Las relaciones entre Estados Unidos y la República Popular de China se han visto afectadas en los últimos días como consecuencia de un accidente aéreo ocurrido el primero de abril sobre el Mar del Sur de la China. Un avión de la Marina de los Estados Unidos que realizaba un vuelo de espionaje frente a las costas de ese país asiático colisionó con un jet de combate de la Fuerza Aérea de la República Popular de China que trató de interceptarlo. Según Estados Unidos, el percance ocurrió en espacio aéreo internacional. El avión chino y su piloto están perdidos, y a pesar de que continúa su búsqueda, se teme que el piloto haya fallecido. Mientras tanto, el avión estadounidense y sus 24 tripulantes están a salvo después de hacer un aterrizaje de emergencia en la isla de Hainan, que pertenece a China continental.
El incidente ha servido para exaltar sentimientos nacionalistas en la China comunista, que demanda a Estados Unidos pedir perdón por lo ocurrido. Este último país se ha negado a hacer tal cosa, y se ha limitado a expresar “pesar” por la presunta muerte del piloto chino. El propio Presidente Bush le envió una carta personal a la esposa del piloto en la que expresa sus condolencias, pero se ha negado a pedir disculpas porque, como lo han señalado el Secretario de Estado, Colin Powell y otros altos funcionarios de la Administración Bush, hacer tal cosa implicaría reconocer una culpa que Estados Unidos no tiene. Powell y los otros funcionarios insisten en que su país tiene derecho a obtener toda la información que quiera mientras sus naves vuelen en espacio aéreo internacional como en este caso.
Durante la Guerra Fría se dieron varios incidentes parecidos a éste, y las probabilidades de ocurrencia eran tan altas que las dos partes en conflicto en aquel entonces -Estados Unidos y la extinta Unión Soviética- establecieron mecanismos apropiados para resolverlos. Esos mecanismos son ahora inexistentes. Los diarios chinos, y en especial el periódico del Ejército, han elevado la retórica nacionalista y han dicho que tanto el avión como los tripulantes deben ser investigados. Estados Unidos se opone a ello y exige el retorno inmediato del aparato y de la tripulación.
La República Popular de China y Estados Unidos establecieron relaciones diplomáticas en 1979, siete años después de la histórica visita del Presidente Richard Nixon a ese país oriental. El intercambio comercial entre ambas naciones es de 100 mil millones de dólares anuales y es mayoritariamente favorable a la China continental. Estados Unidos también mantiene relaciones comerciales y culturales -pero no diplomáticas- con la República de China en Taiwan, con la que tiene un intercambio comercial anual de 49 mil millones de dólares. Como es sabido, China es un país dividido desde 1949. A finales de este mes, Estados Unidos deberá decidir si venderle o no a Taiwan un paquete de equipo militar que incluye varios destructores equipados con radares altamente sofisticados. China comunista se opone a esa venta y es de esperarse que quiera valerse del accidente aéreo para evitarla. Es muy improbable, sin embargo, que Estados Unidos sucumba a las presiones de la China comunista.
Estados Unidos ha advertido a la República Popular de China que si este asunto no se resuelve cuanto antes, es posible que las relaciones entre ambas naciones se vean seriamente afectadas, pudiendo incluso hacer que el Congreso estadounidense le quite el estatus comercial de Nación Más Favorecida que China continental necesita para comerciar libremente con Estados Unidos y para acceder este año a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Pudiera también verse afectada la visita que el Presidente George W. Bush tiene programada a China continental este año, así como las aspiraciones de ese país de ser sede de los Juegos Olímpicos en el 2008.
A pesar de esas advertencias, el problema persiste. Estados Unidos ha sido claro en afirmar que no tiene por qué pedir disculpas y es muy improbable que cambie su posición. China, por su parte, aprovecha el incidente para tratar de demostrar al mundo que es la única potencia que puede desafiar el hegemonismo unipolar norteamericano.