¿Qué quieren los nuevos dueños de Nicaragua?

  • La democracia no es la repartición del poder como
    un botín político

Pedro Solórzano

Quienes no conocen la historia, están condenados a repetirla. En la dictadura somocista y en la dictadura sandinista se cerraron los espacios y las oportunidades políticas para establecer regímenes ilegales basados en el autoritarismo y la opresión. Por eso se derrocó al somocismo y por eso se expulsó del poder al FSLN. Esos mismos errores del pasado los cometen ahora, quienes tienen siempre esas mentalidades del siglo pasado: Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.

La democracia no es la repartición del poder como un botín político, el pacto liberosandinista, la exclusión de otras fuerzas políticas a través de reformas legales pero ilegítimas. Democracia es participación de todos los sectores de la sociedad en las decisiones más importantes de la nación. Al cerrarse esos espacios, los ciudadanos no tenemos más opciones que ponernos de frente contra el autoritarismo, el continuismo y la dictadura con llamados cívicos a la conciencia nacional y con las mismas herramientas que la democracia nos permite.

Yo en ningún momento he llamado al pueblo a tomar las armas. He dicho que si se cierran los espacios democráticos que tanta sangre y sacrificio ha costado a los nicaragüenses, entonces volveremos al tenebroso pasado de la guerra, y que parece que los que ahora se creen los nuevos dueños de Nicaragua quieren balas, en vez de votos.

Alguien me llamó “comandante”. Soy un hombre eminentemente civilista, que creo en la democracia, en la participación ciudadana y en los valores de un pueblo ansioso de libertad.

Ese mote de “comandante” no me cabe, porque comandantes son los que nos llevaron a la guerra, los que confiscaron a miles de nicaragüenses injustamente y por los cuales seguimos pagando las consecuencias económicas. “Comandantes” son los que piñatearon y no pueden justificar su dinero y tratan de legitimarlo con un pacto de cúpulas, los corruptos, los que enviaron a miles de nicaragüenses al exilio, los que nos endeudaron internacionalmente y que ahora pretenden erigirse como redentores de un pueblo al que ya crucificaron y oprimieron.

Por lo de “Pedro Carretón”, sí me siento muy orgulloso, porque con ello se ha dignificado a un sector de la población pobre y olvidada, de esa gente pobre, humilde y trabajadora, que será la que ocupe el primer lugar en las prioridades de un próximo gobierno municipal y nacional del Partido Conservador.

Yo estaré al frente de cualquier batalla cívica para defender los derechos de los nicaragüenses y como el principal opositor al cogobierno pactado de sandinistas y liberales constitucionalistas.

El autor es Presidente del Partido Conservador.  

Editorial
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