Necesidad y deseo de emigrar

La falta de empleo y de oportunidades incluso para subsistir es lo que ha motivado a emigrar a la mayoría de los nicaragüenses que se han ido del país, y lo que impulsa a los que todavía quisieran marcharse ahora. Pero también muchas personas se marchan por afán de aventuras, para conocer otros países o porque no están satisfechos con el modo de vida que tienen en su patria.

Esto lo ha demostrado una vez más la encuesta sobre “equidad social” que el Instituto de Estudios Nicaragüenses (IEN) dio a conocer la semana pasada, y que fue hecha a principios de junio de este año entre 1,600 personas de todo el país, salvo la Costa Atlántica y el Departamento de Río San Juan. Según dicha encuesta el 30.6% de los nicaragüenses quiere irse del país, el 62.2% de ellos para buscar cualquier clase de trabajo en otra parte y el 27.3% simplemente porque desea encontrar mejores oportunidades. Sólo el 30.8% de las personas que quieren irse se encuentran actualmente desempleadas, en tanto que el 31.4% tienen empleo pero no están satisfechas con la calidad y remuneración del trabajo que están desempeñando.

En realidad, no es sólo porque aquí no encuentra fuentes de subsistencia que muchos nicaragüenses quieren irse del país —a Costa Rica, Estados Unidos y Canadá, preferentemente—, sino también por un natural impulso migratorio que es propio de todos los seres humanos, sin perjuicio de que en algunas naciones sea más fuerte que en otras. Dicho con otras palabras, muchas personas de todos los países, pobres y ricos, sienten la necesidad de marcharse, de hacer vida en otra parte, de viajar y explorar otros lugares. Con la única diferencia que la gente de los países pobres por lo general se va en busca de subsistencia, mientras que las personas de las naciones ricas hacen turismo, viajan para distraerse, para hacer negocios y para conocer a otros pueblos y sus riquezas culturales.

Precisamente el desplazamiento sucesivo de grandes contingentes humanos en busca de una mejor calidad de vida, es lo que produjo a lo largo de la historia los cambios más significativos en la estructura demográfica de los diversos países. Y muchas veces provocó conflictos por la posesión de los territorios y el control de los recursos, que antes se hacía por medio de la fuerza pero ahora se hace mediante el aprovechamiento de los mercados laborales con mejores ofertas que las de los trabajadores locales. De manera que mientras las naciones pobres exportan fuerza laboral, los países avanzados inundan los mercados internacionales con sus productos de alta calidad y bajos precios.

En realidad, muchos nicaragüenses quieren irse del país porque carecen de empleo y de esperanzas para mejorar aquí sus condiciones de existencia, puesto que los logros y las oportunidades del relativo crecimiento económico y el progreso material interno, sólo los disfruta la minoría social egoísta que controla y aprovecha el poder, y quienes medran a su alrededor o tienen mejores posibilidades de aprovechar los pocos espacios disponibles para competir decorosamente en el mundo de los negocios y las ofertas de trabajo.

Pero los países como Nicaragua que exportan grandes cantidades de mano de obra y recursos humanos, no deben esperar que siempre van a vivir de eso. Además, la emigración no sólo produce beneficios, como las remesas familiares que significan un ingreso anual de 800 millones de dólares, más o menos, sino que también permite la fuga de valiosos recursos humanos y provoca tensiones y conflictos con los países que ya no quieren recibir más inmigrantes y en donde se incrementan las actitudes xenófobas.

Es obligación de la sociedad y el gobierno crear condiciones para que la gente no se siga yendo masivamente del país. Hay que hacer de Nicaragua un lugar habitable y cómodo para todos los nicaragüenses, no sólo para algunos, asegurar un ambiente adecuado de libertad, igualdad de oportunidades de trabajo, convivencia pacífica, seguridad pública y bienestar social. Todo eso sin coartar el derecho natural que tiene la gente de irse hacia donde quiera y cuando quiera, siempre que tenga la posibilidad y los medios para hacerlo.  

Editorial
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