Fabián [email protected]
Un mal menor
Veamos la rebelión Yatama por el lado positivo y pensemos que pudo ser peor. Es que la violencia no comenzó cuando indígenas miskitos asaltaron la casa del PLC en Puerto Cabezas, sino cuando dos partidos se pusieron de acuerdo para avasallar a cualquiera que quisiera disputarles el poder en las urnas. Y pusieron una raya por acá, requisitos inauditos por allá y crearon algo llamado Consejo Supremo Electoral para que proteja sus intereses y esté listo con la puerta para darle en las narices a quien quiera entrar que no sea liberal o sandinista. A lo mejor si se tratara de otro país… Pero, ¡por favor! ¡Estamos en Nicaragua! Un país que durante el siglo que recién pasó vivió al menos cinco guerras nacionales. No es ésta, entiéndase, una apología a la violencia, sólo intento decir que la rebelión de Yatama es un mal menor en un contexto donde un grupo de señores ha jugado con fuego en un cuarto lleno de dinamita. Pudo ser peor. Podría ser peor.
Juego democrático
Recuerden que Yatama es un partido que viene de la guerra, y que hasta hace poco reclamaba sus derechos a balazos, pero que un buen día decidió someterse al llamado juego democrático, aquél donde se supone que los ciudadanos eligen a quien quieren como sus autoridades. Sin embargo, estando con el bate y la manopla en el “juego democrático” le dicen que ellos no pueden jugar en esas ligas porque los cupos están reservados para los que tienen la cuchara por el mango. ¿Qué podíamos esperar? ¿Que se fueran a su casa rumiando su mala suerte?
Cinismo
Discúlpenme pero resulta un tanto cínica la posición del Consejo Supremo Electoral y del Presidente Alemán, diciendo que no se explican la reacción de Yatama si tienen asegurada su participación en las próximas elecciones, o sea las presidenciales. ¿Acaso Yatama está buscando poner un presidente?
Tiro por la culata
Qué cosas, el pacto va a terminar haciendo lo que no han podido hacer las fuerzas que quisieron ser la “Tercera Vía” y cuyos líderes no podían ponerse de acuerdo para definir una casilla única que recogiera el “voto castigo”. Ahora, a fuerza de exclusión, el Partido Conservador pretende este domingo unir ese voto disperso, grande, que no tiene color partidario, voto de rabia, de impotencia, que anda por ahí buscando cómo demostrar su descontento.
Dilema
La suerte del Partido Conservador es que, según lo han demostrado las encuestas, existe un buen porcentaje de la población que no tiene preferencia partidaria alguna y enfrenta un dilema porque no quiere decirle a los liberales o sandinistas que está bien lo que han hecho para que sigan haciendo lo mismo. Quedarse en casa no es opción, porque la abstención beneficia al Frente Sandinista por una simple regla matemática: a menor población votante mayor es el porcentaje de votos del Frente Sandinista, cuyos simpatizantes, apuéstenlo, votarán llueva, truene o relampaguee.