Hugo Ramón García*
Uno de los episodios más dolorosos de la historia nicaragüense se produjo el 4 de abril de 1954, hace cuarenta y siete años, cuando perecieron asesinados veintitrés ilustres nicaragüenses.
Era el Domingo de Ramos. Los cafetales de Carazo, Brasil Grande y Cuatro Esquinas fueron escenario del martirio de aquellos patriotas de una gesta armada, para impedir la prolongación de la dictadura militar somocista mediante una reelección que contrariaba el espíritu del pacto suscrito en Managua el 3 de abril de 1950, con el caudillo del Partido Conservador de Nicaragua, General Emiliano Chamorro Vargas, denominado “el pacto de los generales”.
El objetivo de la conjura de abril” era secuestrar a Somoza García con sus dos hijos, Luis y Tacho, cuando los tres viajaran a Montelimar, situado geográficamente a sesenta kilómetros al sur de Managua a solucionar una diferencia familiar que se había dado en los hijos del dictador.
A última hora el viaje fue suspendido porque el viejo Tacho se desplazó al Aeropuerto Internacional “Las Mercedes” a recibir un lote de caballos de raza que le mandaba de regalo el colega dictador de la República de Argentina, Juan Domingo Perón. Estando en el aeropuerto y por efectos de traición el dictador fue avisado de los planes a realizarse, por lo que el complot fracasó y Somoza García hizo efectiva una matanza entre algunos de los complotistas que tuvieron la desgracia de ser capturados por la Guardia, entre ellos el ex teniente académico, nativo de Juigalpa, Chontales, Adolfo Báez Bone. De él se conoce que una vez capturado, Anastasio Somoza Debayle ordenó que lo llevaran a su presencia, y lo agarró en su despacho a sádicos golpes y patadas, y Báez Bone, en un gesto de heroísmo le tiró encima su propia sangre replicándole: “Mi sangre te perseguirá”.
Somoza García llegó a los extremos de afirmar que Adolfo Báez Bone “había caído muerto en combate”, en un mensaje presidencial dirigido a toda la República el lunes cinco de abril, al día siguiente de los hechos.
Uno de los que tuvo sobresaliente figuración en los sucesos armados del 4 de abril, fue Jorge Rivas Montes, militar de nacionalidad hondureña, formado en la Escuela Politécnica de Guatemala. Obtuvo su graduación con Juan José Rodríguez Somoza, sobrino de Somoza García y hombre de su confianza.
El dictador utilizó a Rodríguez Somoza para que le ofreciera “garantías” a Rivas Montes, y este último creyendo que el sobrino de Tacho actuaba de “buena fe”, se confió y rindió y una vez entregado fue conducido prisionero a la “Casa de Piedra”, situada en el extinto Campo Marte.
A Rivas Montes lo sometieron a Consejo de Guerra, y fue condenado a dos años de prisión. Se le aproximaba la cancelación de la pena y recuperación de su libertad, cuando el poeta liberal independiente, Rigoberto López Pérez, el 21 de septiembre de 1956, en la casa del Obrero de León, ultimó a balazos al viejo Somoza, y los hijos del dictador ordenaron el asesinato de Rivas Montes, en compañía de Luis Morales Palacios, el 20 de octubre de 1956.
El Dr. Francisco (Paco) Ibarra Mayorga, prominente figura de la sociedad civil, fue uno de los que tuvo destacada actuación en los sucesos del 4 de abril de 1954, y se asiló en la Embajada de Guatemala para evitar el tratamiento represivo de Somoza García.
En esta conjura de abril “caluroso y florido”, como lo dice en su poema el ingenioso hombre de letras Edwin Castro Rodríguez, que además de secuestrar a los tres Somoza, también tenía por finalidad tomarse Casa Presidencial, hubo muchos oficiales de la desaparecida Guardia Nacional que apoyaron este movimiento, contándose el coronel Manuel F. Gómez, que le quedó tiempo de escaparse y cruzó la frontera con Honduras haciendo una gigante travesía por los departamentos de Managua, León y Chinandega.
En la rebelión del 4 de abril varios rebeldes fueron objeto de la saña de Anastasio Somoza Debayle, quien tomó entre sus manos una bayoneta y le cortó la lengua a Pablo Leal Rodríguez, uno de los insurgentes complotistas que había sido nominado por el resto de sus compañeros de lucha para presidir la Junta Provisional de Gobierno, una vez que resultara triunfador el movimiento.
En el complot del 4 de abril de 1954, fueron asesinados Juan Martínez Reyes, Edgard Gutiérrez, Optaciano Morazán, Carlos Ulises Gómez, José María Tercero Lacayo, Francisco Caldera, Ernesto Peralta, Manrique Umaña, Rafael Praslin, Francisco Granillo, Humberto Ruiz, Pedro José Reyes, Juan Ruiz Traña, Amado Soler, Francisco Madrigal, Adolfo Báez Bone, Luis Felipe Gabuardi, Miguel Ramírez, Luis Felipe Báez Bone, Agustín Alfaro, Antonio Velásquez, Guillermo Gutiérrez y Pablo Leal Rodríguez.
Que el ejemplo patriótico de los héroes del 4 de abril de 1954 ilumine a los nicaragüenses honrados que desde las trincheras ideológicas combaten el estado de cosas que hoy aflige a la nación por culpa de un sistema que encarna y representa algunos de los vicios del somocismo.
* El autor de este artículo es Periodista.