Víctor Corcoba Herrero


Calmar los ánimos y educar para la paz

En consecuencia, urge suspender batallas innecesarias, crueldades que no vienen al caso, para sembrar otro brío que injerte docilidad en vez de rebeldía… Los derechos humanos deben perdurar en todo instante y situación, por impetuosos que nos parezcan. Estos valores y principios humanitarios moran, por consiguiente, en nuestra conciencia.

La guerra es un tremendo mal de males

Tenemos que hermanarnos, salir de este enfermizo calvario dominador, por el camino de la mano tendida y el corazón en diálogo. Naturalmente para sustentar el principio fraterno, se requiere de otras mentalidades, además de otras visiones políticas menos contaminadas por la codicia del poder, las ideologías o por los propios privilegios de los poderosos.

Cuidarnos y cuidarse

Sin duda, la mayor cárcel radica en nuestro propio mundo, donde todo se compra y se vende, se malgasta y se desaprovecha. Aprendamos, pues, a ser cantautores alegres, poetas de alma y vida.

Respeto a las diversas áreas existenciales

Sabemos ahora que los activos espaciales son herramientas poderosas para la investigación climática, la ciencia y la acción; pero, para ello, necesitamos amarrarnos el timón de la savia a las cuerdas del amor y a los aires de la tolerancia.

Tiempo de prueba; momento de opción

Hoy más que nunca hace falta reforzar el entendimiento y el apoyo entre sí, volver a ser gentes de hondura, para restablecer por todos los rincones del planeta instituciones democráticas creíbles.

Momento de transición

Si somos latidos, como el corazón así nos lo indica, nos requerimos mutuamente, al menos para formar ese himno perpetuo. Tampoco hay mejor argumento, para una viva pauta vivencial, que el animarse universalmente y reanimarse armónicamente.