¡Sí se puede!, con buena voluntad, firmeza y disciplina

Isidro Urtecho Marín

Antes de iniciar este escrito mi hija María Auxiliadora me sugería que escribiera con optimismo y esperanza, me decía hoy estamos en buenas manos. Tiene sobrada razón, lo más importante es apoyar y confiar en nuestro gobernante actual que sí reúne los principios fundamentales de un ciudadano con cualidades admirables, por eso los nicaragüenses depositamos un voto histórico y masivo, pocas veces visto en nuestra Patria.

Hoy los nicaragüenses debemos ir creando nuevas expectativas, debemos ir formando una cultura de paz, educándonos en la tolerancia y en el respeto de las ideas y valorar el don de la paz que tanto necesitamos, hay que recuperar los valores perdidos en esta sociedad que vivimos, hay que desechar la tentación a la idolatría, al dinero, al deseo de perpetuarse en el poder, hay que luchar contra toda tentación que afecte el honor y establecer un verdadero respeto a los intereses de la Patria. Estoy seguro que sí se puede.

He estado observando las críticas prematuras al gobierno de don Enrique, que aún no llega a los tres meses. Sí he visto con mucho agrado las denuncias de malos manejos y la actitud de reprensión tomada por nuestro gobernante. Todos los nicaragüenses debemos ayudar a custodiar los fondos públicos y debemos denunciar estos malos manejos con mucho cuidado de no caer en malas intenciones de dañar a personas, porque el compromiso de don Enrique es que sí se puede juntos, por eso hay que arremangarse las mangas.

El señor Bolaños en su mensaje a la nación el día de la toma de posesión al mandato presidencial, ya sin el ropaje político, actitud que debe tomar todo miembro o funcionario de los poderes del Estado, “mi mayor deseo es ser el mejor presidente de Nicaragua”, expresión que impacta y que yo confío que sí se puede.

Y viene a mi memoria, el ejemplar y gran presidente de Norte América, Abraham Lincoln, admirable estadista, que fue el hombre más rico de América, porque se entregó enteramente a su país. Jamás codició ni dinero, ni ambicionó la perpetuidad del poder, el señor Lincoln vive en la historia porque pensó más en su Patria que en el lucro personal. Cito a este gran presidente mártir, como un modelo y ejemplo en el mundo de las naciones.

Don Enrique en estos momentos de su vida tiene la gran oportunidad de convertirse en ese gran estadista que necesitamos los nicaragüenses, recuperando la dignidad nacional y la estabilidad constitucional ejerciendo verdaderamente los derechos constitucionales, para que se practique ya de una vez por todas el Estado de Derecho que hemos venido pregonando tanto en estos últimos años para que se castigue con el poder que establecen nuestras leyes a los corruptos que han abusado del erario. La historia nos dice que muchos políticos fracasaron ideológicamente por haber buscado su felicidad en el poder y el dinero. ¡Y éste es el gran reto de don Enrique, que todos los nicaragüenses esperamos que sí se puede!

El señor presidente besó la Santa Biblia que estaba en manos de su esposa, doña Lila T., y yo asumí este gesto como un juramento ante Dios y su pueblo, para cumplir fielmente el sagrado derecho de gobernar a su Patria. Nuestro presidente puede ser el labrador de sembrar la buena semilla en tierra buena, para levantar una excelente cosecha al final de su jornada presidencial, de esta forma sería posible convertir su sueño en una realidad, entregándole a su pueblo una nación transformada con hombres de convicciones y de honor, por eso su juramento lo compromete a trabajar con empeño para ennoblecer y mejorar la vida de los nicaragüenses. Señor presidente sí se puede.

El autor es escritor  

Editorial
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