Jaime Navarrete ya cumplió la condena que le fue impuesta por un delito que no cometió, pero la dictadura aun no lo libera. ARCHIVO

Jaime Navarrete ya cumplió la condena que le fue impuesta por un delito que no cometió, pero la dictadura aun no lo libera. ARCHIVO

Saña contra Jaime Navarrete, el karateka que la dictadura acusa de ser espía de la CIA 

Pasó gran parte de su vida en Estados Unidos y maneja las artes marciales. El régimen lo considera "un agente de Estados Unidos" y se ha ensañado tanto con él que está a punto de doblar la condena que le impusieron por un crimen que niega haber cometido.

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La última vez que Margine Blandón vio a su hijo Jaime Navarrete, este tenía la nariz fracturada. Estaba cansado porque llevaba varias semanas respirando por la boca. Estaba muy delgado, con dolores de espalda tras una golpiza que le dieron, además de una fractura en las costillas que le dificultaba caminar y una herida mal curada en el interior de sus labios que hace que su boca se vaya hacia un lado cada vez que habla. 

Blandón no soportó ver así a su hijo menor, adolorido y con su rostro deformado de tantas palizas. Rompió en llanto ese 6 de febrero de 2023.

Jaime Enrique Navarrete Blandón cumplió en enero de 2023 una condena de 3 años y 6 meses de cárcel por tenencia ilegal de armas. Sus captores lo señalan de ser «agente de Estados Unidos», de trabajar para la agencia de inteligencia de ese país (CIA) y apoyar con armas a los opositores al régimen. 

Jaime Navarrete tiene 43 años. Los últimos 8 ha estado en prisión. CORTESÍA

El mismo Daniel Ortega se refirió a él como un «agente del imperio» en un discurso público, el 9 de febrero de 2023, cuando desterró a 222 presos políticos hacia Estados Unidos. Navarrete era parte de la lista de los que iban a ser desterrados, pero el gobierno estadounidense lo rechazó a él y a otros cuatro presos políticos por razones que aun no están esclarecidas. 

«No los quieren, no los quieren. Bueno, qué mal te paga quien te usó. Qué mal te paga quien decía que te quería y te financiaba. No los quisieron, ni a Eliseo, ni a Walner, ni a José Manuel Urbina Lara, ni a Jaime Enrique Navarrete», dijo Ortega.

Formado en Estados Unidos 

El pasado 31 de julio, Jaime Navarrete cumplió 43 años. Los últimos ocho los ha pasado en prisión. Su hija tenía 10 años la última vez que lo vio. Hoy ya es mayor de edad y su padre prácticamente se perdió toda su adolescencia. 

«Fue una vez a visitarlo (en 2019) y la niña no resistió verlo como estaba. Se puso muy mal, deprimida y no le hemos dicho que vaya otra vez porque le afecta demasiado», detalla su abuela. 

Jaime Navarrete nació en Managua, pero la mayor parte de su vida la ha pasado en California, Estados Unidos. Cuando tenía 3 años, Margine Blandón se lo llevó a él y a su hijo mayor a vivir a ese país. 

Desde jovencito, cuenta Blandón, Navarrete mostró afición por los deportes, en especial por los de combate. Se metió a aprender karate y boxeo, y dominó el taekwondo hasta ser digno de portar la cinta negra. Por varios años fue parte de la Academia de Judo y Taekwondo Dae-Myung, en Estados Unidos. 

En su adolescencia se hizo bailarín y luego DJ. Trabajó un tiempo amenizando fiestas en discotecas y eventos en California. «Nunca tuvo problemas de vagancia ni nada de eso. Nunca me dio ese problema», asegura su madre. 

En California, Navarrete se casó con una norteamericana llamada Yvonne y entró a estudiar el primer año de Derecho en una universidad de California, pero una noche sufrió un accidente de tránsito que lo dejó grave y tuvo que dejar los estudios. 

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Según Blandón, su hijo conducía un vehículo y se le atravesó otro vehículo, y se estrelló contra un árbol. «A él le quedó partido su cráneo», detalla. 

Una vez recuperado del accidente, Navarrete no retomó sus estudios. Se mudó con su esposa a Nicaragua en 2015 porque querían emprender un negocio de comida rápida, y terminaron abriendo un restaurante de comida mexicana y nicaragüense en el barrio Santa Rosa, cerca de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli). En esas estaba cuando estallaron las protestas de 2018. 

Nariz rota 

La primera vez que a Jaime Navarrete le rompieron la nariz fue el 15 de junio de 2018 cuando llegaron a su casa en Managua para detenerlo.  

En los meses anteriores, mientras la Upoli estuvo tomada por manifestantes, los jóvenes hicieron barricadas sobre la calle de su casa para evitar el ataque de paramilitares y Navarrete normalmente salía a platicar con ellos. 

«Él nos vendía comida. Nos hacía precio y a veces nos quedábamos hablando también porque él es bien conversador. Es un nica así como agringado», recuerda un joven exatrincherado de la Upoli que solicita no ser mencionado. 

Su madre también relata que como él tenía el negocio de comida rápida en la casa, les vendía comida a los manifestantes y más de alguna vez se unió a alguna protesta opositora. Todo eso bastó para que se convirtiera en un objetivo de la Policía. 

Jaime Navarrete se crió en California, Estados Unidos. CORTESÍA

El exatrincherado señala que Navarrete sí tenía conocimientos de armas, pero no tenía armamento en su casa. «Sí nos daba como consejos para que nos protegiéramos de las armas porque sabía de eso, pero jamás lo vi con un AK47 o una glock en la mano». 

Era de madrugada todavía, cerca de las cinco y media, cuando un escuadrón de 20 agentes policiales encapuchados irrumpió en su vivienda mientras aun dormía con su esposa el 15 de junio de 2018. 

—¿Dónde están las armas? –preguntaban mientras lo tenían de rodillas con las manos en su cabeza.

—No tengo armas –respondió 

—¡Hablá, hijo de puta! Sos de la CIA y tenés armas. 

—No tengo. Aquí no hay nada. 

Y justo frente a él, vio como su esposa estaba siendo ultrajada sexualmente. Ella misma lo contó en 2018 al canal 100% Noticias. 

«Un tipo se puso detrás de mí y empezó a tocarme (los senos) y a empujar su cuerpo contra el mío (desde atrás), abusando de mí, diciendo que era bonita», contó. En ese momento, Navarrete protestó. Trató de defender a su esposa, pero los agentes lo agredieron y fue cuando le rompieron la nariz 

«Cuando me estaba tocando, no estaba buscando armas. Él (policía) me quería tocar y decía lo bonita que era. Él solo quería tocarme. Yo creo que, si Jaime no hubiera estado aquí, ese hombre me habría violado», relató su esposa. 

Y agregó: «Un hombre estaba donde guardo mi ropa interior. Agarró mi ropa interior y las olió». 

La casa de la familia prácticamente fue saqueada. Se llevaron objetos de valor como alhajas, perfumes, collares de oro y demás. Luego, Yvonne fue expulsada del país y la obligaron a pagar 5,000 dólares en concepto de «multa», aunque no le explicaron por qué motivo la estaban multando si estaba residiendo legalmente en Nicaragua. 

Navarrete fue acusado entonces de haber asesinado a Ariel Vivas, en el barrio Libia, y condenado a 23 años y seis meses de prisión. Según contó a su familia cuando fue liberado 360 días después producto de una amnistía, estuvo todo el tiempo en la celda conocida como el «infiernillo». 

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“Lo quemaban con cigarro, lo interrogaban constantemente y lo bañaban con gasolina”, entre otras cosas que su madre prefiere no contar. “Lo torturaron demasiado”, dice. 

Encarcelado nuevamente 

La segunda vez detuvieron a Jaime Navarrete cerca de las 7:00 de la noche del 24 de julio de 2019, mes y medio después de ser excarcelado. Unos tipos en un carro blanco pasaron gritándole «asesino» y «golpista». 

Él estaba solo en la casa. Salió a ver el escándalo. Quiso grabarlos con su teléfono, pero desde la oscuridad le apareció una motocicleta con dos civiles que empezaron a golpearlo. Navarrete se defendió y aplicó sus conocimientos de taekwondo. «No podían con él porque mi hijo tiene bastante fuerza, pero al final entre cuatro lo golpearon y otra vez le quebraron su nariz», relata Blandón. 

Se lo llevaron en el vehículo blanco y luego apareció preso, acusado de tenencia ilegal de armas y tráfico de drogas, por lo que fue condenado a tres años y medio de cárcel. Una condena que ya cumplió en enero de 2023, pero aún no lo liberan. 

Jaime Navarrete con uno de sus instructores de taekwondo. CORTESÍA

Margine Blandón cuestiona que si Ortega estuvo dispuesto a desterrarlo a Estados Unidos en febrero de 2023 y encima de eso ya cumplió su condena, «¿por qué no lo liberan? Es lo que no entiendo. Se han ensañado con mi hijo», lamenta. 

En las últimas visitas que pudo realizarle, Blandón recuerda que su hijo le describía interrogatorios en donde le insistían que era un agente de la CIA. Incluso cuando estalló una serie de protestas populares en La Habana, el 11 de julio de 2021, su madre cuenta que Navarrete fue increpado sobre qué sabía de esas manifestaciones. «Obviamente él no sabía nada. ¿Qué va a estar sabiendo de eso mi hijo?» 

Navarrete ya tiene ocho años preso. Su caso ha llamado la atención a nivel internacional. Tanto la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de Naciones Unidas han declarado su detención como arbitraria y han exigido su liberación inmediata. 

Para Margine Blandón, su hijo vive una injusticia. Pagó cárcel por un crimen que no cometió y está a punto de doblar la condena que le impuso la dictadura en una celda de máxima seguridad, alejado de los otros presos y de sus familiares. 

La poca información que maneja la familia es que ha estado enfermo en los últimos días. Tiene tos, gripe y dolor en el cuerpo. No lo dejan salir a tomar sol. No están del todo claros cómo sigue de la fractura de su nariz o de sus costillas y tampoco si recibe la paquetería que le llegan a dejar cada 15 días. Esperan que su encarcelamiento no tenga el mismo desenlace fatal que el de otros presos que han muerto en las cárceles del régimen. 

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