Dolor de muerte y dolor de parto

El Presidente Enrique Bolaños suspendió abruptamente su participación en la Cumbre de Monterrey, México, debido a la sentencia de auto de prisión que la juez Gertrudis Arias dictó contra algunos de los involucrados en el caso de fraude en el estatal Canal 6 de Televisión, y de petición de apertura de proceso por la misma causa contra el ex presidente Arnoldo Alemán y algunos personajes de su más cercano entorno político.

El primer mandatario calificó de histórico el fallo de la juez Arias, y de dolorosa la situación que se ha creado en las esferas políticas e institucionales del país. Pero no son dolores de muerte, sino de parto, advirtió el Presidente Bolaños, quien apenas lleva dos meses y medio en el poder y ya ha golpeado corazón y cerebro de la alucinante corrupción que degradó a Nicaragua en los últimos años.

Ahora bien, para ser precisos tenemos que decir que sí hay dolores de muerte en Nicaragua, en los momentos actuales, así como también hay dolores de parto. Dolores de muerte de la corrupción y de la impunidad de los corruptos (si es que el Presidente Bolaños y el Poder Judicial no se detienen en el camino ni se echan para atrás), así como también hay dolores de parto de una nueva forma, transparente y honesta, de gobernar.

Pero no hay que confundir los deseos con la realidad. La verdad es que el fallo de “la dama de la justicia”, como le llaman ahora a la juez suplente Gertrudis Arias por su digna actuación en el caso del Canal 6 de Televisión, podría ser revocado por la Corte de Apelaciones de Managua que lo conocerá y resolverá en segunda instancia. Y si la sentencia de la juez Arias fuera revocada, se frustrarían una vez más la esperanza de justicia y las expectativas de la sociedad nicaragüense y de la comunidad internacional de que se castigue a los corruptos que sin asco han saqueado los magros recursos económicos del Estado y sin piedad han sacrificado a la empobrecida población nicaragüense.

Por otro lado, para quitar la inmunidad a Arnoldo Alemán y sus colegas que también se amparan en ese privilegio legal, y poder llevarlos al juzgado, hace falta por lo menos 47 votos en la Asamblea Nacional, que no sería fácil conseguirlos porque el principal acusado de corrupción —Alemán—, sigue ejerciendo un férreo control sobre la mayoría de los diputados del PLC. En realidad, no es por casualidad que algunos líderes parlamentarios de este partido han recordado en los últimos días, que fue por la graciosa voluntad de Arnoldo Alemán que la Asamblea Nacional no permitió que se tramitara la solicitud de desafuero de Daniel Ortega, y por lo tanto, impidió que el líder sandinista respondiera ante la justicia por la acusación de abusos sexuales que presentó contra él Zoilamérica Narváez.

Además, el sobreseimiento definitivo de Daniel Ortega que dictó una juez sandinista en diciembre del año pasado, está pendiente de resolución en la Corte de Apelaciones de Managua, la misma que también resolverá sobre el caso de los fulminados por la juez Arias por el fraude en el Canal 6 de Televisión. De manera que no se debe descartar la posibilidad de que las resoluciones de dicha Corte en ambos casos sean negociadas con el propósito de que Arnoldo Alemán y Daniel Ortega sigan protegidos por la impunidad. O sea, que volvería a funcionar el pacto con la misma siniestra precisión con que ha funcionado en todos los casos de interés primordial de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, y de las cúpulas del PLC y el FSLN.

Sin embargo, tampoco hay que menospreciar el hecho de que la comunidad internacional, y en particular el gobierno de Estados Unidos, quieren que se vaya hasta el fondo en la lucha contra la corrupción y que se castigue de verdad a los corruptos. Ni se debe desestimar la creciente conciencia y movilización de la sociedad nicaragüense contra la corrupción y los corruptos. En realidad, como ya lo dijimos la semana pasada y debemos reiterarlo ahora, en la lucha contra la corrupción también caen los grandotes, por muy poderosos e inmunes que éstos sean.  

Editorial
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