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La vida de la familia Estrada Ríos está paralizada. Desde aquel 21 de agosto de 2026 en que unos hombres armados secuestraron a Dodani, el menor del clan, no ha habido paz en su casa ni en sus vidas. La más afectada es su madre, doña Martha Ríos, de 55 años y quien en más de una ocasión ya ha ido a parar al hospital por el estrés de no saber cuál ha sido la suerte de su cumiche.
La hermana de Dodani, Cristina, asegura que ella también ha estado en depresión y bajo estrés constante desde que se lo llevaron, o más bien, desde que recibieron la llamada de unos hombres pidiendo 10,000 dólares para entregarlo con vida.
«A mí me ha pegado muy duro porque él y yo somos como una misma persona», dice Cristina, mientras recuerda cómo junto a su hermano salía a pasear a la playa, tomaban juntos el café de la mañana y el de la tarde, se compartían sus secretos e incluso eran cómplices en las travesuras desde niños.

Esta familia de nicaragüenses tiene más de tres décadas establecida en Costa Rica. Son originarios de Villanueva, Chinandega, pero doña Martha llegó al vecino país en la década del noventa buscando mejores oportunidades económicas. Poco a poco se fue llevando a sus siete hijos, incluida Cristina, de 30 años, y Dodani, de 22, recién cumplidos el pasado 29 de agosto cuando ya estaba en cautiverio.
La familia no pudo celebrarle el cumpleaños a Dodani. Más bien, para esos días estaban todavía tratando de juntar los 10,000 dólares que pedían los secuestradores para regresarlo con vida. Sin embargo, no volvieron a comunicarse y hasta la fecha no saben absolutamente nada del joven.
«Es como si la tierra se lo tragó. No hay nada de nada», se queja su hermana Cristina. Las autoridades costarricenses a través del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) están investigando el caso como un posible secuestro y mantienen a Dodani Estrada en sus fichas de desaparecido.
La oficina de prensa del OIJ aclaró a la Revista DOMINGO que por ser un caso en investigación no pueden brindar detalles sobre los hallazgos o pistas que tienen, pero sí aseguraron que no tienen actualización por ahora. Para la familia, esto es igual a no saber nada.
«El OIJ no dice nada. Solo que no tienen nada nuevo, que están trabajando en el caso. Lo mismo de siempre desde el principio», detalla Cristina, quien confía que su hermano está con vida y tarde o temprano aparecerá nuevamente para ir a tomar café con ella y acompañándola en sus tareas diarias.
Caso Dodani Estrada
Dodani Estrada Ríos es un joven atleta nicaragüense que vive en Costa Rica desde que era un niño. A los 8 años empezó a practicar senderismo y atletismo en Santa María de Dota, un pueblo de montaña y cafetalero en la zona central de ese país.
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El joven primero empezó a correr en pista, pero luego se pasó al trail running, que es una categoría de atletismo de montaña, y se fue destacando hasta apropiarse de los mejores tiempos en cada competencia. Con el tiempo se fue convirtiendo en uno de los prospectos de este deporte en Costa Rica.
En los últimos años, Dodani incluso fue a competir a Nicaragua en algunos eventos organizados por el Instituto de Turismo (Intur), sobre todo en la zona de Masaya y Granada en donde anualmente se hacen competencias de carrera de montaña.

Ni en su familia ni en la comunidad de atletismo costarricense le conocen vicios o “malas andanzas”. Por el contrario, lo reconocen como un joven dedicado al deporte, que cuida de su salud. “Yo nunca lo vi tomar ni fumar”, dijo su entrenador César Luis Miravete a la Revista DOMINGO en agosto de este año.
Sin embargo, su vida, su carrera deportiva y la vida de su familia quedó en pausa desde hace 82 días y contando.
Aquel viernes 21 de agosto de 2026, el joven se movilizaba en un taxi desde Santa María de Dota hasta Sarapiquí, a unos 131 kilómetros al norte. En el camino, en una zona llamada Horquetas, el vehículo fue detenido por hombres armados. Lo bajaron a él y al conductor, y se los llevaron.
Horas después, los secuestradores liberaron solo al taxista y se quedaron con Dodani. Desde entonces la familia comenzó a recibir llamadas telefónicas pidiendo una recompensa de 10,000 dólares para liberarlo.
Cristina cuenta que recibieron cuatro llamadas en total. La última fue el sábado 22 de agosto a mediodía y desde entonces no ha habido más comunicación hasta la fecha. «Les dijimos que íbamos a recoger el dinero, pero ya ellos no volvieron a llamar», comenta.
Los únicos avances que ha conseguido el OIJ fue la detención de tres sospechosos cerca de la zona en la que desapareció el joven. Se realizaron algunos allanamientos en viviendas cercanas, pero nada certero que los lleve a dar con el paradero de Dodani.
En un inicio se creyó que el taxista estuvo involucrado, pero luego el OIJ lo descartó y más bien lo ubican como una víctima colateral que solo prestó el servicio de taxis, pues el objetivo de los secuestradores era Dodani, aunque todavía no estén claras las razones.
Por otro lado, Cristina cuenta que el OIJ ha estado en comunicación constante con el taxista para tratar de encontrar más pistas. No han tenido mucho éxito hasta el momento. «La versión del taxista es que iban a recoger una muchacha, pero la muchacha nunca apareció y se fueron (hacia Sarapiquí) y no saben nada más».
Angustia familiar
La más afectada en la familia con la situación que vive Dodani es su madre, Martha. «Ella llora todos los días. Ha estado muy estresada y se enferma. La hemos llevado al doctor varias veces por todo el estrés que está sufriendo», explica Cristina.
Sus familiares tratan de mantenerla alejada de las noticias trágicas, sobre todo las que tienen que ver con secuestros como el de su hijo, los cuales en Costa Rica se están volviendo cada vez más comunes.
Después de cada llamada con el OIJ, doña Martha se queda fatal. El estancamiento del caso solamente ha generado mayor angustia en la familia.

Tratan de no hablar del tema, pero en el hogar siempre está presente el fantasma del secuestro de Dodani. Su cuarto vacío; la ropa tendida con el olor de su perfume; sus zapatos verdes con los que salía a entrenar; el sonido cuando chocan las medallas colgadas en la pared. Todo eso les recuerda que Dodani no está en el hogar.
«Todos los hermanos somos muy unidos, pero él y yo más», dice Cristina, a quien también le parece extraño que esa tarde en que Dodani salió rumbo a Sarapiquí él no le hubiese contado a ella de su viaje y tampoco qué iba a hacer.
La familia insiste en que después de que se lo llevaron su vida está en pausa. «Queremos ya que aparezca o saber qué pasó para uno ya poder vivir en paz y con la verdad», detalla Cristina.
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Y mientras la angustia de la familia crece, la investigación no avanza. Esperar es todo lo que pueden hacer por ahora. «Confío en que ellos están trabajando en el caso, aunque no nos puedan dar nada en concreto, pero sí sé que están trabajando en el caso y dicen que no lo van a cerrar hasta que sepamos qué fue lo que pasó con mi hermano», señala Cristina.
De lo que sí están claros, asegura Cristina, es que su hermano no está muerto a como muchos vecinos o conocidos de Dodani suponen, sobre todo por la cantidad de días en que lleva desaparecido. «Tengo la fe de que en cualquier momento aparecerá. Yo sí confío en que él está vivo», comenta.
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