Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Querida Nicaragua: Lo encontré un día radiante de sol en la carretera que va de Ocotal, a Mozonte. Yo iba cómodamente en auto, él venía cargando su alforjita y sus 78 años a pie sobre los nobles caites que siempre usó. Me detuve a saludarlo. A los 78 años no había perdido una hebra de pelo, pero lo tenía blanco. Sonreía junto con su mujer de más o menos la misma edad, el rostro de ambos surcado por un laberinto de arrugas. Los invité a subir al vehículo, hice la maniobra del caso para devolverme y llevarlos a Ocotal. Yo sabía hacia donde iban, y como eran gente conocida y como me ha gustado mucho hablar con ancianos que cuentan historias de verdad y cuentos de mentira, de sustos y de ceguas, íbamos platicando.
En la historia de la humanidad se han registrado billones de noticias; malas y buenas, grandes y pequeñas, de alcance general y limitado. Si hubiese que determinar de todo el universo de noticias a través de los siglos, la más grande y la mejor, ¿competiría alguna con la Navidad?
Diciembre es el mes de la esperanza y la nostalgia. Esperamos que la buenaventura sea esparcida con motivo de la conmemoración del nacimiento del Hijo de Dios, y evocamos en cada Nochebuena otras embellecidas en el recuerdo.
Debo reconocer y lo manifiesto con total sinceridad, que a mi juicio y lamentablemente la buena intención y la definida entrega de reconocidos servidores de nuestro Poder Judicial en la elaboración previa a las discusiones de rigor para culminar un instrumento legal de mucha categoría, como es en el presente caso, este comentario acerca del Código de Ética de los funcionarios y empleados del Poder Judicial de la República de Nicaragua.
A Jesús de Nazareth, cuyo nacimiento se celebra con las fiestas anuales de Navidad, lo vinculan algunos estudiosos de las religiones y la mitología con ciertos dioses mitológicos de la antigüedad: Helios, Apolo y Dionisios, de la mitología griega; Horus, de la mitología egipcia; Mitra, de la mitología persa; y Huitzilopochtli, de la mitología azteca.
“El país pasa a ser una monarquía, me designo rey y destruiré la luna porque no me gusta”, anuncia con desparpajo el dictador. “¡Un momento! Negociemos. El país no puede pasar a ser una monarquía con rey y todo, sería un retroceso, y mucho menos estamos de acuerdo con que se destruya la luna. Es una locura”, reclama el líder de los empresarios. “Ok. Negociemos”, cede el dictador. Horas más tarde el líder de los empresarios llama a una conferencia de prensa para anunciar alegremente: “¡Hemos salvado a la luna!”
A finales de 1999 coincidí en un vuelo de Washington a Miami con Luigi R. Einaudi. Él viajaba a Tegucigalpa y yo a Managua.
Querida Nicaragua: En la Roma de los césares, los hombres y mujeres de la oligarquía, los que rodeaban al César, vivían en la opulencia, entre comilonas, orgías y borracheras. El pueblo romano en cambio, vivía en la extrema pobreza, durmiendo bajo los puentes, buscando mendrugos de pan y vistiendo en harapos. Cuando ya no resistía, la gente se rebelaba pidiendo que el César les diera pan, les diera el sustento, ya que no había una organización social capaz de impulsar la producción y el ordenamiento laboral que pudiera dar trabajo y remunerar a tanta gente que buscaba el sustento diario.
Toda la controversia sobre las reformas constitucionales se podría reducir a un solo tema: el consenso. Una constitución puede favorecer la democracia o la monarquía, la reelección indefinida o la alternabilidad en el poder. Pero lo más importante es que refleje, de la mejor manera posible, el consenso nacional; aquello donde la mayoría de la gente está de acuerdo.
El libro póstumo recién publicado de Guillermo Cabrera Infante se titula Mapa dibujado por un espía pero debería llamarse más bien “El mapa de la tristeza” por el sentimiento de soledad, amargura, indefensión e incertidumbre que lo impregna de principio a fin.