- El conservatismo tiene la oportunidad de una alianza orgánica futura con el liberalismo para conformar, si todo marcha bien, el Gran Partido Nacional que marcaría la diferencia política en todo este nuevo siglo
Frank Arana Icaza
Para elaborar estas reflexiones, parto del supuesto de que son ciertas las denuncias de Daniel Ortega, publicadas en los medios de comunicación, de que altos personeros del conservatismo nacional, específicamente los señores Alberto Chamorro Ch. y Carlos Pellas, han sostenido varias conversaciones privadas, una en casa de Jaime Morales y otra en la casa de Pellas, con el Presidente de la Republica y líder del Partido Liberal Constitucionalista, Dr. Arnoldo Alemán L., tendientes a explorar la posibilidad de concretar una Alianza Electoral para concurrir a las elecciones generales del mes de noviembre del 2001.
No me consta la veracidad de tal noticia, aunque el servicio de información de los sandinistas siempre ha sido muy eficaz, debo confesar mi satisfacción, ante la posibilidad de que se haga realidad el entendimiento entre las fuerzas conservadoras y liberales que muchos consideramos representantes de la Democracia en Nicaragua.
Yo soy un conservador que al igual que el Dr. Emilio Álvarez Montalván, Dr. José Adán Guerra Pastora, Ing. Carlos Hurtado, Dn. José Castillo, Abelardo y Emiliano Enríquez, Dr. Donald Lacayo, Dr. Fernando Zelaya R. y Adolfo Calero Portocarrero en la sombra y otros muchos más en toda Nicaragua, ante la posibilidad de un triunfo del FSLN en las elecciones del 96, formamos el movimiento “Conservadores por la Democracia”, que apoyó y contribuyó eficazmente al triunfo electoral del PLC, en la primera vuelta. Después de esa experiencia, respondiendo al deseo conservador nos convertimos en el Partido Alianza Conservadora (ALCON).
Los jóvenes que en ese entonces conformaban la directiva oficial del PC, encabezados por el Dr. Noel Vidaurre, nos vilipendiaron, nos insultaron a como ellos quisieron, y por último, hasta nos expulsaron. No es necesario recordar, el raquítico porcentaje de votos obtenidos por Vidaurre en esa elección, algo así como 40 mil, es decir, escasamente un dos por ciento de la elección general, el fracaso de Julio Ruiz en Matagalpa y de todos los otros en los departamentos del país; nos confirmó plenamente la razón de estar en lo correcto.
En aquella oportunidad, el sumar el voto conservador democrático al voto democrático de los liberales logró su objetivo, demostrando así la justeza, oportunidad y concreta necesidad de esa clase de acuerdo político.
Hoy las circunstancias siguen siendo las mismas, aún cuando la razón y necesidad de esa alianza es mucho más evidente. El resultado de las elecciones municipales nos muestran aritméticamente que el PLC obtuvo alrededor de 650 mil votos, cantidad mayor, en 20 mil votos, a la obtenida por el FSLN. El PC obtuvo casi 200 mil, se comprobó una abstención del 38.5%, normal para este tipo de elecciones municipales, tomando en cuenta la particularidad, que era la primera elección de esta clase en la historia de Nicaragua.
Si en las elecciones generales del 2001 se dieran las mismas condiciones y los partidos democráticos tuvieran estos mismos resultados, juntos los votos conservadores y los liberales serían suficientes para obtener el triunfo electoral en la primera vuelta y un porcentaje cercano al 60%, para lograr el control en la Asamblea Nacional. Es más aún, los indecisos se tornarían en gran porcentaje a esta alianza democrática invencible.
El conservatismo tiene la oportunidad de una alianza orgánica futura con el PLC. Además de conformar, si todo marcha bien, el Gran Partido Nacional, que marcaría la diferencia en todo este nuevo siglo.
Los pactos conservadores-liberales del 50 al 80, fueron muy diferentes. Aquellos eran rechazados por la población, porque los partidos se arreglaban en la composición del gobierno, previamente a las elecciones, lo que eliminaba la competencia y la sorpresa de sus resultados. Lo que hoy se plantea, sería en respuesta a un clamor nacional, sería la alianza de los partidos democráticos de la derecha, para enfrentar la amenazante izquierda organizada en el sandinismo y sus camuflados corifeos.
El esfuerzo de hoy, tendrá el reconocimiento nacional y sería visto como un movimiento patriótico orientado hacia el bien de la nación.
Considero esta “denuncia” de Ortega, una magnifica noticia, para quienes nos identificamos con la democracia y deseamos un régimen de derecho con justicia social para nuestra Nicaragua.
* Conservador-analista.