Labores de rescate de la Cruz Roja Nicaragüense tras el terremoto que devastó Managua en 1972. LA PRENSA / ORIOL MASPONS

Labores de rescate de la Cruz Roja Nicaragüense tras el terremoto que devastó Managua en 1972. LA PRENSA / ORIOL MASPONS

La Cruz Roja de Nicaragua sobrevivió a todo, menos a la dictadura de Ortega y Murillo

Terremotos, guerras, huracanes y levantamientos populares marcaron casi nueve décadas de servicio humanitario. En 2023, el régimen de Ortega disolvió la asociación y confiscó sus bienes.

La historia comenzó entre escombros. El 31 de marzo de 1931, un terremoto sacudió Managua. Luego, un incendio destruyó gran parte de la capital.

Nicaragua carecía de una Cruz Roja propia. Socorristas de El Salvador, Honduras, Guatemala, Costa Rica y Estados Unidos llegaron para atender a las víctimas desde un puesto instalado en el Parque Central.

Aquella tragedia dejó en evidencia la necesidad de contar con una organización preparada para responder a emergencias.

El vicepresidente Rodolfo Espinoza Ramírez impulsó la iniciativa. El 10 de enero de 1934, el presidente Juan Bautista Sacasa reconoció oficialmente a la Cruz Roja Nicaragüense.

La institución comenzó a trabajar con recursos limitados. Pronto tendría que poner a prueba su misión de socorrer a las personas, sin distinción de bandos.

La organización creció. En 1947 recibió su primera ambulancia, una Dodge donada por Salvadora Debayle, esposa de Anastasio Somoza García. Los socorristas la bautizaron como La Salvadorita.

Años después, en febrero de 1955, se fundó el Cuerpo de Socorristas, una unidad que contribuyó a modernizar los servicios de emergencia.

Ninguna preparación anticipó la magnitud del desastre del 23 de diciembre de 1972. El terremoto redujo Managua a ruinas otra vez. El edificio principal de la Cruz Roja colapsó y sepultó equipos, mobiliario y ambulancias. La institución se convirtió también en víctima del desastre.

Los voluntarios tuvieron que reorganizarse desde instalaciones provisionales. La pérdida fue enorme. La organización consiguió recuperar apenas el cinco por ciento de sus bienes. La reconstrucción incluyó un nuevo centro de sangre, impulsado con apoyo internacional. El desastre también reforzó una función que resultaría vital en las décadas siguientes, la de atender emergencias cuando los servicios públicos no daban abasto.

En 1978 y 1979, la guerra contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle llevó a los cruzrojistas a un escenario todavía más peligroso. El 14 de septiembre de 1978, una camioneta de la institución que transportaba medicamentos y víveres hacia Chinandega fue atacada en la carretera Managua-León. Murieron los socorristas José Dolores Estrada Granizo y Marvin Alberto Flores Salazar.

La neutralidad humanitaria no garantizaba la seguridad de quienes la practicaban. Durante aquellos años, la Cruz Roja atendió a heridos y prisioneros mientras el país se hundía en la violencia. Tras la caída de Somoza, la organización afrontó nuevas presiones políticas en medio del cambio de poder.

Décadas después, en abril de 2018, otra emergencia nacional puso a prueba a la institución. Miles de personas protestaron contra el Gobierno de Daniel Ortega. La represión dejó centenares de muertos y miles de heridos, según organismos internacionales. Los voluntarios de la Cruz Roja acudieron a prestar asistencia médica en medio de los enfrentamientos.

La labor humanitaria terminó convertida en motivo de confrontación política. El Gobierno acusó a algunas filiales de vulnerar los principios de neutralidad e imparcialidad. Sin embargo, la asociación defendió su obligación de atender a cualquier persona que necesitara asistencia, sin importar su posición política.

El desenlace llegó el 10 de mayo de 2023. La Asamblea Nacional derogó el decreto que otorgaba personalidad jurídica a la asociación desde 1958 y aprobó la Ley 1152. Esta norma creó una nueva Cruz Roja Nicaragüense como entidad estatal adscrita al Ministerio de Salud y dispuso la transferencia de los bienes de la asociación al Estado.

La Cruz Roja conservó su nombre oficial, pero terminó su existencia como organización independiente. En junio de ese año, el Gobierno creó la Cruz Blanca, otra entidad pública de atención y socorro.

Así concluyó una historia que comenzó con el terremoto de 1931. Durante casi nueve décadas, la Cruz Roja Nicaragüense estuvo presente cuando Managua tembló, cuando la guerra cobró vidas y cuando las calles volvieron a llenarse de heridos. Su desaparición como asociación independiente dejó una pregunta que trasciende los decretos. ¿Qué ocurre con una institución humanitaria cuando su autonomía queda sometida al poder político?

Un voluntario de la Cruz Roja asiste a un herido durante las protestas de abril de 2018. LA PRENSA / JORGE TORRES / EFE
Un voluntario de la Cruz Roja asiste a un herido durante las protestas de abril de 2018. LA PRENSA / JORGE TORRES / EFE
Voluntarios de la Cruz Roja cargan bidones de agua con destino a Boaco, ciudad que sufría escasez en noviembre de 1978. LA PRENSA / ARCHIVO NOVEDADES
Voluntarios de la Cruz Roja cargan bidones de agua con destino a Boaco, ciudad que sufría escasez, en noviembre de 1978. LA PRENSA / ARCHIVO NOVEDADES
Un voluntario de la Cruz Roja asiste a una mujer tras el terremoto de 1972. LA PRENSA / ARCHIVO NOVEDADES
Un voluntario de la Cruz Roja asiste a una mujer tras el terremoto de 1972. LA PRENSA / ARCHIVO NOVEDADES
Socorristas de la Cruz Roja Nicaragüense auxilian a una víctima de una colisión entre un autobús y un camión en las inmediaciones de la estatua de Montoya, el 29 de julio de 1978. LA PRENSA / ARCHIVO NOVEDADES
Socorristas de la Cruz Roja Nicaragüense auxilian a una víctima de una colisión entre un autobús y un camión en las inmediaciones de la Estatua de Montoya, el 29 de julio de 1978. LA PRENSA / ARCHIVO NOVEDADES

Cruzrojistas trasladan un cuerpo durante el asalto al Congreso en el Palacio Nacional, el 22 de agosto de 1978. LA PRENSA / ARCHIVO
Cruzrojistas trasladan un cuerpo durante el asalto al Congreso en el Palacio Nacional, el 22 de agosto de 1978. LA PRENSA / ARCHIVO
Socorristas de la Cruz Roja evacúan a una mujer herida en plena insurrección, en julio de 1979. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Socorristas de la Cruz Roja evacúan a una mujer herida en plena insurrección, en julio de 1979. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Voluntarios de la Cruz Roja observan la quema de un cadáver durante la ofensiva final, en julio de 1979. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Voluntarios de la Cruz Roja observan la quema de un cadáver durante la ofensiva final, en julio de 1979. LA PRENSA / MATTHEW NAYTHONS
Socorristas de la Cruz Roja trasladan a una mujer embarazada durante las revueltas del 6 por ciento en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), el 7 de julio de 1997. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Socorristas de la Cruz Roja trasladan a una mujer embarazada durante las revueltas del 6 por ciento en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), el 7 de julio de 1997. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE

Miembros de la Cruz Roja Nicaragüense trasladan en una ambulancia a personas afectadas por gases lacrimógenos durante una protesta de estudiantes universitarios en Managua, el 28 de octubre de 2003. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Miembros de la Cruz Roja Nicaragüense trasladan en ambulancia a personas afectadas por gases lacrimógenos durante una protesta de estudiantes universitarios en Managua, el 28 de octubre de 2003. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Voluntarios de la Cruz Roja evacúan a una adulta mayor durante los estragos del huracán Mitch, en octubre de 1998. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Voluntarios de la Cruz Roja evacuan a una adulta mayor durante los estragos del huracán Mitch, en octubre de 1998. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Un socorrista de la Cruz Roja ata la sábana que cubre uno de los seis cuerpos calcinados de la familia Velásquez Pavón, cuyos integrantes murieron en un incendio provocado por paramilitares afines al régimen en junio de 2018. LA PRENSA / WILIH NARVÁEZ
Un socorrista de la Cruz Roja ata la sábana que cubre uno de los seis cuerpos calcinados de la familia Velásquez Pavón, cuyos integrantes murieron en un incendio provocado por paramilitares afines al régimen en junio de 2018. LA PRENSA / WILIH NARVÁEZ
Voluntarios de la Cruz Roja Nicaragüense trasladan a un herido durante las protestas de 2018. LA PRENSA / ARCHIVO
Voluntarios de la Cruz Roja Nicaragüense trasladan a un herido durante las protestas de 2018. LA PRENSA / ARCHIVO
Una ambulancia de la Cruz Roja se moviliza en medio de las barricadas durante las protestas de 2018. LA PRENSA / ARCHIVO
Una ambulancia de la Cruz Roja se moviliza en medio de las barricadas durante las protestas de 2018. LA PRENSA / ARCHIVO

La Cruz Roja atiende a un estudiante universitario el 28 de mayo de 2018, en Managua. LA PRENSA / JADER FLORES
La Cruz Roja atiende a un estudiante universitario el 28 de mayo de 2018, en Managua. LA PRENSA / JADER FLORES
La atención que la Cruz Roja Nicaragüense brindó a los heridos durante las protestas de 2018 marcó un punto de quiebre en su relación con el Gobierno, que cinco años después disolvió la asociación. LA PRENSA / EFE
La atención que la Cruz Roja Nicaragüense brindó a los heridos durante las protestas de 2018 marcó un punto de quiebre en su relación con el Gobierno, que cinco años después disolvió la asociación. LA PRENSA / EFE
Tras la disolución de la Cruz Roja Nicaragüense como asociación independiente y la confiscación de sus bienes, el Gobierno creó la Cruz Blanca, una nueva entidad estatal de atención y socorro. LA PRENSA / VOA
Tras la disolución de la Cruz Roja Nicaragüense como asociación independiente y la confiscación de sus bienes, el Gobierno creó la Cruz Blanca, una nueva entidad estatal de atención y socorro. LA PRENSA / VOA

Miembros de la Cruz Blanca posan en el inmueble previamente confiscado al periodista Henry Briceño, convertido en su nueva sede en San Rafael del Sur. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Miembros de la Cruz Blanca posan en el inmueble previamente confiscado al periodista Henry Briceño, convertido en su nueva sede en San Rafael del Sur. LA PRENSA / ARCHIVO REDES

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