Jorge Salaverry *[email protected]
Hoy se inicia la semana en la que el mundo cristiano conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador del Mundo. De seguro que muchos de nuestros compatriotas se quedarán descansando en sus casas y asistirán, algunos de ellos, a las celebraciones religiosas en sus respectivas iglesias. Otros optarán por irse de paseo a las playas o al campo, mientras que algunos otros aprovecharán los días libres para irse de vacaciones a otro país.
A estos últimos -y muy especialmente a los que vuelen por el Grupo TACA- les deseo la mejor de las suertes, ya que es muy probable que sus vacaciones se vean un tanto frustradas por alguno de los múltiples inconvenientes que suelen presentarse en las líneas aéreas en tiempos de vacaciones, pero que, en el Grupo TACA son cosas de todos los días. Pérdida de maletas, trato grosero, retrasos, asientos sobrevendidos, cancelaciones de última hora y sin previo aviso, etcétera, son algunas de las desagradables sorpresas que muy probablemente encontrará más de algún viajero en sus esperadas vacaciones.
Por lo pronto yo ya experimenté mi dosis de frustración y de incomodidad viniendo de Costa Rica la semana pasada. Con mi boleto comprado y mi reservación reconfirmada en el Grupo TACA, me dirigí tranquilo y contento al aeropuerto de San José para regresar a Managua. Llegué con una hora y media de antelación a la hora de salida y me enviaron a una “fila rápida” que no se movía. Cuando finalmente llegué al mostrador fue para recibir la infausta noticia de que no había cupo. Alegué que tenía mi reservación reconfirmada, sólo para escuchar de boca de la dama que me atendía un frío y formalístico “lo siento mucho pero no hay cupo”, advirtiéndome además que quizás podría viajar en COPA en un vuelo que saldría un poco más tarde.
Para ese momento ya no era yo el único que estaba en esa incómoda situación. Tres personas más padecían la misma suerte. Una de ellas había llegado con dos horas de anticipación a la salida del vuelo, y las otras dos al mismo tiempo que yo. Nos hicieron nuevos boletos para viajar en COPA y nos fuimos a hacer la fila correspondiente. Cuando llegamos al mostrador escuchamos, una vez más, que no había cupo. Muy gentilmente el personal de COPA nos ofreció ponernos en lista de espera. Fue en vano. No hubo asientos disponibles más que para uno de nosotros que con su tarjeta de viajero frecuente pudo conseguir un asiento en primera clase pagando veintiséis dólares más.
Los otros tres nos encontrábamos rumiando nuestra desventura cuando se presentó alguien de TACA preguntando por nuestros nombres y trayéndonos la buena noticia de que viajaríamos a Managua en un avión que iba hacia El Salvador, y que ahí tomaríamos otro vuelo que nos llevaría a Nicaragua. ¡Aleluya! Así lo hicimos, y finalmente llegamos sanos y salvos a Managua unas cuatro horas más tarde que lo originalmente planeado por nosotros.
¿Qué pudo haber sido peor? Ciertamente. Pero aún así me decidí a contar este incidente después de que manifesté mis intenciones de hacerlo, y de que la misma empleada de TACA me instó a que lo hiciera, ya que -según ella- muchos pasajeros cuando están enojados dicen que se quejarán por escrito pero que después no lo hacen, y que son ellas las que tienen que sufrir los reclamos de los insatisfechos viajeros. Le prometí que yo sí lo haría y estoy cumpliéndole lo prometido.
No abrigo esperanzas de que mi relato sirva para mejorar la situación en el Grupo TACA. Los berrinches que hacemos los viajeros que nos sentimos abusados por la mencionada línea aérea puede que sirvan para desahogarnos un poco, pero son ineficaces para cambiar el comportamiento típico de una empresa monopólica. La competencia es el único antídoto o cura para ese mal comportamiento. Ella es la madre de la eficiencia, y constituye, por lo tanto, una de las características más valiosas del sistema capitalista o de libre mercado. Eso quiere decir que lo que necesitamos para resolver este tipo de problemas es más capitalismo, más libre mercado, más competencia y no más regulaciones ni controles.
Dejemos que otras líneas aéreas entren a servir el mercado centroamericano de pasajeros y veremos cómo el Grupo TACA pondrá su casa en orden y dará un mejor servicio que, hoy por hoy, le importa un pito si sus cautivos clientes -que no tenemos otro palo en qué ahorcarnos- lo recibimos o no.
* El autor es miembro del Consejo Editorial del Diario LA PRENSA y catedrático de la Universidad Thomas More.