¿El triunfo de Atila?

Este giro antioccidental de la dictadura Murillo-Ortega no es solo el rompimiento con una filosofía, unos valores, y un modo de vida típicos del Occidente cristiano, sino una negación profunda de nuestra identidad nacional, una negación de nuestra nicaraguanidad, de ese pueblo del que decía Darío que aun cree en Jesucristo y habla español.

Los diplomáticos de Nicaragua

No cualquiera es apto para desempeñar tareas de tanta delicadeza y complejidad, como son las diplomáticas. Salvo, por supuesto, en las “repúblicas bananeras” y los Estados autocráticos, tribales y de clanes familiares.

Sandino, la identidad nacional y el antimperialismo

Sandino era antimperialista yanqui, porque ese era el imperialismo que sojuzgaba a Nicaragua. Pero estaba contra todos los imperialismos, y sin duda que si hubiera podido se habría pronunciado contra la dominación del imperialismo comunista soviético en la década 80 del siglo pasado.

¿Nos importa la niña?

Si la oposición antiorteguista quiere erigirse ante el pueblo como una opción política preferible al FSLN, deberá entender que lo opuesto a la mentira es la verdad y no, simplemente, una versión políticamente conveniente de las noticias del 19 Digital.

12 de octubre e identidad nacional

uienes claman y reclaman por hechos criminales que se cometieron contra los indígenas siglos atrás, son los mismos que promueven y toleran la agresión a los pueblos originarios, matan a su gente

Identidad nacional o tiempo perdido

Sin un proyecto histórico movilizador, las atribuciones prevalecen. No se puede calificar a Rubén Darío de “desarraigado”, después de sentir en su poesía las voces del terruño. Es la poesía hecha patria. A esto hay que agregar el discurso nacionalista de Sandino basado en el antimperialismo, el mestizaje y en la lengua como factor de unidad del pueblo hispanoamericano. Los dos, forjadores de nuestra identidad nacional, tan urgente en los movimientos independentistas y de intervención militar. Y más aún en estos tiempos sin utopía ni militancia, donde las marcas comerciales desplazan a las marcas identitarias, sin rubor y bajo nuestra autocomplacencia.

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