Yader Vásquez

Yader Vásquez, exiliado nicaragüense en Estados Unidos, detenido por ICE. LA PRENSA/CORTESÍA

Caso Yader Vásquez: el largo e incierto exilio de un nicaragüense en manos del ICE

Un francotirador asesinó a su hijo Gerald en la iglesia Divina Misericordia en julio de 2018. Desde entonces, Yader Vásquez Medrano ha cruzado cinco fronteras en ocho años, huyendo de quienes lo mataron. Hoy su destino está en manos de ICE.

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El 13 de agosto de 2026, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) detuvieron en California al nicaragüense Yader Vásquez Medrano. Trabajaba en la construcción en Los Ángeles, donde vivía desde 2022.

Desde entonces permanece bajo custodia migratoria en el Imperial Regional Detention Facility, en Calexico, a pocos kilómetros de la frontera con México, en Baja California.

Vásquez había solicitado asilo político al ingresar mojado por la frontera sur de Estados Unidos. Tiene una audiencia programada para el 18 de noviembre, a la una de la tarde, pero su familia teme que el proceso termine antes en una deportación a Nicaragua.

Desde Falls Church, Virginia, donde reside, su hermana Scarleth Francisca Vásquez Medrano organizó una colecta en la plataforma GoFundMe con una meta de ocho mil dólares.

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El dinero, explica, servirá para pagar al abogado que lleva su caso migratorio, una eventual fianza y los gastos que genera la detención.

“Yader ya perdió a un hijo. Perdió la posibilidad de continuar su vida normalmente en su país. Hoy necesita saber que no está solo”, escribe Scarleth.

La respuesta del público ha sido poca: 38 pequeñas donaciones que suman 1,773 dólares hasta la tarde del viernes 2 de octubre. Lejos de la meta de 8,000.

Yader Vásquez, en las protestas sociales contra la dictadura de Nicaragua en 2018. LA PRENSA/ARCHIVO

Un “todo terreno” de La Morita

Antes de 2018, la vida de Yader Vásquez transcurría en el barrio La Morita, en el Distrito I de Managua, donde vivía con su familia y sus hijos.

Allí jugaba béisbol en los campos del sector y se ganaba la vida en el comercio y en servicios de transporte. Además de padre, era el entrenador deportivo de su muchacho Gerald, rápido de piernas y manos para jugar como infield de los equipos locales de béisbol.

Era lo que en Nicaragua se conoce como “un rumbero”. Hacía rumbitos, mandados y trabajos informales de todo tipo, con los que ayudaba a su familia. Era una economía de día a día, como la de buena parte de los hogares capitalinos.

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Con Susana López formó una familia de varios hijos. Uno de ellos era Gerald José Vásquez López, nacido a finales de la década de 1990.

En 2018, Gerald tenía 20 años, estudiaba en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) y participaba en actividades culturales y deportivas.

En abril de ese año estallaron en Nicaragua las protestas sociales contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo y, como en otras universidades, un grupo de estudiantes se atrincheró en el recinto de la UNAN-Managua. Gerald fue uno de ellos.

En 2023, Yader Vásquez protestando ante la sede de la OEA en Washington, exigiendo justicia y libertad para los reos políticos de la dictadura sandinista. LA PRENSA/ARCHIVO.

La noche del 13 de julio

El 13 de julio de 2018, policías y grupos parapoliciales rodearon y asaltaron con fuego nutrido de armas de guerra la UNAN-Managua.

Fue uno de los asaltos armados de la llamada «operación limpieza», con la que el régimen buscaba desmontar a sangre y fuego los tranques y los recintos tomados.

Ante el ataque, decenas de estudiantes huyeron hacia la parroquia Jesús de la Divina Misericordia, contigua al campus. Allí quedaron sitiados durante más de 12 horas, bajo disparos de armas de alto calibre que también alcanzaron el templo.

Gerald recibió un disparo en la cabeza mientras intentaba resguardarse dentro de la iglesia. Murió en la madrugada del 14 de julio, sobre una mesa del templo, donde quienes estaban dentro intentaban atender a los heridos.

Su muerte quedó documentada en los expedientes de la CIDH y del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

La policía acusó a los estudiantes asesinados como delincuentes y les achacó un rosario de delitos. En el entierro de su hijo, Yader rechazó, llorando y furioso, esas acusaciones y se lanzó de frente a cuestionar a la dictadura.

UNAN
Familiares, vecinos y amigos despiden al estudiante Gerald Vásquez, asesinado por un francotirador sandinista el 14 de julio de 2018 en la iglesia Divida Misericordia. LA PRENSA/Oscar Navarrete.

Una familia dispersa

La muerte de Gerald no solo cambió la vida de su padre. También rompió a la familia.

Yader se integró a la Asociación Madres de Abril (AMA), que agrupa a familiares de personas asesinadas durante la represión, y comenzó a exigir públicamente justicia.

“Esa búsqueda de justicia también marcó su propio destino”, escribe su hermana. Las amenazas y el asedio policial llegaron pronto.

Una semana después del asesinato, Yader salió de Nicaragua. Cruzó a Costa Rica por un punto ciego de la frontera, en la zona de Peñas Blancas.

Susana López, la madre de Gerald, también fue perseguida por reclamar justicia y terminó en Estados Unidos tras cruzar la frontera sur del país. En Nicaragua quedó, como recuerdo de aquella familia unida, la tumba de su hijo.

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En julio pasado, en el octavo aniversario de su asesinato, la tumba del estudiante fue vandalizada, la cruz y el murito azul y blanco con sus datos fueron destruido a mazazos.  

“Piensan que con destruir la tumba de mi hijo, me iban a derrumbar, pero no”, declaró su madre a LA PRENSA.

Los otros hijos e hijas se quedaron un tiempo en Managua, repartidos entre casas de familiares, antes de salir al exilio también. La familia que residía en La Morita quedó separada en tres puntos: el padre en Costa Rica, la madre en Estados Unidos y otros parientes en Nicaragua.

En la petición de fondos, Scarleth Vásquez insiste en que su hermano no salió del país “buscando una vida más cómoda”, sino paz y seguridad, “después de que su familia fue marcada por la tragedia que cambió sus vidas para siempre”.

En su exilio a Costa Rica, Yader Vásquez no solo cargo con el duelo migratorio, sino con el luto por la muerte de su hijo mayor, Gerald. LA PRENSA/O. NAVARRETE.

Tres años en Costa Rica

Yader llegó a Costa Rica “destrozado”, según relató al Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más. Poco a poco se fue adaptando al cambio con otros nicaragüenses exiliados y buscó integrarse en su exilio.

Durante más de tres años vivió donde pudo. Pasó por San José, San Rafael de Alajuela, Alajuelita y San Rafael Abajo. También vivió cerca de Puntarenas, donde un costarricense le dio alojamiento durante un tiempo y terminó siendo su amigo.

Muchas veces dependió de la ayuda de otros para tener una cama y comida. Sin papeles, se le hizo difícil conseguir empleo estable, según narró al podcast Agenda Propia en 2022.

Él mismo calificó aquella etapa de “muy triste”, pues aparte del estrés postraumático y el duelo por la muerte de su hijo, estaban las dificultades económicas y una «perra depresión» que lo acompañó durante esos años.

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También recordó haber recibido discriminación de algunos costarricenses y menosprecio de algunos nicaragüenses, incluyendo antiguos “compañeros de la lucha azul y blanco”, aunque reconoció que también hubo quienes lo apoyaron.

Pese a todo, nunca dejó la denuncia social contra la dictadura.

Participó en las marchas de la comunidad nicaragüense en San José contra el régimen de Ortega y Murillo. La última fue el 7 de noviembre de 2021, el día de la farsa electoral que la oposición y buena parte de la comunidad internacional desconocieron.

Huir de Costa Rica

En 2021, varios hechos violentos contra exiliados nicaragüenses en Costa Rica lo llevaron a plantearse una nueva salida. Mencionó el asesinato de un opositor de Nagarote al que identificó como Luis.

También citó el primer atentado contra Joao Maldonado, que recibió varios disparos, la golpiza a un joven de Rivas conocido como “el Gato” y la agresión a una mujer en su negocio. Todos exiliados políticos.

El hecho decisivo ocurrió en San José, en una cuartería donde él estaba alojado. Un hombre nicaragüense llegó a preguntar por él al cuarto que alquilaba. Luego supo que esa misma persona había agredido a otro nicaragüense en el parque de La Merced y que tenía fama de ser “sapo”, que iba a las marchas a tomar fotos y videos.

Yader Vásquez en su paso por Guatemala, rumbo a Estados Unidos, huyendo de la persecución sandinista en Nicaragua y Costa Rica. LA PRENSA/CORTESÍA.

Su hermana Scarleth relata que Yader lo identificó como un paramilitar de Managua, infiltrado en Costa Rica.

“En ese momento me puse a pensar en los casos de muertes y atentados y me sentí con temor de que me agarraran descuidado y me jodieran”, contó al periodista español Daniel Rodríguez Moya, colaborador de Agenda Propia.

Creyente cristiano de siempre, Yader dijo que pidió “al Señor que me orientara”. La decisión, reconoció, fue “no preparada” ni “largamente pensada”. Pidió ayuda para completar el precio de un boleto aéreo a Guatemala y renunció a su condición de solicitante de asilo en Costa Rica.

El 17 de noviembre de 2021, diez días después de la marcha en San José, inició el viaje hacia el norte.

Peripecias y penurias

Al llegar a Ciudad de Guatemala, la Policía lo detuvo la primera de muchas veces. “Me llevaron a un cuarto, me preguntaron algunas cosas y me sacaron la ropa que había en la mochila”, relató a Rodríguez Moya.

Lo dejaron ir. Un amigo lo recibió y lo encaminó hacia un albergue, la Casa del Migrante, donde pernoctó varios días.

En el trayecto hacia el norte, tres hombres armados asaltaron el autobús y le robaron el celular y la cartera con los últimos pocos dólares que cargaba.

Días después llamó al médico nicaragüense exiliado Richard Coen, a quien pidió ayuda económica para llegar a Tapachula, en el sur de México.

En el camino, la policía mexicana lo detuvo y estuvo a punto de deportarlo a Nicaragua. Finalmente lo devolvieron a la frontera entre Guatemala y México. Con dinero donado por Coen, cruzó otra vez por un punto distinto. El 1 de diciembre llegó a Tapachula.

Pasó casi todo diciembre en las filas del Parque Ecológico, donde los migrantes esperaban documentos para transitar por México con un aval.

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Álex Vanegas, otro nicaragüense exiliado, popular por correr a lo Forrest Gump en las marchas, le ayudó a pagar un cuarto durante quince días.

Yader contó que desde el 15 de diciembre amanecía en la fila buscando el permiso de viaje, enfermo de las amígdalas, con fiebre, hambre y frío. El 24 de diciembre lo pasó sentado sobre cartones, llorando y recordando, cuestionando sus decisiones y preguntándose “por qué Dios me castiga así”.

El 28 de diciembre obtuvo el permiso humanitario para viajar a Durango. El autobús los dejó botado antes, en Zacatecas, y tuvo que pagar otro boleto para seguir.

Llegó a Durango el 31 de diciembre al mediodía, sin un centavo en la bolsa para comer o beber agua.

Buscó las iglesias de la zona para guarecerse y desde Costa Rica recibió un poco de dinero de algunos amigos para comer; el 3 de enero recibió una visa humanitaria de las autoridades migratorias mexicanas y siguió hacia Torreón.

Yader se radicó en California, donde pidió asilo político y se dedicó a trabajar, sin abandonar la denuncia. LA PRENSA/CORTESÍA.

El río y la frontera

De Torreón viajó a Piedras Negras, en Coahuila, frontera con Texas. En un retén policial, los agentes bajaron del autobús a los venezolanos, cubanos y nicaragüenses y, según su relato, les exigieron 500 pesos a cada uno para seguir. Él tenía esa cantidad y pagó el peaje ilegal.

En Piedras Negras, guiado por otro nicaragüense, esperó un descuido de la policía mexicana y se lanzó al río Bravo. Las aguas estaban frías casi en grado de congelación y las corrientes bravas.

Del otro lado, una lancha de la Patrulla Fronteriza les ordenó detenerse. Al llegar a la orilla estadounidense se tiró exhausto al piso, dijo que era nicaragüense y que necesitaba ayuda. Se entregó.

Pasó dos días en un frío centro de detención con la ropa mojada, sin poder bañarse y con poca comida.

Ingresó a Estados Unidos el 5 de enero de 2022. Salió en libertad el 8 de enero desde San Antonio, Texas, con la obligación de presentarse ante una corte de inmigración y sustentar su solicitud de asilo.

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Se dirigió a Los Ángeles, donde unos parientes le habían ofrecido albergue y donde esperaba encontrar trabajo para ayudar a sus hijas y a su madre.

Se radicó en California y trabajó en la construcción y otros trabajos duros. Allí pidió asilo y recibió permiso de trabajo. Su próxima cita ante USCIS estaba programada para el 18 de noviembre, ante un juez de inmigración en California.

Siguió participando en actos de denuncia contra el régimen y poco a poco su vida económica empezó a mejorar.

En enero de 2022, recién llegado a Estados Unidos, Yader reflexionó sobre la decisión que tomó en julio de 2018. Dijo que, de haberse quedado en Nicaragua, tal vez sería “un preso político más” o “estaría muerto junto a mi hijo”.

Susana López despide en llanto a su hijo Gerald Vásquez, asesinado el 14 de julio de 2018 en la parroquia Divina Misericordia. LA PRENSA/O.NAVARRETE.

Destino en riesgo

Vásquez no es el único caso de un exiliado detenido y en riesgo de ser deportado. Otros siete expresos políticos nicaragüenses también han sido detenidos por ICE y esperan audiencias. Muchos forman parte de los 222 opositores excarcelados y desterrados a Estados Unidos por el régimen en febrero de 2023.

Uno de los exiliados, Jeffrey Jarquín, exprisionero político y crítico del régimen, fue deportado por ICE a Nicaragua y pasó directamente a la cárcel Modelo

Para su familia, una deportación de Yader tendría un significado similar. Regresar a Nicaragua, dice su hermana, “no significa simplemente regresar al país donde nació. Significa regresar al lugar del que huyó después del asesinato de su hijo, después de exigir públicamente justicia y después de denunciar la persecución que afirma haber sufrido”, dijo.

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