En Nicaragua el futuro es el pasado

Este título es extraído de una frase del inolvidable Alejandro Serrano Caldera. Fue cuando en referencia a la historia de Nicaragua dijo que en ella “el futuro es el pasado que regresa”. Pocas descripciones de nuestro país han sido tan acertadas. Lo vemos una vez más en la más reciente adición a la siempre cambiante constitución nicaragüense sustituyendo la figura de vicepresidente por el designado de la Presidencia. Es el mismo recurso al que recurrió, con igual premeditación que hoy, el fundador de la primera dinastía que gobernó el país desde 1936: Anastasio Somoza García.

Para lograrlo realizó en 1950 un pacto con el caudillo conservador Emiliano Chamorro. En él consiguió que se anulara la cláusula constitucional que prohibía ser diputados a parientes cercanos del presidente. Esto abrió el camino para que su hijo mayor, Luis, ocupara un escaño. Pero lo mejor estaba por venir: con Somoza se había suprimido, como hoy, la figura del vicepresidente, y en su lugar creado, como hoy, la figura del designado para ocupar la Presidencia en caso de vacante. Pero con una diferencia: quien nombraría al primer designado no sería el presidente sino la Asamblea.

Era un procedimiento menos descarado que dejar la decisión en manos del presidente, pero en el fondo venía a ser parecido. La asamblea, obviamente, estaría dominada, como hoy, por congresistas sumisos al poder. Un paso para lograrlo fueron las reformas constitucionales de 1950. Estas eliminaron la elección uninominal de los diputados, la cual los obligaba a buscar los votos de sus respectivos distritos. Ahora dependerían, como ocurre hoy, de que sus candidaturas aparecieran en planchas o listas confeccionadas por sus partidos; es decir, en términos realistas, por el jefe o caudillo de los mismos.

No fue sorpresa pues que los fieles diputados liberales eligiesen como primer designado a la presidencia al joven de 28 años, Luis Somoza Debayle. El sistema funcionó. En 21 de septiembre Rigoberto López Pérez hirió de muerte al general Somoza García quien falleció ocho días después. Inmediatamente el Congreso lo proclamó presidente de la república a sus 33 años, para el período que terminaba el 1 de mayo de 1957. Se convertía así en el heredero del trono inaugurando la dinastía política más prolongada del hemisferio.

No era el partido liberal sino la familia Somoza quien mandaba. Porque el otro puesto de poder, la jefatura del ejército quedó en manos de su hermano Anastasio. Tras dejar Luis la presidencia en 1963 y de un ínterin de 4 años con dos presidentes, Schick y Guerrero, su hermano insistió contra su voluntad en lanzar su candidatura para las elecciones de 1967. Luis falleció ese mismo año a causa de un infarto. A partir de allí Anastasio II seguiría empeñado en perpetuarse en el poder hasta su sangriento derrocamiento en 1979.

Los Somoza completaron un dominio dinástico del país que duró de 1936 hasta 1979: 43 años. El primero de ellos, Anastasio Somoza García, y el último, Anastasio Somoza Debayle, optaron por la reelección indefinida. Ambos lo pagaron con sus vidas.

¿Qué nuevo capítulo se escribirá ahora en nuestra cíclica historia? Los primeros párrafos ya se vislumbran: Faltando Ortega, o quizás antes, doña Rosario designará a uno de sus hijos, probablemente Laureano, quien a su vez heredaría el poder de designar su sucesor, seguramente alguno de sus hermanos.

¿Les irá peor o mejor que la dinastía anterior? La historia está llena de sorpresas. Es preciso advertir sí, que, aunque muchos aspectos del pasado se repitan en el futuro, este no es su copia al carbón. La nueva dinastía ha demostrado que el presente-futuro puede ser mucho peor. Pero puede ser también más breve. El desafío de los nicaragüenses mientras tanto seguirá siendo el mismo de los últimos doscientos años: crear un futuro distinto.

El autor lo es del libro “Buscando la Tierra Prometida, historia de Nicaragua 1492-2019” accesible en librerías locales y en Amazon.

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