Somos agentes de cambio; pero hagámoslo desde el respeto
Contemplar es lo que nos engrandece el corazón y nos hace discernir, aplanar las tapias de la hostilidad y vencer la arrogancia con la humildad. Ahí radica, la verdadera fibra del cambio.
Contemplar es lo que nos engrandece el corazón y nos hace discernir, aplanar las tapias de la hostilidad y vencer la arrogancia con la humildad. Ahí radica, la verdadera fibra del cambio.
La calidad del desarrollo ha de medirse por su capacidad de mantenernos humanos, que es lo que fomenta la unión y la unidad, favoreciendo condiciones existenciales dignas, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, atención y cuidado de la creación.
Nadie debería ser dejado en el camino de la indiferencia, hemos de escucharnos, para servir y cuidar el bien común. No olvidemos que, el trabajo, es tanto un deber como un derecho universal; y, como tal, en un diálogo que también debería reunir a directorios y peones, ha de estar toda la ciudadanía asistida.
En efecto, hoy más que nunca, atormenta pensar en cuánta gente se aleja sin clemencia alguna de ancianos, niños, trabajadores, discapacitados…; además, por si esto fuera poco, resulta escandaloso el derroche de las cosas. Más allá de los intereses individualistas, de la apatía y de la desgana ante las situaciones críticas, exijamos opciones políticas que […]
Lo capital es saber acogerse y recogerse, compartir y donarse con los brazos abiertos, elevados hacia lo celeste, hacia esa vida anímica, que es lo que realmente nos fraterniza, estimando al prójimo hasta volverlo próximo. Esto nos requiere más desprendimiento que avaricia.
La razón y no la fuerza deben decidir la suerte de los pueblos. Trabajemos los vínculos, fomentemos los acuerdos y las negociaciones, el arbitraje y no el ultraje; laboremos esa mentalidad pública, esa conciencia común que nos da ánimo, para un buen hacer y un mejor obrar.