- Herty Lewites merece un voto de confianza, pero debe cumplir para siempre y no sólo de cara a las elecciones del 2001, plazo que los escépticos le dan a los munícipes sandinistas para ser modelo de gobernantes
Cristiana Chamorro Barrios [email protected]
La victoria del FSLN en las 11 alcaldías de mayor concentración popular, incluyendo Managua, ha sido recibida con desconfianza y preocupación en una población mayoritaria que se espanta con sólo pensar en un posible retorno de los Ortega al poder.
Para recalentar los temores, Daniel Ortega no perdió tiempo en declarar la victoria de los alcaldes sandinistas, como un triunfo personal. Algunos consideran que fue una reacción típica de un Ortega crecido con los resultados electorales. Otros creen que obedece a una estrategia del círculo orteguista para forzar su candidatura única y recordarle a la militancia que el Secretario General no celebra entusiasmos de sandinistas que se alcen con banderas de “independencia” y postulaciones democráticas.
Pero hay una tercera verdad y es que sólo fue un grito más de un caudillo desesperado, desubicado en el tiempo y debilitado en sus pretensiones. Digo esto porque en la victoria de sus soldados, el comandante Ortega tiene que haber sentido una derrota personal. La mayoría de sus alcaldes alcanzaron más votos que la intención de voto que tiene Ortega y ha tenido el sandinismo en los últimos años. El voto cautivo que ofrece Daniel Ortega no fue suficiente. Los candidatos sandinistas ganaron con un discurso de no a la confrontación y una propuesta de convivencia ciudadana que trasciende la vigencia de Ortega como líder de ese partido.
La victoria de los nuevos líderes locales debilita la línea verticalista de los ortodoxos y por eso Ortega cerró filas con el ex director de la Seguridad del Estado para simbólicamente decir: “el Frente soy yo con Lenín Cerna y tenemos control de la situación”. En el fondo, su precipitación evidencia temor ante una inminente insurrección interna de líderes sandinistas que hoy pueden probar que el partido gana sin Ortega. Y “quiero volver a ser presidente, tengo todo el derecho”, agregó para adueñarse de una victoria que es más de otros que suya.
Sin duda, los Ortega-Cerna han copiado que el alcalde Lewites en todos lados dice que Lenín Cerna nada tuvo que ver con la organización de su triunfo electoral. Seguramente reconocen que la gente votó por los candidatos y no por el partido, que hubo un 40 por ciento de abstencionismo en repudio al pacto de Ortega con Alemán, a la impunidad entre caudillos y no tener por quién votar.
En resumen, el orteguismo se encuentra “preocupado” ante un mapa político nuevo en el que su figura más destacada, Herty Lewites, pide un voto de confianza y a cambio ofrece “independencia” del caudillo sandinista. Y en este punto insiste porque sabe que la modernización de las instituciones públicas y su éxito personal sólo será posible debilitando los liderazgos caudillistas y extremos.
Al prometer total independencia del FSLN, Herty Lewites será una referencia importante para la emancipación de sus colegas sandinistas y liberales en las otras cabeceras departamentales. Al mismo tiempo, su plan de gobierno podría convertirse en un modelo para que alcaldes sandinistas, liberales y conservadores se sumen a un programa para restaurar la confianza en los gobiernos locales y devolver prestigio a la función pública.
Herty pide un voto de confianza y promete emanciparse de Daniel Ortega. Pone su credibilidad personal en proporción al grado de emancipación que logre del caudillo sandinista. Si los nicaragüenses no creemos en su palabra, si el supuesto “voto democrático” le cierra el espacio, si no le damos su legitimidad en el poder alcanzado, no le queda otro recurso que volver a los brazos de los Ortega-Cerna y fortalecer la línea dura del FSLN.
Darles un voto de confianza a los alcaldes sandinistas es aceptar que en Nicaragua el pueblo está cambiando y quiso esta vez votar por personas y no en contra de ellas; es reconocer que los militantes de un partido no son todos iguales, sino que hay líderes políticos sandinistas, liberales, conservadores y otros con visión moderna hacia el país, dispuestos a democratizar los partidos. Creer en la palabra de Lewites es darnos un chance para enterrar el sandinismo de hace diez años.
Por otra parte, la victoria del FSLN en los principales departamentos no justifica medallas de oro de la Iglesia, ni la absolución ingenua de ningún otro sector cerrando filas con Arnoldo Alemán, quien sigue siendo el mismo con todos sus pecados capitales en contra del Estado y del pueblo. Además, fue el principal artífice de la derrota de su partido y de las esperanzas de un supuesto “voto democrático” que ha comenzado a promover alianzas en contra de los sandinistas electos sin todavía dar un voto de confianza a la voluntad popular.
Ante el fracaso electoral de Alemán, los liberales demócratas y honestos tienen ahora justas razones para también independizarse de su caudillo. Al igual que los sandinistas independentistas, los líderes del liberalismo tendrán autoridad para pedir un voto de confianza, sólo si se liberan de la trampa de Alemán. De lo contrario, seguirán contribuyendo con su complicidad a la consolidación del otro caudillo desfasado y la hegemonía de un liderazgo corrupto y retrasado.
Hasta ahora los rojos no dan ninguna señal evolutiva. Lo bueno es que en el lado sandinista, Herty levantó su mano ante Ortega, como diciendo “no pasarán”. Merece un voto de confianza, pero debe cumplir para siempre y no sólo de cara a las elecciones del 2001, plazo que los escépticos le dan a los munícipes sandinistas para ser modelo de gobernantes.
Si el alcalde no honra su palabra, Lewites será responsable de una sentencia fatal para los sandinistas que diría así: “hechura y figura, hasta la sepultura”, siguen siendo los mismos. Si Herty cumple, Nicaragua tendrá más confianza en el futuro.