Educación para el desarrollo

Migdonio Blandón B.

La educación orientada por el civismo y la moral y el debido respeto a leyes y normas constituidas; con la prioridad del reconocimiento de lo que a Dios se le debe, por el cuido especial que propicia en la vida desde la concepción, en la patria por Él regalada. A su tiempo, al tener uso de razón y creciendo en proporción a la inteligencia, con el estudio se definen derechos y deberes ciudadanos, que practicándolos abren la puerta al desarrollo.

La oportunidad para lograrlo está en la voluntad y capacidad individual, pero sobre todo y mucho más en la voluntad. La mayoría sí, divagando en la imaginación y por no saber aprovechar el tiempo, quedamos a la zaga de muchos, que quizá con menores posibilidades y aptitudes, sobresalen en el campo a donde se han propuesto llegar, logrando, a veces con naturales limitaciones y esforzados sacrificios, alcanzar el éxito, que no siempre perdura.

Ejemplos concretos: el rivense de fama internacional de apellido Meléndez, que habiendo nacido sin brazos, con los pies ejecuta magistralmente la guitarra; el joven esteliano que también sin brazos, escribe y dibuja con los pies; y del Teletón 2001 los jovencitos Mauricio Gutiérrez, Antonio Andrés y la joven María del Carmen Cuadra que siendo ciega, es artista, trabaja y es evangelizadora; y muchos más, que superándose merecen aplausos.

Es de mucha importancia el desarrollo personal; y cada quien debe hacerlo conforme su propia vocación, a sabiendas que en el lugar que esté ubicado, si se sabe comportar en su posición, de seguro ascendente, contribuirá mucho al mejoramiento de la sociedad en que vive. Aún si alguien, cayendo en las redes del maligno, llega a ser parásito social; si no ignora que es hijo de Dios y arrepentido vuelve al Redentor, puede regenerarse y salvarse.

La educación mal encaminada, cuando se le da tintes raros como algunos quisieron darle a lo que al comienzo apoyamos y consideramos hermosa campaña de alfabetización; con esos tintes raros de fanáticos seudo-revolucionarios la deformaron; y con el uso del falaz trato de “compañero” promovieron odio y violencia, haciendo muchísimo daño en la inmadurez campesina que ha fomentado la miseria e inseguridad que se vive en el campo.

La seguridad y confianza con que antaño se viajaba, de día o de noche, por trochas y caminos, al presente se ha perdido. Aún muchos campesinos que quisieran trabajar sus parcelas, las abandonan por temor a asaltos inesperados de los grupos de aquellos que envenenados por el odio y la violencia, impiden el trabajo que es también fuente de producción; y que además del necesario alimento, incrementaba muchísimo la exportación.

En la educación para el desarrollo, deben restaurarse las clases de cívica y moral, que otrora con los principios cristianos eran parte integral de la enseñanza pública y privada; la que a pesar de haberse descuidado desde poco antes de la década de los 80, había sido la especial idiosincrasia del nica, el ser mayoritariamente afable, servicial, respetuoso y en gran parte trabajador y responsable, y esta cultura debe darnos pena haberla casi perdido.

Vale la pena que los que tenemos conciencia de ello, con una positiva enseñanza, trabajemos por su restauración. A pesar de los fenómenos naturales y las deficientes administraciones que hemos tenido, nuestra gran extensión territorial en gran parte conserva su potencial riqueza; si nuestra reducida población adoptase la cultura del trabajo con buena educación y una buena administración en poco tiempo no habría miseria para nadie y pronto más bien contribuiríamos a la caridad internacional. ¡Decidámonos!

El autor es miembro de Eduquemos  

Editorial
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