Ruth Cuadra de Fuente
Sor María amaba a los pobres, su ilusión era llevar a Jesús a los pobres y pecadores.
Cuando estaba muy niña, su mamá hacía el nacimiento, como era la costumbre de aquellos tiempos de hacerlo en la mayoría de las casas. Ella no se contentaba con mirar sino que recogía las basuritas que hallaba y las iba a poner como adorno al Niño Dios. Doña Anita preguntó que porque siempre había basuras en el nacimiento hasta que se dieron cuenta que era la pequeña María. Sor María al referirse a este hecho agregaba: “Esto me lo contaba mi mamá, pero yo reconozco en esa actitud mía, el preludio de una misión: Jesús quiere que yo le lleve lo que el mundo juzga como basura: los pobres y pecadores”.
Cuando faltaba ropa, víveres o algún juguete ya se sabía que era ella la que lo cogía para ayudar a los pobres que encontraba. Su mamá le decía: está bien que ayudes pero no des tu ropa nueva, pero ella contestaba: “no debemos de dar a los pobres lo que sobra sino darles lo mejor”.
Ya mayor mantuvo esta convicción “Hay que dar felicidad a los pobres” repetía. “No sólo dar el pan, sino saciar su hambre y ayudarle en todas sus necesidades, que son muchas”.
Un día Sor María estaba sentada en la capilla orando y, pensaba en los pobres. Las bienhechoras, personas caritativas que con su dinero y su amor a Cristo ayudaban a las obras de Sor María, una de ellas era visitar a los enfermos que llegaban al dispensario y le comentaban a Sor María: “Volvemos enfermas por el dolor que nos produce ver el espectáculo de extrema pobreza, o, mejor de miseria en que viven aquellas familias: no hay sillas, no hay una cama, ni un plato para comer”… Después de mucho orar… La luz:—Formar una Asociación de señores y señoras con dinero denominada “Asayne”, “Asociación ayuda a necesitados, para socorrer a los sin techo”.
Porque sólo con la ayuda de las personas adineradas podemos mejorar las condiciones infrahumanas en que viven esta gente marginada y viviendo así es difícil ver a Dios a través de su grandeza.
Sor María le daba de almorzar a 80 familias diario, un día no tenía ni recursos ni comida, pero ella puesta su confianza en María Auxiliadora esperaba con absoluta seguridad que Ella le mandaría lo que necesitaba, cerca de las 12 se apareció un señor que le traía hamburguesas para el almuerzo de exactamente 80 familias. Ella dijo “Gracias Madre Mía, nunca me abandonas”.
Seamos como ella, amemos a los pobres porque amándolos a ellos amamos a Jesús, ayudándoles a ellos le ayudamos a Jesús, alimentándolos a ellos alimentamos a Jesús, qué maravillosa satisfacción la nuestra de poder hacer algo por Jesús después de lo mucho que hizo por nosotros hasta morir en la Cruz por salvarnos.
La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero.