Campanas y campanillas

Luis Sánchez [email protected]

La campanilla de Loreto se convirtió en uno de los símbolos de la santa nicaragüense Sor María Romero, quien será canonizada el próximo domingo 14 de abril.

Sor María perteneció a la Congregación de Hijas de María Auxiliadora, fundada por San Juan Bosco, quien amaba el sonido alegre de las campanas y desde niño las usaba para interrumpir los juegos de sus compañeritos y llevarlos a la Iglesia, a orar. Y cuando Sor María visitó Loreto, la famosa ciudad italiana de peregrinación católica cuyo símbolo es una campanilla, hizo de ésta algo así como su emblema personal. (Por cierto que LA PRENSA distribuirá este fin de semana dichas campanillas).

Según la tradición, en la noche del 9 al 10 de diciembre de 1294 las campanas de la Iglesia de Loreto sonaron solas cuando pasó por el poblado la Santa Casa, es decir, la morada de María y José donde la Virgen recibió al Arcángel Gabriel de la Anunciación, que era trasladada por los cruzados desde Nazaret hasta Italia.

Soy coleccionista de campanillas —y por supuesto que poseo una campanilla de Sor María Romero—, pero a decir verdad no las colecciono por su significado religioso sino porque para mí simbolizan la libertad. Así lo entendí cuando visité, en 1985, la ciudad de Filadelfia, cuna de la libertad de los pueblos de Estados Unidos de Norteamérica. Allí, en Independence Hall, admiré la famosa Campana de la Libertad que con su jubiloso tañido anunció la Independencia de Estados Unidos, el 4 de julio de 1776.

Pero lo cierto es que las campanas siempre han tenido una significación religiosa. Fueron inventadas por los antiguos egipcios, que las usaban en las fiestas de Osiris, el dios del sol nocturno y señor del mundo de los muertos. En la mitología griega la campana era el símbolo de Príapo, dios de los rebaños y de la fecundidad de la tierra, pero también las utilizaban en ceremonias fúnebres, como atributo del dios Baco. Y los romanos usaban las campanas en las procesiones de casi todos sus dioses.

El catolicismo hizo del sonido de la campana la llamada característica a los fieles, para que acudan a la Iglesia, a la oración. En la simbología católica la campana es el instrumento más sonoro y expresivo de la alabanza a Dios. Por eso, durante la Edad Media se le consideraba como símbolo de los predicadores del Evangelio.

Los cristianos usaron la campana hasta en el siglo 13 (precisamente cuando ocurrió el tañido milagroso de las campanas de Loreto). Antes, las catedrales, que se comenzaron a construir después del Concilio de Nicea (año 325 después de Cristo), y las iglesias en general, no tenían campanarios. Éstos fueron construidos mucho tiempo después, como torres anexas a los templos, cuando poco a poco las campanas fueron utilizadas para convocar a los fieles y acompañar algunas ceremonias religiosas.

En realidad, durante los primeros tiempos del cristianismo, las ceremonias religiosas eran acompañadas con el sonido de matracas y del palmeo de las manos, como suelen hacer ahora los católicos carismáticos y los cristianos evangélicos.

Según Joan Corominas, la palabra campana se deriva del vocablo del latín tardío, campania, y fue adoptada por el idioma castellano en el año 515 como abreviación de vasa campania, o sea recipiente de Campania, la región italiana de la cual procedía el bronce de mejor calidad con el que se construía dicho instrumento religioso y libertario.  

Editorial
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