Fabio Gadea Mantilla

Don Dominguito

Querida Nicaragua: Lo encontré un día radiante de sol en la carretera que va de Ocotal, a Mozonte. Yo iba cómodamente en auto, él venía cargando su alforjita y sus 78 años a pie sobre los nobles caites que siempre usó. Me detuve a saludarlo. A los 78 años no había perdido una hebra de pelo, pero lo tenía blanco. Sonreía junto con su mujer de más o menos la misma edad, el rostro de ambos surcado por un laberinto de arrugas. Los invité a subir al vehículo, hice la maniobra del caso para devolverme y llevarlos a Ocotal. Yo sabía hacia donde iban, y como eran gente conocida y como me ha gustado mucho hablar con ancianos que cuentan historias de verdad y cuentos de mentira, de sustos y de ceguas, íbamos platicando.

—Voy a ver a la Elenita—, me dijo. Elenita era mi madre a quien don Dominguito conocía desde tierna, la había visto nacer en 1903, cuando era empleado (sirviente, les llamaban antes) de mi abuelo materno, el doctor Manuel Mantilla Calderón. Don Dominguito había chineado a mi madre cuando era una niña y ese gran cariño por ella le duró toda la vida.

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Aquel anciano, don Dominguito, era como un libro abierto pues contaba historias de las guerras que había vivido. Nunca un rato de sosiego, decía, nunca llegó la paz que todos prometían. Siempre había proclamas y revoluciones de los hombres que no estaban en el poder contra los que sí estaban. “Ay, amigo, me dijo don Dominguito. Eso era horrible.”

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Ahora corrían los años cincuenta del pasado siglo. Mi madre tenía 47 años y don Dominguito 78. Me acordé de Carlos Mejía cuando miré la alforja de cabuya cargadita de ilusiones, de nancites y capulines que traía aquel anciano tan presente en mis recuerdos.

Don Dominguito había acompañado a mi abuelo Manuel en la agobiante ruta de los estudiantes de antaño, saliendo a lomo de mula en gira de tres días para llegar a El Sauce, en verano, cuando no estaban crecidos los ríos, y luego en tren a León. Don Dominguito hacía el viaje de regreso trayendo la bestia en la cual había viajado mi abuelo.

Aquel anciano era como un libro abierto pues contaba historias de las guerras que había vivido. Nunca un rato de sosiego, decía, nunca llegó la paz que todos prometían. “Siempre había proclamas y revoluciones de los hombres que no estaban en el poder contra los que sí estaban. Subían los liberales, empezaban a perseguir a los conservadores. Subían los conservadores y empezaban a perseguir a los liberales. Unos y otros confiscaban fincas enteras, se robaban todo el ganado, los trapiches, las carretas, las bestias, todo con el pretexto de la guerra. Ningún partido es mejor que el otro, amigo, me decía, los dos son cortados con la misma tijera”.

Eran los días de navidad y don Dominguito y su señora venían a ver al Niño Dios y a la Elenita. Ahí se quedaban todo el día en la casa nuestra y luego en la tarde se iban, otra vez a pie, a Mozonte, a unos seis kilómetros de Ocotal. Al fondo de la cocina hablábamos largamente y le toqué el tema de los tiempos de Sandino.

“Ay amigo, me dijo. Eso era horrible. No se podía asomar la nariz en un camino porque podía aparecer el temible Pedrón Altamirano cortando cabezas. Muchas veces aparecían las cabezas ensartadas en los postes de los potreros. Pedrón era asesino, pero Sandino no. Y la verdá, él derrotó a los machos, los sacó de Nicaragua”.

Y quiero decirle algo. Y bajando el tono de la voz, casi en un susurro me dijo: “muchos hablan mal de Somoza, y yo no sé si este presidente será bueno o malo. Lo que sé es que desde que él se hizo presidente aquí hay tranquilidad, tenemos nuestros siembritos, vendemos las verduras en el mercado, caminamos sin miedo. Después de tanta guerra, al fin vivimos en paz”. Y yo, opositor a Somoza no quise decirle nada. Don Dominguito no entendía de política, tan sólo quería sembrar su tierrita, comer en paz y andar tranquilo por aquellos caminos aromados de pinos y de pájaros. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.

Columna del día Opinión cartas de amor Fabio Gadea archivo

COMENTARIOS

  1. ONOFRE GUTIERREZ
    Hace 13 años

    REcordado Fabio: Primero mis mejores deseos para que esta Navudad continue bendiciendo tus labors y si vas a Misa reza por tus amigos de Radio Catolica de los sesenta. Pide también que más oraciones que sacrificios. PUEDEN LOGRARSE PARATODOS. Nás las merecen las clases de gente como tu Amigo Dominguito. sEsos hombres y mujeres quevivieron al lado de nustros antepasados, como don Joaquín, recuerdas? Eran Angeles a quienes no les importó ningún mal. NicaRAGUA ESTá LLENA DE ELLOS.

  2. erwin zavala
    Hace 13 años

    Sr Don Fabio Gadea Mantilla, muy bonito su relato, le deseo una feliz navidad y un prospero 2014.

  3. Rodrigo Grillo
    Hace 13 años

    Hay una incongruencia en estas memorias. Dice el señor que «Mi madre tenía 47 años y don Dominguito 78» Entonces era 1950. Pues antes nos dice que su mamá nació en 1903. Pero en 1950 no pudo acordarse «de Carlos Mejía cuando miré la alforja de cabuya cargadita de ilusiones», pues se popularizó la canción de Carlos Mejía acerca de la alforja campesina hasta la década de los 60. Es evidente que es un error.

  4. Roberto Moncada
    Hace 13 años

    Otra incongruencia tambien es que éste señor de 78 años ( hoy en el 2013 ) cuando murió Sandino el 21 de feb de 1934 debe haber tenido si restamos 2013 menos 1934 llegamos a cifra de 79 años entonces Dominquito no había nacido ( porque hoy el 2013 tiene 78 años según el relato de Don Fabio ) y Pedrón Altamirano le cortarón su cabeza sus propios ayudantes en 1937 después de tres años de haber huyido de la GN ( o sea desde 1934 ) en 1937 Dominquito era un niño de dos años , su rela

  5. juana Perez
    Hace 13 años

    De veras que los politicos se enredan en sus historias. Ahora que con Somoza estabamos mejor? No Mr. Gadea ni con Somoza, ni con los liberales, ni con los democratas, y muchisimo menos con los sandinistas nunca hemos estado bien. Con esa cualidad que tienen los politicos nicaraguenses de hacerse ricos al llegar al poder, se olvidan realmente que el pueblo les concede el vote para servir. Quizas Dominguito se contentaria con sembrar su tierra y vivir en paz, pero nuestros jovenes aspiran a mas

  6. Guillermo Rosales
    Hace 13 años

    A Roberto moncada: don dominguito tenia 78 anos en la decada de Los 50’s

  7. Facundo
    Hace 13 años

    El comentario de Rodrigo nos aclara algunas cosas, pero Roberto las vuelve a confundir; tal vez lo que don Fabio quiso decir es que la canción de Carlos Mejia le recordó a don Dominguito y no al revés. Ahora si alguien encuentra mas incoherencias, no debemos descartar que se trate de un cuento mas. Feliz Navidad

  8. Carlos
    Hace 13 años

    Rodrigo aclara; Juana se enoja; Roberto confunde; Guillermo corrige y Facundo «la embarra». Se nos hace necesario que Rodrigo vuelva a aclarar; y si no, pues que sea el mismo don Fabio aclare de una vez.

  9. Denso
    Hace 13 años

    Ya le estan quitando lo sabroso del relato de DonFabio,Guillermo dijo algo sensato y creo que Don Fabio al momento de escribir el relato ,le recordo la cancion de Carlos Mejia con las alforjas campesinas al hombro de Dominguito,asi de simple

  10. lorena
    Hace 13 años

    Bonito relato, Don Dominguito es el ejemplo del nicaragüense humilde, honesto, trabajador, lamentblemente una especie en extinción

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