Fidel Castro hizo aprobar esta semana una reforma constitucional que proclama la inmutabilidad del régimen comunista que impera en Cuba, y por lo tanto prohíbe que sea sustituido o cambiado de cualquier manera. Dicha disposición fue aprobada por la Asamblea Nacional cubana a solicitud de 8.1 millones de firmas —que representan un 99.5 por ciento de la población electoral de Cuba— recolectadas por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y otros “organismos de masas”.
Esa es la respuesta de Fidel Castro —cuyo régimen considera a todos los disidentes del comunismo como contrarrevolucionarios, traidores y delincuentes financiados por el gobierno de Estados Unidos— a la demanda que el 10 de mayo pasado más de once mil ciudadanos cubanos presentaron ante el Parlamento de Cuba, solicitando un referéndum para que de manera libre el pueblo pueda determinar si quiere o no que haya cambios en el sistema comunista, y si está de acuerdo con la convocatoria a elecciones libres observadas internacionalmente. Y de esa manera el dictador comunista de Cuba cerró toda posibilidad de que haya un cambio democrático gradual, como lo pidió hace poco el presidente George Bush y lo han demandado numerosos gobiernos, organizaciones y personas de todo el mundo que además han abogado por el cese del embargo estadounidense.
La proclamación de la eternidad del sistema comunista pareciera una locura de Fidel Castro. Pero la verdad es que todos los déspotas absolutistas y totalitarios de la historia tuvieron esa misma pretensión de que el régimen que ellos impusieron y condujeron con mano de hierro no terminara jamás. Hitler se jactaba de que el Tercer Reich alemán iba a durar al menos mil años, y hasta Daniel Ortega proclamó el 18 de enero de 1987, en un exaltado discurso que pronunció en Ciudad Darío durante la celebración del natalicio dariano, que el régimen sandinista imperaría en Nicaragua durante los siguientes mil años.
La verdad es que desde que el comunismo se estableció en Rusia, en 1917, después en varios países de Europa Oriental y de Asia, y finalmente en Cuba en 1959, sus dirigentes lo proclamaron como un régimen perfecto, insustituible y eterno. Inclusive, en Corea del Norte el comunismo fue consagrado constitucionalmente como una monarquía hereditaria, de manera que al “gran líder” Kim Il Sung lo sustituyó obligatoriamente en el poder el actual déspota de ese desdichado país, Kim Zong Il. Y en Cuba, antes de la proclamación esta semana de la eternidad del comunismo, Fidel Castro había dispuesto que cuando se muera lo debe suceder su hermano Raúl.
La descabellada pretensión de eternidad del régimen comunista se basa en supuestos principios “científicos” de la llamada doctrina marxista-leninista de la historia (o sea el materialismo histórico), según la cual, la sociedad humana se desarrolla de manera predeterminada e inexorable por medio de sustituciones violentas de una formación económico-social por otra más avanzada, y los cambios son impulsados por la lucha de clases y las revoluciones, a las que Carlos Marx llamó “las locomotoras de la historia”. Según la doctrina marxista-leninista, la primera formación económica y social que hubo en el mundo fue la sociedad comunista primitiva; ésta fue sustituida por el esclavismo; siguió el feudalismo; después vino el capitalismo en sus dos etapas (libre competencia y monopolismo); y finalmente, por fuerza tiene que establecerse el comunismo, cuya primera fase es la sociedad socialista construida por la dictadura del proletariado. Con la particularidad de que como en el comunismo ya no habría clases sociales, ni propiedad privada, ni explotación del hombre por el hombre, sería la última fase del desarrollo social y entonces se terminaría la historia y la gente tendría que vivir en el comunismo eternamente, o mientras haya vida en la Tierra.
Pero la misma historia se ha encargado de refutar esa doctrina demencial y sin duda que el comunismo caerá también en Cuba, porque es un sistema que aplasta la libertad individual y contradice la misma naturaleza humana. Sólo es cuestión de tiempo. Y lo más probable es que el régimen comunista de Cuba no sobreviva a su envejecido máximo líder, Fidel Castro Ruz.