Los jovenes opositores Alex Aguirre, Yaritza Mairena y Enrique Martínez viven en el exilio y tratan de reconstruir su vida y continuar su lucha por Nicaragua desde Costa Rica.

«La libertad se construye todos los días»: Jóvenes cuentan su lucha desde el exilio

La dictadura los encarceló, golpeó y obligó a exiliarse, pero estos tres jóvenes intentan reconstruir sus vidas en Costa Rica y al mismo tiempo seguir en su activismo por los derechos humanos de Nicaragua

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Para los jóvenes opositores nicaragüenses, vivir en el exilio significa mucho más que residir lejos de Nicaragua. Es dejar atrás estudios, familias, amistades y proyectos de vida para comenzar de nuevo en un lugar que, aunque con el paso de los años pueda convertirse en hogar, nunca deja de recordarles que están lejos de su país y que la lucha por la libertad se construye de manera cotidiana.

Alex Aguirre, Enrique Martínez y Yaritza Mairena conocen esa realidad. Los tres forman parte de la juventud opositora al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo y terminaron fuera de Nicaragua como consecuencia de la persecución política.

Hoy viven en Costa Rica, donde intentan reconstruir sus vidas mientras mantienen su participación en espacios de defensa de los derechos humanos y promoción de la democracia en Nicaragua.

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Costa Rica: Una vida entre el activismo, subsistir y el estudio

Para Aguirre, Martínez y Mairena, comenzar de cero en otro país ha significado encontrar un equilibrio entre el activismo político, los estudios y la necesidad de trabajar para sostenerse.

“Muchas personas creen que quienes trabajamos en la sociedad civil vivimos exclusivamente de ella, pero la realidad es distinta. Durante gran parte de mi vida he tenido múltiples empleos para poder sostenerme”, cuenta Aguirre, quien trabaja en la documentación de violaciones de derechos humanos y asegura que parte de sus ingresos los reinvierte en proyectos y organizaciones cívicas con las que colabora.

El joven opositor Alex Aguirre se exilió en dos ocasiones. Foto: Cortesía

Aguirre es ingeniero agropecuario y actualmente estudia Derecho en Costa Rica. Para él, mantenerse activo en la defensa de la democracia implica también sacrificios personales. “La democracia requiere compromiso, pero también sacrificio”.

Yaritza Mairena, por su parte, estudia Trabajo Social en la Universidad de Costa Rica y continúa vinculada a espacios políticos y de defensa de los derechos humanos. Para ella, el exilio ha hecho más difícil para su generación construir una vida estable.

“Siempre he pensado que, para mi generación, es mucho más difícil participar políticamente, porque no logramos construir un patrimonio antes de que la dictadura nos quitara lo poco que teníamos”.

Sin embargo, Mairena considera que mantenerse activa políticamente no significa renunciar a su vida personal.

Seguir participando políticamente no significa dejar de ser persona. Para mí, cuidar mi vida también es una forma de sostener esta lucha con más fuerza y por más tiempo”.

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Enrique Martínez trabaja como presidente del Instituto para la Paz y el Desarrollo (IPADES) y continúa también participando en espacios de oposición, articulación e incidencia internacional.

“Hoy mi lucha ya no se desarrolla desde una barricada, sino desde las ideas, la organización y la construcción de alternativas para el futuro”, afirma. Además de su trabajo político, Martínez decidió continuar sus estudios en Costa Rica, donde cursó Dirección de Empresas y Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica.

El exilio no deja de doler

El nicaragüense Alex Aguirre ve el exilio como una planta trasplantada y compara a Nicaragua con «una maceta rota». «Cuesta echar raíces porque siempre hay cambios, incertidumbres y nuevos comienzos, pero también he descubierto que esas dificultades nos fortalecen, nos vuelven resilientes y nos enseñan a adaptarnos», explicó.

Asimismo, el nicaragüense se ha aferrado a su relación con Dios para sobrellevar de una mejor forma su exilio. «Mi relación con Dios y la oración han sido fundamentales durante los momentos más difíciles; ese apego espiritual me ha permitido mantener la esperanza incluso cuando parecía que todo estaba perdido».

Para Yaritza Mairena, crear una vida en otro país no significa estar desconectada de Nicaragua. «A veces siento que todo se junta y que Nicaragua está presente incluso cuando intento descansar. Uno recibe una noticia, recuerda a una persona presa política o habla con alguien que tiene a su familia adentro, y es difícil desconectarse», comenta.

La joven opositora Yaritza Mairena. Foto: Cortesía

Sin embargo, la connacional cree que establecer una rutina la ayuda a sobrellevar su lucha. «El exilio te obliga a reconstruirte desde cosas muy pequeñas, desde tener una rutina, estudiar, compartir con amistades, hacer espacio para respirar y recordar que una no puede vivir solamente desde el dolor», comparte.

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«Comprendí algo que me acompaña hasta hoy: el exilio puede alejarte de tu tierra, pero jamás de tus convicciones. Me arrebataron una vida, pero no el sueño de una Nicaragua libre«, afirma por su parte Enrique Martínez.

Los motivos para salir de Nicaragua

Las historias de los tres comenzaron de manera distinta, pero tienen un punto de quiebre común: la crisis sociopolítica de 2018.

Enrique Martínez era estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA) cuando inició su activismo político en abril de 2018 tras las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). «Aquellos hechos despertaron la indignación de toda una generación que decidió salir a las calles para acompañar a la ciudadanía y exigir justicia», explica.

«Posteriormente me sumé a las protestas en la Universidad Nacional Agraria (UNA), donde enfrenté junto a muchos estudiantes la violencia estatal. Tras aparecer en medios de comunicación como uno de los primeros jóvenes heridos durante aquellas jornadas, ya no pude regresar a mi hogar y tuve que pasar de las aulas universitarias a una dinámica de casas de seguridad», recuerda Martínez.

Opositor nicaragüense Enrique Martínez. Foto: Cortesía

Martínez tuvo que abandonar su «trinchera universitaria» en julio de 2018, una vez que paramilitares y oficiales sandinistas iniciaron la brutal operación limpieza en los tranques levantados en todo el país como protesta al régimen Ortega Murillo. Esta acción dejó a más de 90 fallecidos en todo el país.

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«A partir de entonces continué en resguardo hasta que, el 5 de noviembre de 2018, con apoyo de la Iglesia católica, salí al exilio por Peñas Blancas. Antes de llegar a suelo seguro en Costa Rica enfrenté golpes, amenazas y humillaciones, mientras miembros de la Policía destruyeron parte de mis documentos académicos, obligándome a reconstruir mi vida desde cero», rememora Martínez.

Yaritza Mairena. A ella le tocó vivir el encarcelamiento y las torturas de la dictadura en carne propia. En 2018, luego de las primeras manifestaciones que terminaron en vapuleadas por parte de policías sandinistas hacia la población, Mairena sintió que no podía estar «sentada viendo cómo golpeaban y perseguían a estudiantes por protestar».

Así fue como se organizó con estudiantes de la UNAN-Managua, donde estudiaba y empezó su activismo social; con ello, una mayor exposición ante el peligro tras asumir más responsabilidades entre las organizaciones estudiantiles que surgieron ese año.

«Viví muchos peligros, incluyendo el ataque a la iglesia Divina Misericordia y al recinto de la UNAN. El 25 de agosto de 2018, después de estar muchos días en casas de seguridad, decidí apoyar la convocatoria de los estudiantes de León a una marcha y ahí fui secuestrada y encarcelada durante siete meses por mi participación en el movimiento estudiantil», cuenta Mairena.

Yaritza Mairena (primera de izquierda a derecha en la primera fila) junto a otros jóvenes detenidos por la dictadura Ortega Murillo. Foto: Cortesía

La opositora fue liberada en 2019 bajo la Ley de Amnistía de ese año, pero su vida ya había cambiado por completo; el acecho, la persecución y las amenazas la obligaron a exiliarse en el vecino país. «El exilio no fue un plan de vida ni una decisión sencilla, pero me consolaba la idea de que en Costa Rica podía recuperar mis estudios universitarios y aprovechar el tiempo estudiando mientras podía regresar a Nicaragua», continuó.

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Alex Aguirre. El activismo de este joven inició desde niño en su natal Wiwilí, Jinotega, pues a raíz de una denuncia por seguridad en su comunidad pudo participar en cabildos impulsados por UNICEF y formar parte de organizaciones municipales que trabajan en políticas que beneficiaran a los pobladores.

«Mi primer choque directo con el régimen ocurrió en 2015, cuando se promovió el cierre del Consejo Nacional de la Juventud del que formaba parte. Mandaron policías a mi casa para que no asistiera a la Asamblea; Bosco Castillo de la JS nombró a uno de sus pupilos como presidente y engavetaron la organización», dijo Aguirre.

Alex Aguirre protestando ante las elecciones presidenciales de 2021, consideradas fraudulentas por la comunidad internacional. Foto: Cortesía

Posteriormente, en 2018, Aguirre se integró a las protestas juveniles que denunciaban la negligencia del régimen con los incendios forestales de la reserva Indio Maíz y luego por las reformas al INSS. Formó parte del Movimiento 19 de Abril y organizaba las marchas y plantones en Matagalpa, lo que lo convirtió en un blanco de persecución estatal, obligándolo a exiliarse en dos ocasiones.

La esperanza de volver

A pesar de todo lo que atravesaron, los tres opositores guardan la esperanza no solo de retornar a Nicaragua, sino de reconstruirla y esperan que el trabajo que realizan desde el exilio sirva para democratizar el país.

«El simple hecho de que existan sectores pensando y construyendo escenarios de transición representa un avance importante», dice Aguirre. «Nicaragua volverá a ser una democracia, no porque sea inevitable, sino porque miles de nicaragüenses dentro y fuera del país trabajan cada día para construirla», continúa.

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Para Martínez, la historia de Nicaragua le da optimismo y confía en que una transición liderada por los jóvenes podría ser clave en el país. «Soy optimista porque la historia demuestra que ningún sistema basado en la represión es eterno. Las dictaduras parecen invencibles hasta que dejan de serlo. Mi esperanza está en una generación que, pese al exilio, la persecución y los obstáculos, decidió prepararse para reconstruir Nicaragua. Porque la libertad no se espera. La libertad se construye todos los días», afirmó el opositor.

Opositor nicaragüense Enrique Martínez. Foto: Cortesía

Por su parte, Yaritza Mairena espera que Nicaragua sea libre, aunque reconoce que no es un camino fácil debido a todos los espacios que el régimen viene cerrando desde su regreso al poder en el 2007. Considera que para ese momento se está creando «una ruta de cambio».

«Una transición necesita responder preguntas muy concretas. También debe ser una propuesta abierta, que pueda recibir aportes de distintos sectores y que reconozca que la presión internacional, la organización de la diáspora y la resistencia de la gente dentro del país serán parte de cualquier cambio», dijo.

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«El hecho de que hoy ya estemos hablando de cómo será el día después de la dictadura demuestra que la esperanza sigue viva y que no hemos renunciado a nuestro futuro», concluye Aguirre.

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