Conocerse y sumergirse
Tenemos que darle a nuestro quehacer diario el ritmo sanador de dejarnos acompañar y la sinfonía poética de transmitir valores. Por ello, es vital concebir el hogar común como parte de nuestra existencia.
Tenemos que darle a nuestro quehacer diario el ritmo sanador de dejarnos acompañar y la sinfonía poética de transmitir valores. Por ello, es vital concebir el hogar común como parte de nuestra existencia.
Sólo hay que ver que la mitad de la humanidad vive en países que se ven obligados a padecer el virus más tormentoso, pues se sienten forzados a gastar más en el servicio de su deuda que en salud y educación, lo que significa nada menos que un desastre para el desarrollo.
La pobreza más grande es la guerra, una miseria que destruye, lo que nos exige un cambio de actitudes y de sincero diálogo, buscando esa armonía que injerta la decencia, que es como en realidad se reduce el fanatismo.
La vida no depende de lo que se posee, más bien pende de la capacidad de entrega a los demás, con obras que no se olvidan, propias de un hacer para que nazca el ansiado hogar humano.
Una manera de aminorar los desajustes, pasa porque los gobiernos aseguren un empleo a cualquier persona que esté dispuesta a trabajar y sea capaz de hacerlo. En cualquier caso, jamás trunquemos alas, dejemos volar los anhelos para combatir la pobreza.
El amor todo lo cura, es cuestión de cultivarlo, cada uno con su propio latido, como descendientes de esta misma tierra que nos cobija a todos. Hermanarse es lo natural para hacer genealogía eterna y perpetua biografía incorporada.