Julio Francisco Jiménez Zúniga no ha vuelto a mover la mano ni la pierna izquierdas desde el pasado 9 de marzo, cuando una camioneta conducida por el exseleccionado nacional de fútbol Jason Telémaco Ingram Oporta, ebrio, se pasó un semáforo en rojo en la Carretera a Masaya y embistió su vehículo.
Ingram fue condenado a dos años de cárcel, pero salió antes en un indulto colectivo. En lo que va de 2026, el régimen ha excarcelado a 7,900 reos comunes antes de que cumplieran sus penas por diversos delitos contra otras personas, como el de Ingram contra Jiménez.
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Según un acta presentada ante la Oficina de Recepción y Distribución de Causas y Escritos (ORDICE) del Complejo Judicial Central de Managua, el beneficio le fue otorgado el 24 de julio del año en curso.
Para entonces, Ingram había pasado poco más de cuatro meses tras las rejas. Primero estuvo en prisión preventiva y después cumplió parte de la pena en el Sistema Penitenciario Jorge Navarro, La Modelo, en Tipitapa.

Víctimas permanentes
Las víctimas del choque siguen con las secuelas del accidente. Julio Francisco Jiménez Zúniga, conductor del vehículo impactado, quedó en estado vegetal, según han denunciado sus familiares ante los propios medios oficialistas.
Ana Lucía Campos Zepeda, quien viajaba con Ingram, sufrió fracturas en ambas manos y ha requerido tratamiento sicológico por estrés postraumático después de la colisión.
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Revista Domingo buscó una entrevista con la familia afectada, pero no respondieron las solicitudes de información a través de las redes sociales.
En declaraciones a un canal del oficialismo, la esposa de Julio Francisco dijo en septiembre pasado que el accidente provocó daños irreversibles en la víctima y que los médicos estiman que una recuperación total “es casi imposible”.
El caso ha generado cuestionamientos en redes sociales por la gravedad de las lesiones y el poco tiempo que el responsable pasó en prisión.

Jugador problemático
Ingram es originario de Bluefields y fue lateral izquierdo en varios de los principales clubes del país, de donde ha salido despedido por bajo rendimiento y conducta antideportiva fuera de la cancha.
En las redes sociales circulan videos de él en trifulcas callejeras y abundan versiones de conflictos y escándalos de borrachera.
Tampoco respondió a las solicitudes de declaraciones en las dos cuentas de Facebook donde solía postear sus estados.
Algunas publicaciones hablaron de una colisión múltiple que involucró a tres vehículos antes de embestir a Jiménez. Otras versiones de noticias rojas aseguraron que Ingram viajaba con tres mujeres que abandonaron el lugar y que el propio futbolista intentó huir luego del choque.
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La noche del accidente
El accidente ocurrió la noche del 9 de marzo de 2026 en el kilómetro 13.5 de la carretera a Masaya.
Según la acusación del Ministerio Público, Ingram conducía una camioneta Mitsubishi Outlander a exceso de velocidad y no respetó un semáforo en rojo, estrellándose contra el otro vehículo.
La prueba de alcoholemia registró 1.08 gramos de alcohol por litro de sangre. Es decir, más del doble del límite de 0.50 gramos establecido por la Policía de Tránsito.
El conductor del otro vehículo, Julio Francisco Jiménez Zúniga, fue trasladado de emergencia a un hospital e ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos. Los primeros reportes lo describieron como un hombre mayor en estado crítico.
Con el paso de las semanas, su familia denunció que había quedado “en estado vegetal”; Ana Lucía Campos Zepeda, su acompañante, resultó con fracturas en las dos manos.
La acusación fiscal no recogió en el expediente esas versiones y limitó la acusación a conducir en estado de ebriedad y provocar un accidente.
En ese momento Ingram jugaba para la UNAN-Managua en la Liga Primera, el torneo de máxima categoría del fútbol nicaragüense.

El juicio
El proceso se llevó en el Juzgado Único de Ticuantepe, a cargo de la jueza Judith Paniagua el 20 de marzo.
Ingram fue acusado por la Fiscalía por el delito de lesiones imprudentes y durante el juicio admitió su responsabilidad en el accidente.
La Fiscalía había pedido tres años de prisión y la suspensión permanente de su licencia de conducir. El 24 de marzo la judicial resolvió imponer dos años de cárcel y la suspensión de la licencia mientras durara el régimen carcelario.
Los medios oficialistas no informaron si las víctimas recibieron algún tipo de reparación económica, ni si la familia de Jiménez Zúniga recibió notificación antes de la excarcelación.
Indultos a granel
Desde 2018, año en que inició la extensa crisis de derechos humanos en Nicaragua, el régimen recurre con regularidad a excarcelaciones masivas de reos comunes bajo la figura de «convivencia familiar», anunciadas por lo general en fechas cercanas a celebraciones oficiales.
En lo que va de 2026, la dictadura ha excarcelado a 7.900 reos comunes con sentencia firme bajo el régimen de convivencia familiar, según cifras del Ministerio del Interior divulgadas por la agencia EFE.
Las liberaciones se hacen regularmente en fechas especiales: en febrero por el Día del Amor y la Amistad; en abril o marzo, previo a la Semana Santa; en mayo, cerca del Día de la Madre que se celebra cada 30 de ese mes.
Otra tanda se anuncia en julio, en la víspera del aniversario de la Revolución Sandinista y se repite en septiembre por las Fiestas Patrias y en diciembre con motivo de Navidad y Fin de Año.
El año pasado la cifra fue mayor: 9,900 excarcelados en 2025, el número más alto desde 2018.
Según los datos oficiales, en los últimos diez años han salido de prisión por esta vía 55,164 reos comunes. La última cifra de reincidencia divulgada por el régimen, de abril de 2025, reportaba 3,515 excarcelados que volvieron a delinquir.
La salida de Ingram coincidió con la excarcelación de 2,000 reos comunes ordenada con motivo del 19 de Julio.

Regular e indisciplinado
Según un cronista deportivo de Managua, citado en condición de anonimato, Ingram fue un lateral izquierdo de recorrido amplio en el fútbol nacional.
Jugó con el Juventus, el Real Estelí, el Diriangén y el Walter Ferretti, cuatro de los clubes de mayor peso en la liga.
Su último equipo fue la UNAN-Managua, al momento del accidente de tránsito, y no reflejaba “cifras de impacto”.
También tuvo una etapa en la Primera División de Costa Rica, donde vistió las camisetas de la Asociación Deportiva Santos de Guápiles y de la Asociación Deportiva Guanacasteca. Con ambos clubes disputó 81 partidos y le dieron de baja.
Formó parte de la Selección Nacional de Nicaragua entre 2017 y 2023, lo que le dio proyección más allá de su región natal, Bluefields, en el Caribe Sur.
Tras el juicio y posterior condena, las críticas arrecieron en los espacios deportivos.
“Es lamentable que un ser humano joven con la vida por delante se arruine la vida por este tipo de irresponsabilidad”, dijo un comentarista deportivo Radio Ya, días después de la detención.

Silencio tras el indulto
En la misma emisora, los cronistas debatieron que Ingram “recibió muchas oportunidades en el fútbol, pero siempre salió por la puerta de atrás”, por un problema con el alcohol que el jugador ha admitido.
Tras recibir el indulto, las voces del periodismo deportivo dentro del país han guardado silencio. Las noticias sobre su excarcelación han salido principalmente en los medios independientes.
El periodista deportivo contactado por LA PRENSA en Nicaragua maneja, extraoficialmente, que la familia de la víctima de Ingram recibe atención médica especializada en el sistema de salud pública y que, por ello, no podrían quejarse o denunciar el caso.