¿Quién soy yo para ti?

Hay que preguntarse ¿en qué Iglesia creo y qué es la Iglesia para mí? La fe en Dios, en Jesús, en el Evangelio, en la Iglesia necesita ser revisada constantemente para que no caiga en la monotonía.

Vivir es esperar

No hay cosa peor que una persona, una familia, una comunidad o un país sin esperanza.
Quien nada espera, ya está muerto en vida. No hay tumba más oscura que la desesperación y la apatía. Antes perder la vida que la esperanza.

Renovados en Cristo Resucitado

Si queremos tener la sensación de ser escuchadas y respondidas en la oración, no usemos otro idioma que el que Dios habla: el del amor.

Seamos luz

Los cristianos tenemos que ser misioneros de la luz, dar siempre luz a quienes la necesita. Seamos siempre luz, testigos de la luz que es Jesús.

No vivamos de apariencia

Conocer la pantalla no es conocer la persona: dentro de una bella pantalla, se puede esconder una persona horrible. Dentro de una horrible pantalla se puede esconder una bella persona.

Autoridad en crisis

La gente se asombraba de la doctrina de Jesús porque “Les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas” (Mt. 7, 28-29; Mc. 1, 22)

Llamados a servir

Cuando Jesús se aparece a los discípulos (Jn. 21,1-14) lo hace bajo el simbolismo de la pesca; les recuerda la misión a la que han sido llamados: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres” (Mc. 1,17),

La glorificación del Güegüense

“He aquí un verdadero israelita, en quien no hay ningún doblez”, este piropo, dirigido por Jesús a Natanael, amigo de sus discípulos, es uno de los más elocuentes registrados en los evangelios (Juan 1, 47), y revela el aprecio del Maestro por las personas de una sola pieza: aquellas en las que no hay engaño, treta, duplicidad o simulación. Su aprecio por la sinceridad y el hablar directo —“Sea vuestro modo de hablar sí, sí, o no, no; que lo que pasa de esto, de mal principio procede”— tenía como contrapunto su profundo desagrado ante la hipocresía. Son los que practican la doblez los que reciben sus reproches más severos: “¡Ay de vosotros fariseos hipócritas!”… “Sepulcros blanqueados”.

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