El clima requerido por la inversión

Jorge [email protected]

El presidente hugo chávez, de venezuela, expresó hace unos días una locurita más en su ya amplio repertorio de sandeces. Esta vez, la perla emanada de su atolondrada mente fue que “la propiedad privada no es sagrada”, creando de inmediato un ambiente de temor y desconfianza entre los venezolanos que la poseen.

¿Cuántos millones de dólares se fugarán de Venezuela como consecuencia de la bobalicona frasecita? Es difícil saberlo, pero los venezolanos conscientes saben que esa afirmación de su primer mandatario hará que una buena cantidad de plata se sume a los diez mil millones de dólares que han salido desde que ese personaje empezara a decir y hacer disparates en la patria de Bolívar.

Cualquier cosa que diga, ya sea el presidente de un país, o una figura política relevante, tiene repercusiones en el clima de confianza que se requiere para atraer y retener capital de inversión. No es lo mismo que cualquier ciudadano diga la tontería de que “la propiedad privada no es sagrada”, a que lo diga el Presidente de Venezuela. En el primer caso no hay consecuencias; en el segundo, los resultados son devastadores. Así también, no es lo mismo que un ciudadano común y corriente opinara que el Banic sería eventualmente cerrado, a que lo dijera Daniel Ortega. En el primer caso no hubiese habido repercusiones, pero cuando el líder sandinista, de manera irresponsable dijo el 20 de noviembre del año pasado que “…si yo tuviera dinero [en el Banic], definitivamente lo retiro”, la consecuencia inmediata fue un masivo retiro de depósitos.

Estamos en un período de elecciones, y es de esperarse, por lo tanto, que los candidatos a la Presidencia y demás cargos de elección popular, sean cuidadosos en sus pronunciamientos públicos. Especial cautela deben manifestar quienes en el pasado hicieron una cosa y ahora dicen que harán otra, ya que la carga de desconfianza aumenta en la medida que sus actuaciones pasadas sean calificadas como abusivas y perjudiciales. Así vemos a los sandinistas, por ejemplo, jurar hasta con los dedos de los pies, que si vuelven al poder no confiscarán propiedades ni se apropiarán de lo ajeno.

El problema para ellos, no obstante, es uno de credibilidad. Cuando vemos que sus principales líderes se resisten a regresarle a sus legítimos dueños las propiedades que abusiva e ilegalmente se apropiaron en el pasado, uno no puede menos que ser incrédulo ante las promesas que ahora hacen. Hace unos días, el 3 de agosto, exactamente, escuché al diputado Bayardo Arce repetir en televisión una frase que él le atribuye al ex presidente panameño Omar Torrijos. Según Arce, Torrijos decía que “las revoluciones no se hacen para que las cercas queden en el mismo lugar”. Es evidente que Arce recurre a esa frase —que dicho sea de paso la considero una majadería— para justificar el caos que el sandinismo creó en el régimen de propiedad privada en Nicaragua. Pero el caso es todavía peor. Esa frase —que ya se la había escuchado decir en otra oportunidad— la dice, no un ciudadano común y corriente, sino alguien que va de primer candidato a diputado nacional por el Frente Sandinista. Se nota que en la mente del dirigente sandinista, al igual que en la de Hugo Chávez, la propiedad privada no tiene un carácter sagrado, entendiéndose por sagrado el respeto absoluto que debe inspirar lo que le pertenece a otro.

El mundo civilizado no es concebible sin el más absoluto respeto a la propiedad privada. Cualquier amenaza abierta o velada a los derechos de propiedad, tiene que tener por fuerza un efecto negativo en el clima de confianza que se requiere para atraer y retener inversiones. Ahí donde el inversionista siente que bajo pretextos “revolucionarios” se le puede mover la cerca de su propiedad, se creará un ambiente de desconfianza que desestimulará la inversión de capital, fuente insustituible de nuevos empleos. Lo contrario también es cierto: ahí donde un candidato a la Presidencia no tiene que andar diciendo que va a respetar la propiedad privada, porque en el transcurso de su vida ha demostrado con hechos un total respeto a lo ajeno, se genera un grado de confianza que opera como un imán para la atracción de capital. Los nicaragüenses estamos conscientes de que necesitamos mucha inversión para crear empleos y progresar. La pregunta que debemos respondernos es la siguiente: ¿Cuál candidato a la Presidencia consideramos que puede generar un clima más favorable a la inversión?

El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la UTM.  

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