Las encuestas de opinión para fines electorales son un instrumento muy usado en los países democráticos. Ellas sirven para medir diversos aspectos del sentir político ciudadano en un momento determinado. En ese sentido son como una fotografía y no como una película. Sin embargo, cuando una encuesta mide los mismos elementos en diferentes fechas, es útil para determinar algunas tendencias. Así, por ejemplo, si se mide cada dos o tres meses la intención de voto hacia los candidatos presidenciales propuestos, se puede determinar el comportamiento de la posición relativa de cada uno de ellos respecto a los otros contendientes, y observar la evolución de la preferencia que la ciudadanía manifiesta hacia sus candidaturas.
Algunas personas dicen no creer en las encuestas o sondeos de opinión, alegando no haber sido jamás consultadas ni tomadas en cuenta. Pero lo cierto es que para conocer un sentir generalizado sobre determinado asunto no es necesario entrevistar a todas las personas del país, sino que basta con escoger científicamente una muestra representativa de toda la población para estar en posición de sacar conclusiones válidas. No es infrecuente, además, escuchar a algunos candidatos negar la validez de las encuestas. Eso por lo general sucede cuando los resultados no les favorecen.
Pero es evidente que el valor de toda encuesta está determinado por el grado de profesionalismo y honestidad con que se realiza. Una encuesta electoral es profesional cuando se hace utilizando todos los principios y técnicas de la ciencia estadística moderna. Y es honesta cuando formula las preguntas de manera clara y directa a fin de que las respuestas —correctamente tabuladas y analizadas— sirvan para arrojar luz sobre el verdadero sentir del electorado. En cambio, no tienen valor alguno cuando se hacen solamente para satisfacer los deseos y las preferencias de quienes las pagan. En esos casos no reflejan la verdad de los hechos y por consiguiente son inútiles. Sólo las efectuadas correctamente pueden convertirse en un instrumento de gran valor para las direcciones de campaña de los partidos políticos, al darles información que les permita ajustar su estrategia y tácticas de campaña.
Esta semana salió a luz un sondeo de opinión hecho conjuntamente por el Centro de Investigaciones de la Comunicación (Cinco) y por la firma M&R, empresas dirigidas por el periodista Carlos Fernando Chamorro y el señor Raúl Obregón respectivamente. Dicha encuesta trata de determinar cuál hubiera sido el posible resultado de las elecciones si éstas se hubiesen efectuado entre el 9 de febrero y el 7 de marzo del presente año. En ese caso, el candidato del Frente Sandinista, Daniel Ortega, hubiese obtenido un 30.9 por ciento de los votos, seguido por Enrique Bolaños, del PLC, con un 27.6 por ciento y por Noel Vidaurre, del Partido Conservador, con un 20.4 por ciento. Ellos son los tres candidatos que han sido electos por sus respectivos partidos para participar en las elecciones de noviembre de este año. Sólo queda por verse quién será el candidato del partido Camino Cristiano, en caso de que decida ir sólo a las elecciones y no en alianza con alguna otra fuerza política.
Como señalamos arriba, una encuesta es como una fotografía. Tiende a reflejar aspectos de la opinión pública en un momento determinado. Esa opinión puede variar a través del tiempo, pero hay indicadores que sirven para conocer hasta qué punto puede variar esa opinión en sentido ascendente. Son los llamados “techos electorales”. Para el candidato del Frente Sandinista, la encuesta referida lo ubica unos 5 ó 6 puntos porcentuales sobre su “piso electoral”, sugiriendo que el porcentaje máximo de votos alcanzables por el señor Daniel Ortega podría ser de un 36.2 por ciento. Para el candidato liberal, Enrique Bolaños, aunque tiene potencial de crecer electoralmente, estima también un techo relativamente bajo. Eso significa que podría llegar a alcanzar un porcentaje mayor de votos, pero que sin embargo sería insuficiente como para permitirle alcanzar el triunfo en una sola vuelta. Lo que la encuesta Cinco/M&R sugiere, en todo caso, es que las futuras elecciones serán una competencia muy reñida entre el Frente Sandinista y el PLC.