posible, etc. Él sonreía, y en algún momento pensé que mis comentarios estaban de más porque Wilmer hacía varias de estas cosas.
Wilmer, a su corta edad, aprendió a trabajar bajo fuerte presión cuando la adrenalina a uno se le sube y exige más de la cuenta en poco tiempo y en condiciones adversas para quienes tienen que cumplir esa misión.
A veces le pedía que un rollo fuera revelado en segundos o en algunos minutos porque estábamos contra el tiempo, cuando lo normal es esperar unos 15 minutos para que la foto estuviera lista. Wilmer, siempre con mucho respeto y a la vez lleno de eficiencia y profesionalismo me respondía: “No se preocupe, falta poco”.
Wilmer siempre estaba disponible para la misión que fuera, era muy respetuoso y cumplido. También tenía otra virtud: siempre pedía consejos y quería aprender.
Éstos son los momentos difíciles en que uno debe sobreponerse al dolor que se siente en lo más profundo del alma cuando se pierde a un ser querido. Personas buenas y con un futuro promisorio como Wilmer, es triste verlas partir a la eternidad, pero Dios sabe lo que hace.
Heriberto, vos y tu esposa deben estar orgullosos del hijo que tuvieron.