Cristiana Chamorro [email protected]
De acuerdo a la encuesta de Cinco publicada en el semanario Confidencial y al sondeo privado del Partido Liberal con la firma de Borge y Asociados, si las elecciones fueran hoy, Daniel Ortega prácticamente ganaría en primera vuelta y el otro principal ganador en este escenario seguiría siendo Arnoldo Alemán.
Hoy por hoy, pareciera que las consecuencias del pacto liberosandinista son las que se van a imponer en noviembre próximo, por encima de los partidos y de sus candidatos. Sin ánimos de exagerar Nicaragua está en una situación que me recuerda la de 1974 cuando mi padre, Pedro J. Chamorro Cardenal, con toda objetividad le dio ocho columnas a un titular de LA PRENSA en el que anunciaba: “Los candidatos que ganaron la elección de mañana”.
No es que los periodistas seamos adivinos decía aquella nota informativa en la que reconocía que ningún periódico en el mundo puede, diciendo verdad, poner un título informando lo que va a ocurrir al día siguiente. Sin embargo, el diario pudo respaldar su profecía al señalar el hecho de que las votaciones programadas difícilmente podrían alterar los cálculos del pacto liberoconservador de entonces, con el cual se reeligió en el cargo el Gral. Somoza y los diputados y senadores pactistas.
A ocho meses de las elecciones en Nicaragua las encuestas aseguran la victoria presidencial de Ortega en primera vuelta y por efectos del pacto, una importante cuota de poder político para Alemán en la Asamblea Nacional. Según los sondeos de Cinco y de Borge y Asociados, Daniel Ortega reúne un aproximado del 40 por ciento de votos válidos, si se asume una abstención del 20 por ciento.
Sin duda, el posible regreso de Ortega al poder se debe a las dos concesiones que Alemán pactó con el dirigente sandinista a cambio de su diputación, su inmunidad, su impunidad y vigencia política para seguir siendo candidato los próximos cinco años. Los resultados electorales del 90 y 96 evidencian que para Ortega ha sido fácil alcanzar el 40 por ciento que Alemán le dio en la nueva Ley Electoral, en vez del 45 por ciento que anteriormente se necesitaba para llegar a la Presidencia de la República.
El candidato de Alemán, el Ing. Enrique Bolaños obtendría cinco puntos menos, el 34.9 por ciento de la votación y el candidato conservador, Noel Vidaurre, 25.9 por ciento.
En relación a estos números es importante señalar que el candidato sandinista aventaja al liberal con casi los cinco puntos que Alemán también le concedió a Ortega en la reforma constitucional para el caso en que el ganador se ubicara en la banda del 35 al 39 por ciento de los votos.
Es cierto que estas cifras pueden cambiar en los próximos ocho meses cuando inicien las campañas electorales de Bolaños y Vidaurre. Los resultados de las mismas encuestas dan ánimos a estos dos candidatos para seguir corriendo separadamente en unas elecciones que, al igual que las de 1974 están organizadas y programadas para no alterar los alcances del Pacto político, sino legitimizar ese acuerdo histórico con una alternabilidad bipartidista en la que Alemán siempre gana el próximo 4 de noviembre.
Desde otro punto de vista Ortega si pierde, pierde para siempre él y su partido y si gana logra un título, pero también pierden porque el líder sandinista no tiene credibilidad ni capacidad de convocatoria para organizar un gobierno que restaure la confianza nacional e internacional.
En una victoria o una tercera derrota de Ortega, Alemán gana como diputado del Pacto en la Asamblea Nacional, en la que se mantendría inmune con el control absoluto de su partido, “gobernando desde abajo” ante un posible Ortega debilitado en la Presidencia o un Bolaños sin fuerza en el Parlamento. Obviamente, desde esta perspectiva de Alemán nada es alarmante, porque hasta ahora él ya ganó en noviembre.
En este contexto, es un error de los voceros del supuesto “voto democrático” decir , a como dice Bolaños, que sólo Ortega es su principal contrincante, cuando es el propio Alemán su peor adversario por ser el gran facilitador del regreso de Ortega al poder.
Bolaños hasta ahora sigue siendo un rehén de Alemán, del partido liberal a la medida de su caudillo y de la suerte futura del ex presidente liberal.
La debilidad de Bolaños ante Alemán favorece a Ortega, quien sabrá aprovecharse de esa candidatura liberal hasta ahora limitada por su propio partido. Por otra parte, la inevitable competencia que a Bolaños le impone la fórmula conservadora-liberal de Vidaurre y Alvarado también favorece a Ortega y para colmo, la convicción de los alemancistas de que ante una nueva campaña del miedo Daniel Ortega “no pasará”, sólo beneficia los chances del caudillo sandinista.
El gran desafío para el supuesto “voto democrático” no es sólo ganarle a Ortega, sino romper drásticamente con Alemán y derrotarlo desde ahora en el partido, para dar espacio a una convergencia nacional que pueda ganarle a Daniel Ortega. La ruptura de Bolaños con Alemán va a ser creíble sólo si el ex vicepresidente denuncia la forma en que su compañero de vida política, Arnoldo Alemán, se ha enriquecido al amparo del poder y si don Enrique logra tener fuerza propia para conformar una bancada de diputadas y diputados verdaderamente comprometidos con la restauración de la institucionalidad democrática.
De igual manera, quienes dicen representar ese supuesto “voto democrático” tienen la responsabilidad patriótica de lograr que sus candidatos se inyecten de una alta dosis de realismo y desprendimiento político para declinar a favor del otro, en el momento oportuno y no cuando ya sea tarde y algún periódico o noticiero esté diciendo el día anterior a las elecciones del cuatro de noviembre: “Ortega y Alemán ganaron mañana”.