Lección que los liberales nunca aprendieron

Mario Alfaro Alvarado*

Sucedió hace 63 años, en 1938, cuando una aguda crisis económica consumía a Nicaragua. Los cafetaleros se abocaban a la quiebra, los importadores y exportadores cayeron en el contrabando para eludir los temerarios controles del gobierno, la inflación se apoderó de la economía nacional y con ella llegaron la miseria, el desempleo, la especulación, el soborno y la corrupción.

Entonces se alzó una voz sensata y sosegada que le ofreció al gobierno una lección de economía, que los liberales nunca han aprendido. Fue la voz de don Ernesto Brockmann, que en una serie de artículos publicados en el Diario LA PRENSA, analizó la severa crisis económica, señaló los errores de la administración en su afán desesperado por detenerla y precisó las medidas racionales que al tenor de las mismas leyes de la economía, deben aplicarse para obtener resultados satisfactorios y evitar que la población sea presa de una esquizofrenia colectiva.

En términos resumidos esta es la lección:

“El secreto de toda economía política es proporcionar el mayor bienestar posible a todos, de manera que el criterio de la economía verdadera o la verdadera prueba de todo sistema económico, según afirma un ecónomo americano, es: ¿Cuántas personas participan en sus beneficios y de qué tamaño son los beneficios?.

“Existen unas reglas que se basan en la teoría cuantitativa de la moneda, que cuando más baja el valor de la misma, mayor número se necesita de ella; y cuando más se emite más baja el valor. Muchos creen encontrar allí la definición de la inflación.

“Ningún hombre que sufra hambre, que sienta el aguijón de la miseria o que soporta la tortura del miedo, puede sentirse bien. Y éstas son precisamente las furias del cortejo de la moneda enferma: hambre, miseria, miedo. Ni inflación ni deflación, Moneda Sana y estable es lo que los hombres honestos necesitan. ¿Cuánto ha ganado el fisco con inflación? Todos los nicaragüenses, con excepción de los buitres de la inflación, esperan el reajuste y el saneamiento económico.

“Si el ajuste económico no se basa sobre la plataforma sólida de la estabilidad monetaria; si el sistema tributario se bastardea con el principio “per cápita” que se ha asentado con la inflación y que quita a uno la camisa para dársela a otro, edificaremos sobre arena. El principio que yo defiendo es Moneda Sana. Choca ver que por guardar un vil papel (se refiere al papel moneda. La nota es mía) se desperdicia el caudal de oro del trabajo humano. Cuando se quiere reparar el techo se marcan primero las goteras.

“Efectivamente el teorema de la devaluación” (este es un ateo que debemos cristianizar pronto) se basa en un sencillo axioma matemático: la suma de las partes es igual al todo, lo cual en números se explica así: 1= 1/2 1/2 = 1/3 1/3 = 1/4 1/4 1/4 = 1/5 1/5 1/5 1/5 1/5… es como si partiéramos la “bamba” (moneda) de un córdoba en cinco partes y tomaras el quinto como unidad. ¿A quién le tocan los cuatro quintos? ¡Al tesorero de la República! El Tesorero se gana 80 centavos por cada córdoba, porque sólo paga el 20 por ciento. ¡Este juego es mejor que la ruleta!

“Confianza pública, presupuesto equilibrado, tesorería libre, todo eso hace falta y su falta se ha vuelto un mal endémico”.

Esta lección la entiende muy bien un empresario de éxito, que en la vida ha sabido armonizar el capital con el trabajo. Ese empresario exitoso, sabrá aplicar desde la presidencia la lección de don Ernesto Brockmann y entonces este país saldrá de la crisis crónica que lo atosiga.

¿Por qué el pueblo tiene que pagar tanto dinero para que lo gobiernen mal? Con la tercera parte del dinero que se gasta en los megasalarios, se puede tener una administración, en el peor caso, igual a la que ahora tiene el país; pues pagar mucho no es garantía para que los funcionarios sean honestos y eficientes. Lo que garantiza la honestidad y la eficiencia son las leyes y las instituciones. Lo que Nicaragua necesita es combatir el desorden, la incapacidad y la corrupción, con un clima de confianza pública, presupuesto equilibrado y una tesorería libre (transparente como se dice ahora).

* El autor es periodista.  

Editorial
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