El exilio mexicano

  • Actualmente hay unos 18 millones de mexicanos viviendo fuera de su país. La gran mayoría está en los Estados Unidos

Jorge Ramos Avalos

I parte

MIAMI.- Uno de cada seis mexicanos vive fuera de México. Uno de cada seis mexicanos se convenció que en su país no tenía las oportunidades económicas ni las libertades para prosperar y las fue a buscar a otro lado. Uno de cada seis mexicanos huyó de la pobreza en México. Uno de cada seis mexicanos prefirió jugarse la vida en el extranjero que quedarse como desempleado. Uno de cada seis mexicanos se hartó de los fraudes, el crimen y la corrupción y se fue al norte. Uno de cada seis mexicanos se tuvo que convertir en inmigrante. Uno de cada seis…

Actualmente hay unos 18 millones de mexicanos viviendo fuera de su país. La gran mayoría está aquí en los Estados Unidos. Es un verdadero exilio. Hay más mexicanos fuera de México que en cualquier estado de la república mexicana y con excepción de la capital. El exilio mexicano es tan grande como la población completa de la zona metropolitana de la ciudad de México. Y sigue creciendo.

Un estudio binacional realizado entre los gobiernos de México y los Estados Unidos (Binational Study on Migration) estableció que cada año 105 mil mexicanos se van a vivir al norte. Sin embargo, otros cálculos menos conservadores colocan la cifra de inmigrantes permanentes entre 300 mil y 350 mil.

Nada, por el momento, puede detener esa ola migratoria. Ni las botas de Vicente Fox, George W. Bush y Al Gore, ni nuevas bardas, ni la patrulla fronteriza, ni nada. La migración ilegal de México a los Estados Unidos no es un asunto de leyes o policías sino de oferta y demanda. Mientras falten trabajos bien pagados en México y sobren en los Estados Unidos continuará esa ola migratoria. ¿Quién puede culpar a un trabajador mexicano que gana 40 pesos al día (unos 4 dólares) por querer irse a los Estados Unidos para tratar de ganar esa misma cantidad en sólo media hora o 45 minutos?

La tristemente célebre Operación Guardián, al reforzar la vigilancia de la patrulla fronteriza en ciertos cruces típicos, no ha detenido la inmigración de indocumentados a Estados Unidos. Pero sí ha obligado a los inmigrantes mexicanos a tomar rutas más peligrosas. La inmigración indocumentada es como un globo con agua; si lo aprietan por un lado se va por otro.

Actualmente hay una verdadera masacre en la frontera entre México y los Estados Unidos. Entre 1995 y este año 2000 más de 700 inmigrantes han muerto en la frontera. A dos los vimos morirse frente a una cámara de televisión en el Río Bravo; el resto murió en el anonimato por deshidratación, por frío, por cansancio, por asaltos o por haberse perdido en el desierto y las montañas. Carlos Fuentes decía en su libro El Espejo Enterrado que la frontera entre ambos países es una cicatriz. Pero hoy es, más bien, una herida abierta y sangrante.

Por cada inmigrante detenido pasan dos o tres. Y eso nadie lo va a evitar mientras existan diferencias económicas tan grandes entre un país y otro. Sin embargo, sí hay soluciones a mediano y largo plazo que pueden ayudar a resolver esta crisis migratoria.

El Tratado de Libre Comercio no es suficiente. A quienes lo negociaron les faltaron pantalones para incluir dos temas tabú: el petróleo y la inmigración. El acuerdo no escrito era que Estados Unidos no presionaría a los mexicanos en el tema del petróleo si México desistía de buscar un arreglo migratorio. Pero ese acuerdo acaba de romperse.

Cuando el secretario de energía de los Estados Unidos, Bill Richardson, le insinuó hace unos meses al gobierno mexicano que incrementara su producción de petróleo para que los norteamericanos pagaran menos por la gasolina, le dejó la puerta abierta a México para negociar el asunto de los indocumentados. El mandatario Ernesto Zedillo ya no lo va a hacer; Zedillo es un lame-duck president, un presidente saliente. Además, nunca se atrevió a espinarse la mano con el tema. Le fallaron los lentes; le faltó visión. Pero Vicente Fox, el presidente electo, sí podría negociar un tratado migratorio con los Estados Unidos.

Fox quisiera establecer un plan para abrir la frontera entre ambos países en diez años. Así lo declaró a la cadena de noticias ABC y escandalizó a los círculos más conservadores de los Estados Unidos. La propuesta enfrenta muchísima resistencia pero es realizable. Abrir la frontera suena tan idealista como hace unos meses sonaba la idea de que Fox ganara la presidencia. Estados Unidos y Canadá tienen, en la práctica, una frontera abierta y los países de la Unión Europea han borrado sus límites geográficos. No hay ninguna razón para pensar que México y los Estados Unidos no lo podrían hacer también.

*Jorge Ramos Avalos es el escritor del nuevo libro “La Otra Cara de América; Historias de los inmigrantes latinoamericanos que están cambiando Estados Unidos”

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