Róger Fisher
La primera fase de la campaña presidencial ha sido una guerra de encuestas donde los simpatizantes de Ortega lograron en principio ser los punteros. Sin embargo, en los últimos dos meses el Ing. Enrique Bolaños ha venido marcando con seguridad, reduciendo la ventaja de su oponente y habiendo llegado en las últimas encuestas de Cid Gallup y Borge y Asociados a un empate, y hasta una pequeña ventaja, lo que es realmente muy significativo y trae aliento a las fuerzas democráticas nicaragüenses. Ortega tiene la virtud de marcar al principio como líder, pero al transcurrir el tiempo su ventaja se reduce, quizás porque cada vez que habla recuerda el pasado, y los consejos de sus asesores, en cuanto a su presentación personal, maneras de expresarse y de vestirse no convencen lo suficiente.
Históricamente y a partir del final de los famosos 30 años conservadores, Nicaragua ha estado en manos de generales, algunos cultos como Moncada, pero en su gran mayoría personajes que por su arrojo y audacia se han transformado en caudillos. Zelaya, Chamorro, Moncada, Somoza y Ortega son la expresión de un pasado que Nicaragua debe evitar si realmente desea tener un desarrollo democrático y un crecimiento económico sostenido.
Doña Violeta fue la excepción de la regla y ella con su presencia maternal es la antítesis de los generales machetones, que todos han sido fruto de un golpe de estado o una revolución. A partir de doña Violeta entramos en una senda civilista y el período del Dr. Alemán fue la continuación democrática de las aspiraciones de la mayoría de los nicaragüenses.
Definitivamente Nicaragua ha cambiado, y para quienes la visitan sienten y hablan de nuestro cambio. Otro es el clima político diferente a las elecciones anteriores. Si bien es cierto que el sandinismo mantiene compactas sus fuerzas y que todos los pueblos del mundo tienen mala memoria, también es verdad que el voto democrático es sólido y que ante el temor de un retorno al pasado, prefieren votar por su tranquilidad y la ruta democrática.
Hoy enfrentamos de nuevo el futuro de nuestra patria en la persona del pacifista Enrique Bolaños o el oneroso pasado que nos conduce a la discordia entre hermanos. La propuesta de Bolaños ha sido orientada a la obtención del empleo y a la solución económica de los problemas. Su discurso como motor y generador de empleo ha ido calando en la población consciente de Nicaragua.
Por otro lado el militarista Ortega, habla recordando su gestión de los 80 y trata de traer a este siglo nuevo, un discurso manido donde ofrece seguridad y tranquilidad a través de la nueva imagen del comandante Daniel, quien en el contenido de su parlamento no hace más que recordar la dolorosa experiencia de su etapa revolucionaria.
El caudillismo ha sido vencido en dos oportunidades. Primero por doña Violeta y los nicaragüenses cansados del hambre, el dolor y la violencia. A continuación por el Dr. Alemán que a pesar de sus problemas con los medios de difusión, ha logrado insertar al país en la modernidad a través de la infraestructura necesaria para un efectivo despegue. Doña Violeta tiene su nicho histórico en la pacificación de Nicaragua; Alemán lo tendrá en la modernización del país. Con la gestión de Bolaños a partir de este punto, tenemos la oportunidad de transformar a los nicaragüenses en seres productivos, creando una economía sólida y autosuficiente, o bien comprar el ticket de regreso a la aventura y a la incertidumbre.
De nosotros depende heredar a nuestros hijos el caos o la seguridad de una nación cuya semilla democrática empieza a germinar.
El autor es publicista.