Carlos Alberto Cerda Gaitán
La virginidad, comprendida como desgracia de segunda mano, es contra naturaleza, eso intuyó aquella tarde, cuando recordaba un pasaje de William Faulkner. La idea original decía: “Las mujeres nunca son vírgenes. La naturaleza es un estado negativo y por tanto contrario a la naturaleza. La virginidad es negativa”. El día había sido bastante similar a todos los demás, lo único diferente eran los recuerdos de las lecturas, y esa idea encontrada en “El ruido y la furia”. Si no perecemos, ¿hacia dónde vamos?, se preguntaba. Salió de su trabajo, de una oficina llena de burocracia y de rostros cáusticos, caminó un poco para dirigirse al parqueo. La tarde era bastante agradable. Los vientos se encontraban y se besaban en todas las direcciones. Descendían desde los muros de aquellos edificios viejos, y se encontraban en los rostros de la muchedumbre almidonada que retornaba a sus nidos.
Faulkner, Faulkner, se repetía en silencio, mientras se acercaba a su destino. Pensaba que la palabra, acallada, escrita o susurrada, podía ser un medio para provocar fraudes, a través de ella se logra crear realidades inexistentes, y este veneno tiene más efecto, cuando el fraude es contra uno mismo. Sacó de su bolsillo con su mano derecha las llaves de su vehículo. Encendió la cosa plateada, con vidrios oscuros, y se dirigió hacia la nada.
Manejó de forma mecánica. Sin radio en el vehículo, se había fundido quién sabe cómo. Seres sin rostros en todo su entorno, faldas y pantalones sin seres. Bastante mecánico el viaje. Crónica perturbada.
El vehículo de adelante avanzó hacia atrás, y provocó el son menos deseado. Apretó sus manos en el timón de su vehículo, y aumentó la intensidad del aire acondicionado, buscó su teléfono, y en fracciones de segundos, mientras tecleaba en una cosa digital, el vehículo de adelante se largó. Suspiró, encogió sus hombros, y se dijo a sí mismo: “Crónica perturbada, ya el día no es igual, el nuevo adorno en la carrocería es signo de la alteración interesante y necesaria”.
Llegó rápido a su nido, y se acostó sobre la grama para ver la caída del día. Crónica perturbada. Alguien, un ser peludo anónimo, antes que él había dejado su marca sólida en su jardín. Después de limpiar la obra espontánea, se dedicó a pensar en algunas palabras: Asertividad, virginidad, naturaleza, Faulkner, culpable o inocente. Crónica perturbada, este anti-relato, acabó.
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