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La tasa de subempleo volvió en julio a cruzar el umbral del 40 por ciento, luego de aumentar 1.2 puntos con relación a igual mes del año pasado, según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), lo que significa que cuatro de cada diez nicaragüenses trabaja en puestos precarios, de baja calidad salarial y carentes de tecnologías y tenificación.
Un ciclo de precariedad que lleva decadas sin superarse en Nicaragua y quese ubica muy cercano al promedio general en América Latina, donde el 55 por ciento de los trabajadores realiza su trabajo en la informalidad, una cifra que se ha mantenido alta durante casi dos décadas, según una radiografía realizada por el Banco Mundial sobre este flagelo en el hemisferio.
«Quedarse de brazos cruzados no es una opción, especialmente cuando la región enfrenta el reto demográfico de integrar a millones de jóvenes al mercado laboral», advierte el organismo bancario multilateral, que planea tres acciones que se requieren en todos los países que son azotados por elevadas tasas de informalidad, como la que tiene Nicaragua.
Y aunque el subempleo promedio nacional es del 40.2 por ciento a julio, esta se profundiza en Managua, donde se concentra el grueso de los trabajadores nicaragüenses. Acá el 46.2 por ciento se refugia en la precariedad laboral frente al 35 por ciento en el área rural y el 43.5 por ciento en el resto de área urbana, lo que refleja la urgencia de aplicar la receta que propone el Banco Mundial para sacar a los trabajadores de estos empleos de baja calidad.
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Las tres acciones
El Banco Mundial planea como primera prioridad ampliar las habilidades en todo el espectro del capital humano. Esto es clave, según el organismo, porque esto va a tener un «gran impacto en la productividad, al tiempo que reduce el empleo por cuenta propia y la informalidad».
¿Cómo se consigue eso? Urge una mejora de la educación pública, más programas de capacitación pertinentes para el sector privado y ampliación de los programas de corta duración. Esto va a permitir «que los trabajadores asalariados informales y los trabajadores por cuenta propia encuentren mejores puestos en el sector formal y contribuye a reducir la severa brecha de habilidades que impide el crecimiento del empleo en las empresas formales».
Primera clave: invertir en capital humano
Paralelo y siempre con la finalidad de mejorar las habilidades del capital humano en el país, el BM plantea aumentar la calidad de los emprendedores transformadores. ¿Cómo se consigue esto? Mediante una ampliación de la educación terciaria y en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, y mejora de los programas de capacitación gerencial y de extensión.
Lo anterior va a incrementar el tamaño de las empresas transformadoras, «lo que multiplica la demanda de trabajadores y sus salarios. Esta dinámica ayuda a entender, en gran medida, la correlación observada entre el PIB per cápita y el trabajo por cuenta propia tanto dentro de los países como entre ellos, y convierte a esta política en una de las más importantes para elevar la calidad del empleo, la cobertura de la protección social y el crecimiento».
La expansión de una mejor educación técnica, según el Banco Mundial, va a expandir «las oportunidades de empleo de calidad para los trabajadores, mientras que la capacitación empresarial permite a los emprendedores dar forma a proyectos más sólidos y competitivos generando más empleo de alta calidad».
En Nicaragua en los últimos años, el régimen de Daniel Ortega, ante la incapacidad de mejorar el entorno empresarial para atraer inversión extranjera a gran escala y que requiera de mano de obra tecnificada, ha apostado por multiplicar los micronegocios familiares, a los que denomina emprendimientos, pero que en realidad son negocios de sobrevivencias, sin uso de tecnología o tecnificación.
«La evidencia muestra que la mayor parte de la actividad informal prospera en micronegocios y empresas familiares orientadas a mantener una escala local y cercana, en lugar de una trayectoria de alto crecimiento corporativo», explica el Banco Mundial en su informe Racionalizar la Informalidad.
Segunda clave: reformar entorno empresarial
Una segunda acción que urge en Nicaragua y el resto del hemisferio es reformar el entorno empresarial que fomente la inversión. Esto va a permitir también aumentar la productividad y la calidad del empleo formal, y sacar a los trabajadores de la informalidad.
Para conseguir lo anterior se requiere, por ejemplo, reducir las restricciones crediticias. El organismo dice que hay prueba de que al agilizar la entrega de préstamos a empresas formales, estas aumentan su productividad, «lo que atrae a trabajadores gracias a los mejores salarios, y da lugar a una selección más estricta de emprendedores (tanto formales como informales) que deja únicamente a las mejores empresas y aumenta la productividad del sector formal y el atractivo de trabajar en él».
La ampliación del acceso al crédito es un complemento importante de otras reformas del mercado laboral: las empresas pueden desear aumentar el número de trabajadores contratados en respuesta a las reformas, pero si no hay crédito disponible para esto, el impacto se ve atenuado, indica.
Además se requiere, dentro de las reformas al entorno empresarial, que se reduzcan los costos laborales no salariales, esto pasa por los impuestos sobre la nómina y obligaciones establecidas por mandato.
También se debe «diseñar e implementar cuidadosamente las regulaciones del mercado laboral, como los salarios mínimos. Al respecto, el organismo señala que con base a análisis de distintos modelos se ha comprobado que «el aumento de los salarios mínimos puede elevar los ingresos de los trabajadores sin consecuencias adversas para el empleo, pero, más allá de cierto punto, desincentiva la creación de empleo
formal».
Igualmente se necesita reformar las políticas que dependen del tamaño de las empresa. «Una eliminación de los quiebres y los aumentos importantes y abruptos en los impuestos, las contribuciones y las obligaciones a medida que las empresas se expanden permitiría una trayectoria de crecimiento más eficiente y evitaría el
estancamiento en un nivel subóptimo, de menor tamaño, para eludir costos excesivos», explica el BM.
En paralelo, el Banco Mundial dice que los gobiernos deben dirigir sus «intervenciones orientadas al crecimiento hacia los emprendedores con alto potencial. En otras palabras, se plantea que los fondos de innovación, las donaciones de contrapartida y los programas de desarrollo se concentren en empresas que demuestren un alto nivel de capacidad de innovación y un alto rendimiento en su desempeño.
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Al respecto, el organismo dice que la aplicación de programas gubernamentales en el apoyo de creación de micronegocios si bien se justifica «como medida de lucha contra la pobreza, el impacto en el empleo o
la productividad es menor cuando se extienden a empresarios con pocas habilidades que probablemente seguirán operando en pequeña escala».
Tercera clave: revisar el sistema de protección social
Y finalmente como tercer acción para ganarle la batalla a la informalidad, se necesita revisar los sistemas de protección social para alinearlos mejor con lo que valoran los trabajadores. Esto implica tratar los sistemas de protección social de manera integral, es decir, se requiere «desvincular los servicios de salud del contrato laboral y financiarlos a través de los ingresos generales reduce el “impuesto” que se aplica al sector formal y puede dar lugar a un sistema de protección social más integrado».
Igualmente se requiere crear mecanismos de pensiones adecuados para los trabajadores con bajo
nivel de habilidades y con escaso apego al empleo en el sector formal. Otra acción implica adaptar las regulaciones del mercado laboral a las necesidades familiares y las nuevas modalidades de trabajo.