Lejos de desinflarse la presión que existe sobre los precios de los alimentos y los combustibles, la misma amenaza con extenderse en lo que resta del año y el 2027, según nuevos pronósticos del Banco Mundial, en su informe sobre Perspectivas de los mercados de productos básicos correspondiente a octubre.
Se prevé que el conflicto en Medio Oriente y el impacto del fenómeno de El Niño serán dos factores determinantes para que al finalizar el año el crudo haya subido en promedio 32 por ciento y los productos básicos de alimentación 23 por ciento.
«El conflicto en Oriente Medio ha reducido los inventarios de petróleo y se prevé que impulse los precios de la energía a su nivel más alto en cuatro años. Mientras tanto, la interrupción de los envíos de cereales y el fenómeno de El Niño amenazan las cosechas y la asequibilidad de los alimentos», advirtió el organismo.
Después de tres años de caída, se espera que el petróleo Brent —que es de referencia mundial— cierre en promedio en 91 dólares por barril, por encima de los 69 dólares el año pasado. El próximo año el mismo tendría un leve descenso a 79 dólares. «Con las existencias de petróleo agotadas, el mundo queda más expuesto a nuevas perturbaciones de la oferta», señala.
Ayhan Kose, economista en jefe adjunto y director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial, explicó que “los mayores costos de la energía y las disrupciones en el comercio están impulsando el alza de los precios de diversos productos básicos, lo que podría agravar la inflación y la inseguridad alimentaria, y frenar el crecimiento económico. La prioridad debe ser proteger a las personas más pobres y apoyar a los países de ingreso bajo que ya se ven agobiados por pesadas cargas de deuda”.
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Fertilizantes más caros
Un factor que impactará a Nicaragua, especialmente el campo, es el incremento del costo de los fertilizantes. Al respecto, se ponostica que los precios de estos insumos aumenten un 14 por ciento en 2026, tras un alza de los precios de la urea a principios de año que desde entonces se ha moderado, antes de volver a los niveles de 2025 en 2027.
«Los conflictos están obligando a realizar ajustes en la forma en que el mundo produce y consume energía. Se proyecta que el suministro mundial de petróleo disminuya un 5.2 por ciento en 2026, la mayor caída en más de cuatro décadas, sin incluir la recesión mundial de 2020», advierte el organismo.
De hecho, entre enero y agosto de este año, Nicaragua pagó a los mercados internacionales 1,320 millones de dólares por la compra de crudo y combustibles, lo que es superior a los 929 millones de dólares pagados en similar periodo del año pasado, lo que implica un gasto adicional de 391 millones de dólares.
El aumento de un 42 por ciento en el gasto por importación de petróleo y productos terminados, que incluye a las gasolinas y el diésel, fue impulsado por el incremento del precio del crudo pagado a los proveedores, cuyo promedio hasta agosto fue de 108.9 dólares por barril.
Y aunque el consumo de crudo a nivel mundial está disminuyendo, no existen condiciones para que el precio retorne a niveles de 2025. «Los elevados precios en un contexto de escasez de oferta están frenando la demanda, mientras que la electrificación también está reduciendo el consumo de petróleo, en particular en China. Aun así, la producción se mantiene por debajo del consumo, lo que obliga a extraer nuevamente petróleo de las reservas y deja a los mercados más expuestos a nuevas interrupciones», indica el Banco Mundial.
Se proyecta, según el organismo, que el suministro mundial de petróleo disminuya un 5.2 por ciento en 2026, la mayor caída en más de cuatro décadas, sin incluir la recesión mundial de 2020. Mientras tanto, se prevé que el consumo disminuya un 2.5 por ciento, la tercera mayor contracción anual registrada, después de las de 2020 y 1980.
Sin posibilidad de obtener recursos
En ese contexto adverso, el Banco Mundial está preparando un paquete multimillonario de apoyo a los países en el mundo, al cual Nicaragua no podrá acceder dado a que las relaciones financieras con el organismo están en su nivel más bajo en décadas a raíz de la crisis de derechos humanos desatada por la dictadura de Daniel Ortega.
Para ayudar a los países a gestionar las consecuencias del aumento de los precios, «el Grupo Banco Mundial ha puesto a disposición de ellos entre 50,000 millones y 60,000 millones de dólares a través de instrumentos existentes, incluidos US$25,000 millones en financiamiento preestablecido».
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«Estos fondos pueden respaldar las redes de protección social para las personas más vulnerables, ampliar la capacidad fiscal, y proporcionar capital de trabajo y apoyo de liquidez a empresas y explotaciones agrícolas. Al mismo tiempo, la institución ha logrado avances considerables para acelerar y simplificar su capacidad de movilizar capital privado junto con su propio financiamiento y servicios de conocimientos. Como resultado, el Grupo Banco Mundial está bien posicionado para realizar inversiones en favor de la próxima generación de jóvenes en los países en desarrollo, sobre todo mejorando las condiciones para la creación de empleo», precisa.
«Lamentablemente Nicaragua no puede acceder a esos fondos para aliviar la presión inflacionaria, porque la violación de los derechos humanos de Ortega ha bloqueado esas ventanillas de cooperación financiera, que suelen apoyar a los gobiernos a transitar estos choques externos. Los nicaragüenses deberán sortear con su propio bolsillo el impacto de los precios de los alimentos», lamenta un economista que prefiere no ser citado por temor a represalias.
El economista indica que para el régimen tampoco es una opción el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), porque las facilidades que antes tenía para conseguir financiamiento al parecer han desaparecido, porque llevamos meses sin conocer recursos frescos.
«Estamos ante una situación en que debemos enfrentar como país solos el impacto de la crisis de precios. China o Rusia no son países que suelen dar fácilmente recursos de libre disponibilidad como lo eran los países europeos o el mismo Estados Unidos», advierte.