El papa León XIV votó en las elecciones legislativas de medio tiempo en Estados Unidos. Lo hizo por correo y en su condición de ciudadano estadounidense llamado Robert Francis Prevost.
La decisión del sumo pontífice de la Iglesia católica, de participar en un acto político mundano como son las elecciones estadounidenses, trasciende lo meramente anecdótico. Y también va más allá de la razonable curiosidad por saber, ¿en favor de qué candidatos votaría el papa? ¿Votaría por los demócratas o por los republicanos, que en el segundo caso significaría de hecho avalar las controversiales políticas del presidente Donald Trump?
Por lógica podemos asumir que el papa León XIV, o más exactamente dicho, el ciudadano estadounidense Robert Francis Prevost, votó por los candidatos del Partido Demócrata. Esto teniendo en cuenta las conocidas discrepancias de la Iglesia católica, y del mismo papa León XIV, con algunas políticas de Trump y sobre todo las que tienen que ver con la situación de los migrantes.
Pero, como reflexiona el experto católico y laico agustiniano español, Rafael Lazcano, “la cuestión no es simplemente si León XIV puede votar, sino cómo preservar la diferencia entre el ciudadano que ejerce legítimamente sus derechos y el pontífice llamado a servir a una comunidad universal”.
Una persona de fe y acrítica responde automáticamente a la cuestión, diciendo que el papa es el representante de Jesucristo (Dios) en la Tierra, y por lo tanto puede hacer lo que quiera, salvo pecar y delinquir.
Pero la cuestión es muy delicada, tiene un sentido teológico y una connotación universal; y por lo tanto amerita una respuesta o explicación razonada, como argumenta Lazcano en un artículo publicado en el portal católico español de noticias, Religión Digital.
El papa, en tanto que Robert Prevost, es un ciudadano más, reflexiona Lazcano. Pero, “¿cómo armonizar la condición de ciudadano con la universalidad del ministerio pontificio? La participación electoral constituye, según la doctrina social de la Iglesia, un derecho y un deber orientados al bien común. Sin embargo, adquiere una significación particular cuando quien lo ejerce es el obispo de Roma, cuya palabra y cuyos gestos poseen una dimensión pública que rebasa el ámbito de sus decisiones personales”.
Religión Digital es un medio católico de izquierda y generalmente crítico con las jerarquías de la Iglesia. Sin embargo, Rafael Lazcano reconoce el derecho del papa a participar, en su condición de ciudadano, en un acto político tan mundano como son las elecciones, y no ve en eso una contradicción con su representación religiosa universal.
Esta decisión de León XIV —argumenta el experto católico español— resulta coherente con la doctrina social de la Iglesia. Su elección como papa no elimina automáticamente sus derechos ciudadanos. El propio pontífice ha expresado públicamente su convicción de que participar en los procesos democráticos constituye un derecho y un deber, en continuidad con la enseñanza conciliar”.
El analista de Religión Digital Recuerda y menciona que el 9 de abril de este año, “en su mensaje a la Pontificia Academia de Ciencias Sociales León XIV desarrolla una concepción de la democracia que va más allá del procedimiento electoral. Afirma que la democracia auténtica ‘reconoce la dignidad de cada persona e invita a cada ciudadano a participar de manera responsable en la búsqueda del bien común’. Añade que solo puede mantenerse sana cuando está arraigada en la ley moral y en una verdadera comprensión de la persona humana”.
Lazcano cita Guadium et spes (Alegría y esperanza) que es la Constitución pastoral sobre la Iglesia católica en el mundo actual, promulgada por el papa Paulo VI en diciembre de 1965. En este sentido: “Como ciudadano, el papa puede ejercer legítimamente su derecho al voto. Como pontífice, debe preservar la libertad de su ministerio para dirigirse a todos los pueblos y a todos los fieles, con independencia de sus preferencias políticas. La participación ciudadana de quien ocupa la sede de Pedro no equivale, por sí misma, a una toma de posición institucional de la Iglesia.
“La Iglesia puede, por tanto, pronunciarse sobre la dignidad humana, la justicia, la paz y las exigencias morales de la acción política sin quedar vinculada a un partido o a un sistema determinado”.
Algo muy sencillo, pero al mismo tiempo tan trascendental como eso.