Bajo sospecha. La incorporación de Brasil al Grupo Ministerial de Seguimiento sobre Nicaragua, anunciada el 3 de noviembre de 2026, ha despertado recelos por los antecedentes diplomáticos de Lula. El grupo, integrado por diez países de la OEA, deberá procurar un diálogo y recomendar medidas concretas. “Me resulta sospechoso que Brasil esté ahí porque Brasil puede servir para abrirle una puerta a Ortega para una negociación falsa”, advirtió Eliseo Núñez a 100% Noticias. Dora María Téllez discrepa. “La primera prueba de fuego de la dictadura va a ser si abre las puertas o no a esa comisión», afirmó en el mismo medio.
Primer encuentro. Lula conoció de cerca la Revolución Sandinista cuando viajó a Managua en julio de 1980 para participar en las celebraciones del primer aniversario del derrocamiento de Anastasio Somoza Debayle. Era un dirigente sindical brasileño que comenzaba a adquirir notoriedad política y todavía no había llegado a la Presidencia. Ortega formaba parte de la dirección revolucionaria. Aquella visita permitió a Lula conocer personalmente a Fidel Castro, presidente de Cuba. El encuentro marcó el comienzo de una relación política que sobreviviría a los cambios de gobierno, las diferencias ideológicas y las crisis diplomáticas posteriores.
Camaradas. Durante los años noventa, Lula y Ortega mantuvieron sus vínculos mediante los espacios de la izquierda latinoamericana, especialmente el Foro de São Paulo, fundado en 1990. Lula dirigía el Partido de los Trabajadores de Brasil, mientras Ortega encabezaba el Frente Sandinista desde la oposición, después de perder las elecciones de ese año frente a Violeta Barrios de Chamorro. Compartían una historia de oposición a las dictaduras militares y de cuestionamiento a la influencia estadounidense en América Latina.
Primer triunfo. La victoria electoral de Lula en Brasil, el 27 de octubre de 2002, fue celebrada por Ortega, quien llevaba 12 años intentando regresar a la Presidencia nicaragüense. Dos días después, el dirigente sandinista llamó al presidente electo para felicitarlo. Según informó entonces el portavoz sandinista Freddy García, ambos “ratificaron las firmes y fraternas relaciones” entre sus organizaciones políticas. Lula comenzaría su primer mandato presidencial el 1 de enero de 2003, mientras Ortega tendría que esperar hasta las elecciones de noviembre de 2006 para recuperar el poder. Sus trayectorias políticas volvían a encontrarse.
Abrazo presidencial. El reencuentro ocurrió en Managua, en agosto de 2007, cuando Lula realizó una visita oficial a Nicaragua, siete meses después del regreso de Ortega a la Presidencia. “Regreso aquí para hacer una visita de Estado a un compañero que regresa a la Presidencia de Nicaragua”, declaró el brasileño. Ambos mandatarios se abrazaron y anunciaron una agenda de cooperación en agricultura, pesca, salud y educación. Lula ofreció respaldar el programa Hambre Cero, una de las principales iniciativas sociales del nuevo gobierno sandinista. También se discutieron posibilidades de cooperación energética e inversiones vinculadas a la producción de etanol.
Pequeño dictador. Las primeras críticas públicas importantes de Lula contra Ortega llegaron después de las elecciones nicaragüenses del 7 de noviembre de 2021, celebradas con siete aspirantes presidenciales opositores encarcelados y varios partidos cancelados. En una entrevista con El País, el brasileño cuestionó la permanencia indefinida en el poder. “Todo político que empieza a creer que es imprescindible o insustituible empieza a transformarse en un pequeño dictador”, afirmó. También declaró que estaba en contra de Ortega, aunque matizó su posición con una defensa de la no intervención en los asuntos internos de otros países.
Defensa electoral. Durante la campaña presidencial brasileña de 2022, Jair Bolsonaro utilizó la relación histórica entre Lula y Ortega para cuestionar a su adversario. Lula respondió comparando la permanencia del gobernante nicaragüense con los 16 años de Angela Merkel al frente del Gobierno alemán. “¿Por qué Angela Merkel puede quedarse 16 años en el poder y Daniel Ortega no?”, preguntó. La comparación provocó controversia porque Merkel había gobernado mediante elecciones competitivas, mientras Ortega había eliminado las principales posibilidades de competencia electoral.

Silencio brasileño. El regreso de Lula a la Presidencia, el 1 de enero de 2023, coincidió con una nueva ofensiva represiva de Ortega. En febrero, el gobierno nicaragüense desterró a 222 presos políticos y despojó de su nacionalidad a centenares de ciudadanos. Brasil evitó suscribir una declaración de 55 países sobre las violaciones documentadas por expertos de Naciones Unidas. Sin embargo, también ofreció acogida a los desnacionalizados y, en abril, copatrocinó una resolución que prorrogó las investigaciones de la ONU. La diplomacia brasileña combinaba gestos hacia las víctimas con cautela frente al gobierno sandinista.
Auxilio. Brasil protagonizó una controvertida intervención diplomática durante la Asamblea General de la OEA, celebrada en Washington en junio de 2023. Su delegación propuso suavizar una resolución que denunciaba la represión en Nicaragua, introduciendo la palabra “supuestos” al referirse a determinados abusos y eliminando referencias al desplazamiento de miles de nicaragüenses. Las propuestas provocaron protestas de opositores desnacionalizados. Finalmente, Brasil retiró las modificaciones más controvertidas y se sumó al consenso que aprobó la resolución el 23 de junio. Consiguió, sin embargo, mantener una referencia al “diálogo al más alto nivel” con Managua.
Encargo papal. Una petición del papa Francisco puso a prueba la influencia personal que Lula podía ejercer sobre Ortega. Durante su encuentro en el Vaticano, el 21 de junio de 2023, conversaron sobre la situación del obispo Rolando Álvarez, condenado a 26 años de prisión. Al día siguiente, Lula anunció que intentaría conseguir su liberación. “Pretendo hablar con Daniel Ortega sobre la liberación del obispo. No hay razón para que se le impida ejercer su papel en la Iglesia”, declaró. La gestión no prosperó. Álvarez permaneció encarcelado hasta enero de 2024, cuando fue excarcelado y enviado al Vaticano.
Teléfono ignorado. La frustración de Lula quedó expuesta el 22 de julio de 2024, durante una conversación con corresponsales extranjeros. “Lo concreto es que Ortega no me atendió el teléfono y no quiso hablar conmigo. Entonces, nunca más hablé con él”, reveló. Explicó que había intentado comunicarse por petición del papa Francisco. También expresó dudas sobre las motivaciones de su antiguo compañero revolucionario, preguntándose si había luchado contra Somoza “porque quería el poder o porque quería mejorar la vida de su pueblo”.
Embajadores expulsados. La relación bilateral llegó a una crisis diplomática en agosto de 2024. Ortega ordenó expulsar al embajador brasileño Breno Souza da Costa después de que este no asistiera a la celebración del 45 aniversario de la Revolución Sandinista, realizada el 19 de julio. La ausencia respondía al deterioro de las relaciones entre ambos gobiernos. Brasil reaccionó aplicando el principio de reciprocidad y expulsó a la embajadora nicaragüense Fulvia Patricia Castro Matus. El jefe de gabinete brasileño, Rui Costa, cuestionó la medida de Managua y recordó que ningún embajador estaba obligado a asistir a celebraciones oficiales.
Insultos públicos. Ortega pasó de los abrazos a las descalificaciones durante una cumbre virtual del Alba, el 26 de agosto de 2024. Molesto porque Brasil exigía transparencia sobre los resultados de las elecciones venezolanas del 28 de julio, atacó directamente a Lula. “Si querés que te respete, respétame, Lula”, le reclamó, antes de llamarlo “arrastrado” y acusarlo de actuar como “representante de los yanquis en América Latina”. También rechazó su mediación por monseñor Álvarez. “No necesitamos intermediarios nosotros ni le pedimos a Lula que él fuera intermediario”, afirmó.
Nuevo auxilio. Brasil volvió a intervenir en favor de una posición menos severa contra Managua durante las deliberaciones de la OEA en 2026. El 19 de agosto fue el único país que votó contra la convocatoria de una reunión extraordinaria de cancilleres, respaldada por otros 29 Estados. Posteriormente, intentó eliminar de una resolución las referencias a Nicaragua como amenaza para la seguridad hemisférica y modificar el mecanismo de seguimiento. El 2 de octubre aceptó el consenso, aunque mantuvo sus reservas. El embajador Benoni Belli cuestionó que se utilizaran argumentos sobre derechos humanos para justificar eventuales intervenciones extranjeras.
Hermano nuevamente. Después de aquella crisis, Ortega recuperó el lenguaje afectuoso hacia su antiguo compañero. El 26 de octubre de 2026, él y Rosario Murillo felicitaron a Lula por su reelección presidencial y lo llamaron “Hermano Presidente Lula”. Expresaron su compromiso de continuar “trabajando juntos por la paz y un mundo mejor”. La comunicación llegó apenas 24 días después de que Brasil intentara suavizar la resolución de la OEA. No incluyó una rectificación de los insultos de 2024 ni confirmó una reconciliación personal. Días después, Brasil apareció entre los integrantes del nuevo grupo de seguimiento sobre Nicaragua.