Hugo Sergio Torres Cruz
La evolución democrática, demanda nuevos modelos de autoridad; no basta por sí solo el poder de hecho o de derecho que da la cinta presidencial para movilizar a sus conciudadanos; no basta el abrumador 14% de ventaja obtenido en la reciente contienda electoral sobre el segundo lugar —el primer perdedor. Eso es feliz pasado.
Para ello hace falta que el nuevo gobernante demuestre sus medallas ganadas en tantos años de lucha por la democracia y la libre empresa, ganándose la confianza y la adhesión de sus seguidores, dando un mensaje claro y contundente de lo que será su nuevo estilo de gobierno, haciendo valer el sagrado derecho de la mayoría, los que ya no queremos que en Nicaragua eternamente siga siendo el paraíso de los punitivos y que, los culpables de robos, crímenes y otras lacras pasen por el tamiz de las leyes y que realmente se haga justicia, para que pese más el amor que el odio, ya que es imposible un amor injusto.
Don Enrique Bolaños debe elegir la ética para fundar el consenso. Es lo que la gran mayoría de nicaragüenses esperamos de los nuevos funcionarios públicos, un cambio de actitud en su gestión.
Don Enrique es político por ocasión no por vocación. El destino y las circunstancias lo han llevado a ocupar la silla presidencial. Espero que sea un buen gobernante, que sea honesto. Un mal gobernante causa más daños al país que mil ladrones juntos. La historia así nos lo ha demostrado.
Para la política, el hombre es un medio; para la moral es un fin. Conciliar estas dos caras de una misma moneda, cuando se es gobernante, es una tarea harto difícil.
Don Enrique es el primer ciudadano de nuestra nación y todo lo que haga, diga o aparente, tiene un efecto multiplicador geométrico de magna repercusión.
Si no consigue el nuevo estilo de autoridad, no obtendrá más que una obediencia pasiva de la mayoría de los que le dimos nuestro voto.
Si lo consigue, el poder funcional de su gobierno generará la dinámica necesaria para lograr los cambios deseados en las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, algo que urgentemente demanda nuestra nación, transmitiendo nítidamente su eslogan de campaña, Sí se puede, es algo que ansiosamente esperamos la gran mayoría de sus conciudadanos, de igual manera los representantes de la comunidad internacional, ambos cansados de arreglos truculentos por debajo de la mesa.
Esta situación ha generado un espécimen político inescrupuloso, sin principios ético-morales. Piñateros, cañoneros, quiebra bancos, etc., etc., etc. Un feo animal político, una suerte de chupacabras mejorado, un transgénico, fruto de triple cruce. Un famoso taxónomo jinotegano, los clasificó, cómo, el Chupacabras, manada que ha trastocado nuestra visión del mundo y nuestros valores, convirtiendo nuestra visión de nación en una terrible pesadilla del futuro.
Es sabido que se cobijan bajo cualquier bandera política, sin ser daltónicos, su pelaje es multicolor, su lenguaje fluido y convincente, muchos de ellos de cuello blanco, tienen especial atracción por los dólares.
Alguien debe cazarlos, el más indicado es don Enrique, el pueblo le ha otorgado ese poder.
Sí se puede… Yo se lo pido a don Enrique lleno de entusiasmo y de valor. Nada grande ha sido logrado alguna vez sin el entusiasmo. El sentido de esta palabra entre los griegos corresponde a una noble definición: entusiasta significa: “Dios con nosotros”. Manos a la obra. Sí se puede, don Enrique.
El autor es ingeniero.