Querida Nicaragua: En la Roma de los césares, los hombres y mujeres de la oligarquía, los que rodeaban al César, vivían en la opulencia, entre comilonas, orgías y borracheras. El pueblo romano en cambio, vivía en la extrema pobreza, durmiendo bajo los puentes, buscando mendrugos de pan y vistiendo en harapos. Cuando ya no resistía, la gente se rebelaba pidiendo que el César les diera pan, les diera el sustento, ya que no había una organización social capaz de impulsar la producción y el ordenamiento laboral que pudiera dar trabajo y remunerar a tanta gente que buscaba el sustento diario.
Los césares calmaban la ira popular regalando toneladas de trigo para que la gente pudiera hacer el pan nuestro de cada día, pero además del pan les daba espectáculos circenses. Había enormes circos donde los romanos divertían al pueblo para que olvidara sus desgracias. No solo estaba el Coliseo, cuyas ruinas podíamos ver antes en las postales de Roma y ahora, con solo pulsar una tecla en internet. Los romanos tenían varios circos y el mayor de ellos era el de Máximo con capacidad para más de 300 mil personas.
Había grandiosos espectáculos, combates de gladiadores, carreras de cuadrigas, luchas de fieras, representaciones teatrales abundantes en danzas y en bufones. Los gladiadores luchaban hasta la muerte, y el ganador era coronado por el propio César, mientras el público aplaudía y gritaba entusiasmado. Se organizaban espectáculos con fieras hambrientas, leones principalmente, atacando a los cristianos en una carnicería inclemente y cruel como nunca se ha visto. Esos eran los circos de los romanos y los espectáculos con los que divertían a la gente.
Estos espectáculos multitudinarios y crueles y la repartición de trigo se convirtieron en dos grandes herramientas de control social, como quien dice que con estos elementos adormecían a los pueblos miserables. Es lo que tradicionalmente en política se ha llamado “pan y circo”.
Poco a poco esta cruel expresión imperial fue terminando. En el siglo III Roma entra en crisis. Constantino prohibió la condena a muerte ante las fieras, como se acostumbraba con los cristianos. Y poco a poco el pan y el circo, con el tiempo dejaron de ser instrumentos para adormecer al pueblo romano.
De aquellos tiempos al mundo de hoy han transcurrido veinte siglos. Las prácticas brutales de los enfrentamientos a muerte, de los espectáculos circenses y repartición de trigo quedaron para la historia.
Hoy en día los dictadores tienen formas más sutiles y el pueblo es atraído de forma diferente. El circo de ahora es pura diversión sana: que un juego de futbol internacional, que un espectáculo musical con una banda juvenil, que un parque con muchas diversiones donde van los niños con sus padres y familiares, todo conducido sutilmente de manera que las mentes reciban un claro mensaje político: este es el gobierno de los pobres, este es el pueblo presidente. Y ahora no reparten trigo, reparten todo género de granos, golosinas y vituallas para el hogar, sobre todo en diciembre, el mes de las purísimas. Al final de estas reparticiones surgen los reporteros de los medios oficialistas entrevistando, y le preguntan a una humilde señora su criterio sobre el nuevo estilo de diversiones y regalos recibidos, y la respuesta es obvia. “Gracias a Dios, dice la entrevistada, y al compañero presidente Daniel y a la compañera Rosario. Ellos son los únicos que se acuerdan de los pobres”.
El mensaje está clarísimo, y repetido en cinco canales de televisión y en un centenar de emisoras danielistas en todo el país, pretende conquistar para el partido a toda la población.
Pero la pobreza sigue y la pobreza extrema también, porque no se puede dar pan todo el año. Es más fácil el circo que el pan. El circo es permanente y todos pueden verlo. El pan no ajusta para tantos. El autor es gerente de radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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