Franklin Gavarrete C.*
Nicaragua es un país de gente joven. La edad promedio del nicaragüense es muy baja, si se compara con países de mayor población y desarrollo. Los votantes de primera, segunda y tercera ocasión, de edades comprendidas entre los 16, 21 y 26 años, representan un alto porcentaje de los votos totales, ya sean activos o que se abstienen. De manera que mal haría el partido o los candidatos que ignoren este gran sector de electores.
Para nada sirven las alianzas y nadie está seguro de su aporte de votos, si el principal miembro de la alianza y dueño verdadero de los votos, que es el pueblo y en especial el sector de los jóvenes, no entra en el pacto. Para que cualquier alianza sea exitosa, la gente joven tiene que darle el visto bueno porque su voluntad será determinante en las próximas elecciones. La atención a los deseos y aspiraciones de los que votan por primera vez y del voto joven en general, tiene que ser prioritario.
Como los candidatos actuales están un poco entrados en años deberán proyectarse y hacer programas especiales para la juventud, que no deja de ser un poco escéptica respecto de las personas mayores. No es que tener canas sea un pecado político, pues ya vivimos el ejemplo de Reagan y en general los candidatos son gente madura, pero siempre es preferible dar una imagen de vigor y juventud, con la que puedan identificarse los nuevos votantes, o por lo menos dar muestras de un interés especial en los futuros actores de la vida nacional.
Los candidatos a veces hacen más hincapié en sus propias cualidades y en los defectos de los adversarios, que en lo que pueden hacer por el pueblo, como si este no fuera el que va a juzgar esas cualidades y defectos, probándolas en el crisol de la credibilidad. Lo que el pueblo quiere es muchas veces preconcebido dentro de la visión interesada del candidato y del partido y no corresponde a los verdaderos requerimientos de la gente.
La lista de requisitos es larga y varía según el sector considerado y para los jóvenes es importante: una educación adecuada para enfrentar los retos del presente y del futuro, oportunidades para obtener un empleo digno, formar nuevas familias, tener una vivienda propia, acceso al crédito para montar algún negocio, seguridad en las calles y hogares y otras demandas más específicas, cubriendo todas las actividades de una sociedad moderna, en un ambiente de confianza en el futuro y en el gobierno.
La necesidad que tienen los candidatos de proyectar la esperanza de un futuro mejor, es todavía más importante para captar el voto joven. Tal vez fue una lástima, como dicen sus partidarios, que el candidato a vicepresidente escogido por el sector democrático no haya sido Montealegre. La aparente juventud de Pedro Solórzano quizá explica parte de su popularidad. Por eso es importante proponer a la juventud un candidato que supuestamente la comprenda y que se identifique con sus aspiraciones. Existe la opinión de que si la gente joven va a votar sin mucha premeditación, preferiría votar por un joven.
Si es cierta la anécdota atribuida al presidente Clinton, que su campaña estuvo motivada en parte por la frase: “la economía estúpido”, podríamos decir: “la juventud estúpido”, para denotar la gran importancia que el voto de la gente joven tendrá en noviembre.
A pesar de su idealismo e inexperiencia, la gente joven sabe que una sociedad perfecta nunca se logra, pero por lo menos espera que los candidatos a elegir den muestras de ir encaminados hacia metas aceptables, haciendo todo lo posible por lograr lo ideal, sin engaños, sin demagogia y proponiendo lo correcto y adecuado en cada situación para lograr el avance de la comunidad.
El partido y los candidatos que logren dar al pueblo y a la juventud la confianza de que esas metas son posibles en su nueva administración y que pueda crear aunque sea la esperanza de lograrlas con el tiempo y el esfuerzo de todos los nicaragüenses; y que proyecten una imagen de rectitud y trabajo y que más bien la gente los considere apropiados para confiarle su destino, tendrán la aprobación del pueblo y por consiguiente sus votos.
* El autor es ingeniero civil.