No reelección: Una vez y nunca más

José Joaquín Quadra C.

En breve recorrido que haremos por las páginas de nuestra historia, veremos claramente la necesidad de mantener el principio de la alternabilidad en el poder, y el alto costo para Nicaragua que las reelecciones o continuidad del hombre crecido indispensable hemos pagado en cincuenta años de vida política, somos desde luego partidarios concientes y convencidos de que en Nicaragua un Presidente de la República debe ser por elección popular una vez y nunca más.

1º. 1838, se separa Nicaragua de la Federación Centroamericana sentando sus bases de Estado Soberano y Libre.

Se reúne una Constituyente que dicta una Constitución que en su Artículo 132, asegura al país contra toda Dictadura: “La duración del Director será por dos años, sin poder ser reelecto, sino hasta pasado el mismo período”.

2º. 1854, Don Fruto Chamorro convoca una Asamblea Constituyente que convierte a Nicaragua, de un simple Estado, en una República soberana e Independiente.

Esta Constitución, escribe el Artículo 49 que dice: “La duración del Presidente será de cuatro años, no pudiendo ser reelecto a continuación”.

3º. En el período doloroso que fue para Nicaragua la invasión de los filibusteros, para combatir a los cuales los dos partidos históricos se unieron, naciendo de esa unión la victoria sobre el invasor y una Asamblea Constituyente, que organizó a la República en una prudente Carta Fundamental el 19 de agosto de 1858. Notable documento que produjo 30 años de florecimiento y paz en Nicaragua. En dicho documento se establece la alternabilidad en estos renglones. “El período del Presidente de la República es de cuatro años: comienza y termina el primero de marzo. El ciudadano que lo haya servido no puede ser electo para el inmediato”.

4º. 1893, Conquista por las armas el Partido Liberal los poderes públicos, inmediatamente convoca una Asamblea Constituyente, formada sólo de ciudadanos liberales, que proclaman a los cuatro vientos las ilusiones aún no marchitas del liberalismo. En la Constitución que dictaron el Artículo 96 establece la alternabilidad en el poder: “El período presidencial será de cuatro años y comenzará el primero de febrero. El ciudadano que hubiese ejercido la Presidencia en propiedad no podrá ser reelecto ni electo vicepresidente para el siguiente período”.

Tenemos establecido el principio como un dato histórico e ideal. Pero surge el hombre imprescindible vendedor de la guerra civil; principiaron los partidarios seducidos por esa condición de imprescindibilidad a proclamar la reelección y estalló en León una revolución en el año 1896 en que los líderes de la Constituyente del 93 proclamaban la recuperación del principio de la alternabilidad. Venció el hombre fuerte y una Asamblea Constituyente del año 1905 borró la prohibición de la elección. Fue una solución de continuidad jurídica del principio medular de nuestra democracia. La paz se ausentó de Nicaragua y de todo Centroamérica; reino intranquilamente constante en todo el Istmo.

5º. 1910, vuelve el poder el Partido Conservador; inmediatamente convoca una Asamblea Constituyente, instalada el 10 de enero de 1911, Artículo 104, el período del presidente y vicepresidente de la República será de cuatro años, comenzará el 1º. de enero. El ciudadano que ejerciere la Presidencia en propiedad o accidentalmente, no podrá ser elegido. Presidente para el siguiente período.

6º. Vuelve al poder el Partido Liberal. desde el período inicial del Gral. Moncada y después en el del Dr. Juan Bautista Sacasa hay el propósito de reformar la Constitución.

Por fin en el año de 1939 y siendo ya Presidente de la República el Gral. Anastasio Somoza, se reúne la Constituyente. Estando presentes varios representantes conservadores se redacta una Constitución que parecía prometer larga tranquilidad. Su Artículo 204: “El período presidencial es de seis años y comenzará el uno de mayo. En esta fecha el Presidente de la República tomará posesión de su cargo. Se prohíbe la reelección del Presidente para el siguiente período”.

Aquí se abre un capítulo de dictadura dinástica que duró de 1939 a 1979, 40 años, que vivimos y fue necesario derramar mucha sangre y que murieran miles de jóvenes sobre todo para ponerle fin.

Nicaragüenses, una y nunca más.

El autor es historiador.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí