Deletreándome

Tectónicamente mudo se ha quedado el vientre de la tierra enjambres de pentagramas pautados en mutis…

Nota privada

Augusto, querido amigo: En el parque me encontré un Alma llorando y temblando de hambre y de frío.

Señal para mito oscuro

Se paseaban por paraísos primigenios cuando envidiaban al mortal. Y adquirían forma animal, los dioses, que también eran titanes, héroes, conquistando y amando diosas, musas, ninfas y también mortales ajenas. Amores sísmicos, turbulentos. En las almas de esos dioses soplaba viento humano. El sol gobernó sus mentes y nacieron mitos. Mitos. Mitos.

Madrecita de Acero

Madrecita, eres un roble, eres más fuerte que el acero; yo eternamente te quiero, y seré de tu alma el doble: si tú ríes, ¡yo canto! si tú sufres, ¡yo lloro! Si me faltaras ¡tu aliento espero!

Poema II

Desgarraste mi vieja vestidura grande, raída, mustia y anticuada limpiaste de mi piel las telarañas del abandono y me ungiste con tu aceite y tu mirada.

Crónica perturbada

La virginidad, comprendida como desgracia de segunda mano, es contra naturaleza, eso intuyó aquella tarde, cuando recordaba un pasaje de William Faulkner. La idea original decía: “Las mujeres nunca son vírgenes. La naturaleza es un estado negativo y por tanto contrario a la naturaleza. La virginidad es negativa”. El día había sido bastante similar a todos los demás, lo único diferente eran los recuerdos de las lecturas, y esa idea encontrada en “El ruido y la furia”. Si no perecemos, ¿hacia dónde vamos?, se preguntaba. Salió de su trabajo, de una oficina llena de burocracia y de rostros cáusticos, caminó un poco para dirigirse al parqueo. La tarde era bastante agradable. Los vientos se encontraban y se besaban en todas las direcciones. Descendían desde los muros de aquellos edificios viejos, y se encontraban en los rostros de la muchedumbre almidonada que retornaba a sus nidos.

La Reanudación del Vuelo

Todos escuchamos el golpe seco, interrumpiendo abruptamente nuestra reunión. Algunos de los más curiosos fuimos a ver de qué se trataba. En la parte superior de la ventana, por fuera, había una mancha de un viscoso líquido y unas pocas plumas pegadas, con un pequeño brochazo rojo vivo remarcado en el centro. Sea por instinto morboso o por esperanza banal, algunos nos asomamos para ver si sobre la acera, tres pisos abajo, se veía el cuerpo del ave. Algunas de las plumas pegadas a la ventana revoloteaban al viento, como queriendo liberarse o recordarnos su presencia. “Pobrecito”, dijo una compañera, visiblemente afectada. “Es común —dijo otro, más compuesto— en estos edificios de poca altura sucede mucho que no puedan ver muy largo durante su vuelo y confunden el reflejo con el cielo abierto”. “No fue su culpa —dijo otro. Fuimos nosotros, todos nosotros, con nuestros edificios y nuestras carreteras. Pobre pájaro inocente”.

Era un gato y……

Una mujer estaba sentada sola en la sala de su casa, viendo hacia el infinito galáctico cuántico. Subjetivamente, en sus adentros ella especulaba que no hay nadie más en el mundo. Todos los seres han muerto, eso creía…

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