Julio Ignacio [email protected]
El liberalismo es la declaración de los Derechos Humanos, libertad, y justicia, pero en Nicaragua, paradójicamente, ha servido como instrumento de dictaduras y abusos de poder, y los oportunistas han querido convertir a los liberales en testaferros contra sus propios intereses. Los liberales celebramos con camisa roja y encendidos discursos (sin contenido practico) por una revolución que fue traicionada por el mismo José Santos Zelaya, el primero que mancilló los bellos principios de su propia Constitución: la Libérrima.
Uno de los principios cuya ausencia más problemas nos ha producido, la no reelección presidencial, fue consignado, en la manoseada Libérrima, en el artículo 96, que decía: “El período presidencial será de cuatro años, y el ciudadano que hubiese ejercido la Presidencia no podrá ser reelecto, para el siguiente período”. Pero fue Zelaya, quien lo eliminó en la primera oportunidad. De haberlo mantenido, mejorado y practicado con el ejemplo, para que el que fue presidente no lo pueda ser nunca más, hubiera sido el mejor legado liberal de Zelaya, pero se hizo dictador, y se reeligió cuantas veces pudo, contra todos los principios liberales, hasta caer derrocado y salir huyendo, como parece ser el destino de los presidentes liberales, que terminan en medio de conflictos políticos, como los Somoza, y también Moncada, porque a éste, si lo dejan, se reelige.
Zelaya desvirtuó los principios liberales establecidos en la Libérrima, llenó las cárceles de prisioneros políticos, y terminó acomodando la Constitución a sus ambiciones, destruyendo lo que él mismo había hecho. Zelaya llevó el liberalismo al poder, pero él mismo fue, poco a poco, corrompiéndolo y deformándolo, al punto que liberales íntegros, como José Madriz, lo denunciaron por tirano y por corrupto, por las concesiones de tierras a sus paniaguados, de las que se benefició, y por los dólares que obligaba a pagarle a las empresas mineras de las Costa Atlántica.
Para quienes queremos rescatar el liberalismo, que es el mismo que inspiró la declaración de los derechos del hombre, del secuestro a que lo tiene sometido la corrupta pandilla arnoldista, usurpadores de una hermosa doctrina, como es la liberal, nos deben servir de inspiración los pensamientos de Madriz, que en su época se sacrificó para rescatarlo, de la misma forma como lo hizo a su debido tiempo Ramiro Sacasa, y como lo hace ahora José Rizo Castellón.
José Madriz —representante del liberal demócrata y patriótico, a quien debemos imitar— en San Salvador, exiliado, huyendo de Zelaya, en noviembre de 1903, escribió: “Los verdaderos liberales de Nicaragua, los que hemos sabido luchar por la causa del derecho, no podemos aceptar, y lo repetiremos, (no podemos aceptar), que el liberalismo sea, tal como Zelaya lo practica; ni queremos ser cómplices con nuestro silencio, de los abusos que nos deshonran cada día, pues nuestro liberalismo es otro, y aspiramos a establecer en Nicaragua, un gobierno de leyes, y de justa reparación de las ofensas que han inferido al Derecho, los que lo ultrajan y escarnecen”.
El 11 de julio más que todo deberíamos celebrar, no a Zelaya, sino los principios de la Libérrima, primera Constitución liberal. Hay que predicar y practicar el liberalismo y los buenos ejemplos, pero rechazar los malos modelos de Zelaya y de usurpadores como Arnoldo Alemán, que usan al liberalismo como su cancerbero ideológico.
El autor es jurista.