Tiempo de prueba; momento de opción
Hoy más que nunca hace falta reforzar el entendimiento y el apoyo entre sí, volver a ser gentes de hondura, para restablecer por todos los rincones del planeta instituciones democráticas creíbles.
Hoy más que nunca hace falta reforzar el entendimiento y el apoyo entre sí, volver a ser gentes de hondura, para restablecer por todos los rincones del planeta instituciones democráticas creíbles.
Si somos latidos, como el corazón así nos lo indica, nos requerimos mutuamente, al menos para formar ese himno perpetuo. Tampoco hay mejor argumento, para una viva pauta vivencial, que el animarse universalmente y reanimarse armónicamente.
Tenemos que darle a nuestro quehacer diario el ritmo sanador de dejarnos acompañar y la sinfonía poética de transmitir valores. Por ello, es vital concebir el hogar común como parte de nuestra existencia.
Sólo hay que ver que la mitad de la humanidad vive en países que se ven obligados a padecer el virus más tormentoso, pues se sienten forzados a gastar más en el servicio de su deuda que en salud y educación, lo que significa nada menos que un desastre para el desarrollo.
La pobreza más grande es la guerra, una miseria que destruye, lo que nos exige un cambio de actitudes y de sincero diálogo, buscando esa armonía que injerta la decencia, que es como en realidad se reduce el fanatismo.
La vida no depende de lo que se posee, más bien pende de la capacidad de entrega a los demás, con obras que no se olvidan, propias de un hacer para que nazca el ansiado hogar humano.