Douglas [email protected]
Es probable que la idea del canal interoceánico, húmedo o seco, reaparezca en los discursos electorales de Nicaragua durante este año 2001, cuando los aspirantes a ganar la Presidencia de la República tengan que hablar de las debilidades económicas del país y ofrezcan superarlas, porque ha prevalecido la idea de que la solución depende de un megaproyecto.
El gobierno anunció un tercer proyecto de canal, esta vez húmedo, que sería construido en 20 años con un costo todavía inimaginable porque, además de la inversión, habrá que prever los efectos ambientales. Pero aunque una obra de esa magnitud, por vía férrea o acuática, levantaría la economía del país, su realización es incierta por su alto costo y las ventajas de Panamá.
Pío Martínez, sociólogo nicaragüense residente en Holanda, dedicado a proyectos de desarrollo, sostiene que en el negocio del tráfico interoceánico Panamá tiene ventajas frente a todos los países del istmo y posee una carta bajo la manga que sería convertir su canal de esclusas en uno a nivel del mar.
En 1947 Estados Unidos estimó que transformar el canal de Panamá, para dejarlo a nivel del mar, requería una inversión de 2,483 millones de dólares. En 1955 ese costo había subido a 3,688 millones de dólares. Se desconoce cuánto costaría hoy, pero “con seguridad es mucho más barato que abrir un nuevo canal por Colombia o Nicaragua”, dice Martínez.
Desde 1993 dos consorcios privados han propuesto hacer en Nicaragua un canal seco, que consistiría en una vía férrea para transportar contenedores entre dos puertos de las costas del Pacífico y del Atlántico. Para superarlos, el gobierno sugiere ahora construir un canal acuático. En los tres casos, la justificación es que aumentó el tamaño de los barcos y su tráfico y Panamá ya no es capaz de atender con rapidez, mientras el territorio nicaragüense es ideal para una nueva vía.
Se supone que barcos modernos de grandes dimensiones (post Panamá) tienen dificultad para cruzar por Panamá, pero Martínez asegura que esas naves no necesitan esa vía porque el comercio en nuestra región es todavía incipiente y a nivel mundial los volúmenes de carga que ellos transportan son pequeños con relación a la que mueven barcos inferiores.
En última instancia Panamá ya pagó lo invertido en la construcción de su canal y en un caso extremo puede bajar las tarifas al mínimo, para enfrentar cualquier competencia.
La idea de hacer un canal interoceánico es una más de tantas que pueden surgir alrededor de los potenciales naturales de Nicaragua y por esa razón sería bueno evitar que se convierta en una obsesión mientras haya duda sobre su viabilidad, porque tal vez el turismo u otro potencial prometen más y a menor costo.
Para los candidatos a la Presidencia puede ser fácil tejer promesas con miles de nuevos empleos, pero sólo conseguirían aumentar la frustración de muchos nicaragüenses.