Pandora Martínez Ruiz
En una carta abierta al Congreso del FSLN, el conocido y prestigiado sociólogo Orlando Núñez Soto aborda la democracia en la casa y habla de establecer relaciones de equidad entre hombres y mujeres, de desterrar las viejas relaciones patriarcales, de que hombres y mujeres reproducimos valores de dominación en el hogar. Son razonables estos señalamientos si en verdad queremos transformar el mundo. Es decir tenemos que partir de nuestro mundo familiar para fomentar y forjar una sociedad más justa. Y el punto de partida debe ser una transformación a lo interno de cada persona.
Deja en mí muchas dudas el documento de Núñez cuando no menciona las cuestiones ético-morales que son y seguirán siendo el talón de Aquiles de todos los partidos políticos de Nicaragua. No obstante, Núñez señala ligeramente el aspecto de la imagen personal de los dirigentes ante el pueblo nicaragüense: “Podemos criticar a los dirigentes del Frente Sandinista, pero no pretendamos ganarnos o construir nuestra propia imagen a costa de los señalamientos del otro, pues no hay prédica más eficiente que la de la propia ejemplaridad”. ¡Por favor! Entonces cuál es el propósito de tanta retórica en los congresos sobre los “nuevos valores”.
También señala que “las reformas morales o culturales, son mucho más largas que las revoluciones políticas pero igualmente necesarias para emprender las transformaciones sociales y económicas”. A mi entender las reformas morales las hacen los individuos. Entonces, en ¿qué quedamos? ¿se abordan las cuestiones éticos-morales de fondo o no?
El problema es que a lo interno del partido sandinista veo esos cambios muy distantes, precisamente por la mezquindad personal de algunos “líderes” que lamentablemente tienen hegemonía, y cuentan con una mayoría masculina, que no permiten esos cambios. ¿Y el caso de Zoilamérica Narváez? ¿Por qué no fue parte de la agenda del congreso?.¿No es acaso un asunto ético-moral? Todos los nicaragüenses y el mundo saben que esto fue encubierto por un pacto entre sandinistas y liberales, encabezados por Daniel Ortega y el ex presidente Arnoldo Alemán. Y a vox populi se supo el show de Ortega al presentarse a los juzgados desprovisto de su inmunidad cuando la causa ya había prescrito. ¿Y el enriquecimiento ilícito o formación de los “nuevos ricos”, cuando después de la derrota electoral del FSLN en 1990, gran parte de los beneficiarios de la célebre “piñata” se dedicaron a consolidar sus empresas personales en vez de hacer un replanteamiento inmediato? ¡Todo es demagogia!
Núñez señala que “no ha surtido ningún efecto el cambio de discursos”, maquillados de democracia política cuando a lo interno del partido predomina la elite ortodoxa y en consecuencia su aplanadora. Otro ejemplo fehaciente es el atropello de los derechos de la mujer en las elecciones pasadas. Cuando la reconocida periodista Ada Luz Monterrey fue desplazada de la lista de diputados para incluir a Tomás Borge. ¡Todo es demagogia! ¡Por eso es que no se tocaron los aspectos vitales de lo ético-moral!
Mientras el FSLN no logre su renovación, empezando no por una simple sustitución de “rostros”, por cierto ya desgastados, sino por una verdadera democracia política a lo interno de su partido quedará en una hermosa retórica, reflexiones tan interesantes como la del sociólogo Núñez.
Uno de los pilares fundamentales del partido debe ser la ética. Para nadie es un secreto que la corrupción es un tema de agenda vigente en la sociedad nicaragüense en su conjunto.
Creo válido señalar que en el reciente congreso del FSLN no sólo predominó la tradicional “aplanadora” de la “ortodoxia”, que imprime “impotencia” en muchos ciudadanas/os que un día depositamos el voto de confianza en el proyecto de la revolución, encabezados por un bloque de hombres “endiosados”, sino también la forma como se quiere mostrar un “nuevo rostro” sin abordar con profundidad temas torales de la moral y la ética, que al parecer todos los congresistas están “inhibidos” de abordar.
La revolución, como lo señala Núñez, fue un fenómeno político-social que en su momento histórico involucró en distintas formas a toda la sociedad nicaragüense. Es decir, jóvenes, mujeres, hombres, ancianos, todo ese tejido social que conforma nuestro país. La cuestión ético-moral fue un aspecto no abordado en la carta de Núñez quizás por fobia o porque no forma parte de las prioridades para la modernización del FSLN. Pero esto es lo que marca la verdadera renovación en el partido sandinista tan señalado nacional e internacionalmente por los “errores personales”, como tímidamente los mal llama Núñez, y que no pueden ser “olvidados” so pretexto de errores humanos que a la postre son justificados por adláteres de los hombres endiosados. ¡Qué triste!
La autora es ecóloga.